La educación privada en Colombia atraviesa un momento de cambios profundos. La caída de la natalidad, el cierre de cientos de instituciones y las nuevas expectativas de las familias obligan a los colegios a repensar su lugar en la sociedad. En ese contexto, la Asociación Colombiana de Colegios Privados (ACOPRICOL) busca acompañar a sus afiliados con herramientas de gestión, formación de directivos y estrategias de incidencia en las políticas públicas. En diálogo con Ticmas, Santiesteban repasó algunos de los temas más urgentes para el sector y las lecciones que deja la coyuntura actual.
El impacto de la baja natalidad
“En Bogotá hoy tenemos menos de 1,2 nacimientos por mujer. Es terrible para el sector educativo y plantea un reto enorme. Desde la pandemia han cerrado alrededor de 6700 instituciones educativas en el país y en Bogotá unas 700. Eso obliga a que los colegios piensen cómo destacar sus fortalezas, cómo comunicar sus ventajas competitivas y cómo mantener su participación en el mercado.”
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La situación, explicó, exige una mirada profesional de la gestión escolar. “Lo primero es tener claras las cifras: cómo va la matrícula, qué participación tienes en el mercado. Muchas veces los directivos no tienen esos datos en la punta de los dedos. Y sin eso es muy difícil reaccionar rápido. La educación no puede pensarse como un negocio cualquiera, pero sí como una empresa educativa que necesita gestión para sostenerse en el tiempo.”
En esa línea, ACOPRICOL trabaja como una red de apoyo para los rectores. “Tenemos vocación de cooperación, de construir nodos en todo el país. Compartimos experiencias, formación, cursos, incluso economías de escala en algunos servicios. Durante la pandemia, por ejemplo, logramos que el Estado colombiano entregara vouchers escolares a las familias por unos 33 mil millones de pesos. Eso mostró que, si la educación se une en torno a una necesidad, puede incidir en la política pública.”
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El papel de la tecnología en la escuela fue otro de los temas centrales. Santiesteban describió un panorama preocupante: “Los niños pasan entre 8 y 11 horas frente a pantallas cada día. Eso afecta sus procesos de autogestión emocional, sus habilidades inhibitorias y su capacidad de comunicarse. Por eso digo que la tecnología tiene que estar a favor del vínculo humano. Puede apoyar la educación, pero no puede reemplazar lo que solo ocurre en la relación entre personas.”
El desafío, señaló, no es rechazar la innovación, sino darle un sentido claro. “Nos encanta innovar, pero la innovación también puede llevarnos a lugares que no son mejores. Es importante rescatar prácticas que han funcionado en la historia de la educación y actualizarlas con el apoyo de la tecnología. Ese equilibrio es el que necesitamos para construir el futuro.”
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Santiesteban concluyó que el trabajo de los colegios privados debe pensarse en clave de comunidad y de largo plazo. “Si los colegios entienden que no están solos, que hacen parte de un ecosistema más amplio, tendrán más herramientas para adaptarse. Y si la educación logra poner a la persona en el centro, con tecnología como aliada y no como sustituto, podrá responder a los retos de una sociedad que cambia cada día.”
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