
“No puedo enseñar nada a nadie. Solo puedo hacerles pensar”, es una frase que se le atribuye a Sócrates y que impacta de forma directa con el reciente estudio publicado en el Journal of the American Philosophical Association.
Una investigación realizada por Michael Prinzing y Michael Vazquez destaca que aquellos universitarios que estudian filosofía desarrollan un pensamiento crítico mucho “más afilado” que resulta vital para estos tiempos donde parece que pensar es “una nueva habilidad necesaria”.
Pero no solo la diferencia está en lo crítico y reflexivo sino que también se destacan la curiosidad y la apertura mental. Si bien, a simple vista este vínculo podría parecer obvio con “el amor a la sabiduría”; resulta interesante entender qué es aquello que pudo ponerse en evidencia a partir de esta investigación.

Pensar en acto
La filosofía tiene un espíritu de ejecución en términos de que no solo intenta adquirir conocimientos sino justamente reflexionar sobre ellos y analizar las respuestas en un sentido crítico; actividades que hoy son planteadas como habilidades claves para transitar el mundo.
El estudio partió de la siguiente argumentación lógica:
A. Si una actividad cultiva habilidades y ejecuciones intelectuales valiosas, entonces esa actividad es valiosa.
B. El estudio filosófico cultiva habilidades y ejecuciones intelectuales valiosas.
C. Por lo tanto, el estudio filosófico es valioso.
Los autores decidieron analizar lo empírico de la segunda premisa para entender si efectivamente podía observarse y comprobarse ese impacto en los graduados o si en realidad la Filosofía atraía a los que ya “eran buenos pensadores”.
El estudio
A partir del estudio de casos de 600 mil estudiantes en Estados Unidos de unas 800 instituciones entre los años 1990 y 2019 se pudo establecer que “Los estudiantes de Filosofía obtuvieron mejores puntuaciones que los estudiantes de todas las demás carreras en pruebas estandarizadas de razonamiento verbal y lógico, así como en los autoinformes de buenos hábitos mentales, incluso después de tener en cuenta las diferencias del primer año”.
Y agregan: “Esto sugiere que sus habilidades y rasgos intelectuales se deben, en parte, a lo que aprendieron en la universidad” y no solo a una capacidad previa.
Por ejemplo, pruebas como el Graduate Record Examination o el Law School Admission Test suelen tener mejores resultados para aquellos estudiantes que están vinculados a la Filosofía, ya que les permite un razonamiento diferenciador.
Si bien, es difícil establecer conclusiones empíricas sobre el “pensar bien”, lo más complejo es determinar la llamada virtud intelectual; es decir no solo poseer las habilidades adecuadas para pensar de forma crítica sino también para implementar esos razonamientos de forma ética.
“Las pruebas estandarizadas son objetivas en el sentido de que son inmunes a los sesgos de información. Si bien capturan una amplia gama de habilidades importantes, podría considerarse que reflejan una concepción relativamente limitada del buen pensamiento”, destacan los investigadores que no dejan de tener en mente su hipótesis de trabajo en términos de pregunta: “¿El estudio filosófico cultiva habilidades y ejecuciones intelectuales valiosas?”.
Y plantean que a la hora de buscar evidencia, “los autoinformes pueden capturar disposiciones como la curiosidad y la apertura mental, que parecen ser aspectos importantes del buen pensamiento. Sin embargo, estos son menos objetivos en el sentido mencionado. Dadas estas ventajas y desventajas relativas, idealmente nos gustaría ver evidencia convergente de ambos tipos de medidas. Es decir, aunque cualquiera de los resultados sería interesante por sí mismo, la evidencia de que estudiar filosofía mejora tanto las puntuaciones en las pruebas como las disposiciones intelectuales autoinformadas proporciona una evidencia particularmente sólida de que la disciplina hace a las personas mejores pensadores”.
“Nuestras mediciones no nos dicen si los estudiantes de filosofía aplican sus nuevas habilidades al servicio de la verdad y la justicia o, por el contrario, para beneficio y gloria personal. Resolver esa pregunta requeriría reunir un tipo diferente de evidencia”, destacan los autores.

Conclusiones y reflexiones
Entre los puntos destacados del informe se indica que “Las capacidades y disposiciones intelectuales evaluadas en este estudio parecen útiles y admirables. La destreza con la lógica permite a las personas realizar mejores inferencias, lo que plausiblemente debería llevarlas a formar más creencias verdaderas y menos falsas”.
Como así también: “La facilidad con el lenguaje permite a las personas articular sus creencias con mayor claridad a los demás. Las disposiciones críticas para el aprendizaje permanente y el pensamiento abierto y humilde son plausiblemente útiles para personas de todos los ámbitos de la vida”.
Y señalan: “Por lo tanto, si el estudio filosófico cultiva estas capacidades y disposiciones, como sugieren nuestros hallazgos, esto es, sin duda, una buena noticia para la filosofía. En el mundo académico altamente tecnocrático y burocrático del siglo XXI, la capacidad de señalar tales resultados medibles suele ser necesaria para mantener el apoyo institucional a los departamentos y programas. Por lo tanto, nuestros hallazgos podrían ser de cierta utilidad para quienes abogan por la disciplina”.
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