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Tutorías escolares: una estrategia que mejora los aprendizajes y reduce el abandono

El acompañamiento personalizado de los estudiantes contribuye a que terminen la secundaria y tengan trayectorias más sólidas. En muchas escuelas, estas experiencias se logran gracias a la articulación entre el sistema educativo y organizaciones de la sociedad civil, involucrando también a las familias

Tutorías escolares: programa Futuros Egresados de Cimientos
El programa Futuros Egresados de Cimientos beca a jóvenes de entre 12 y 18 años en situaciones de vulnerabilidad social para que puedan terminar la escuela y les brinda acompañamiento por medio de tutorías.
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En algunas historias escolares, una mirada puede hacer la diferencia. Para ciertos alumnos, resulta clave tener a quién acudir cuando enfrentan dificultades con una materia. Saber que, después de un examen, recibirán un mensaje preguntándoles cómo les fue. O contar con un espacio periódico –semanal, mensual– para imaginar su futuro con la orientación de un referente adulto. Los estudiantes que se sienten acompañados están más motivados para llegar a la meta: de eso se tratan las tutorías escolares, una estrategia que mejora los aprendizajes y las trayectorias educativas.

“Flor, mi tutora, estaba súper pendiente de mí. Si yo tenía prueba, me escribía para ver cómo me había ido. Si me costaba alguna materia, trataba de buscarle la solución. Aunque yo era una alumna aplicada, a veces no quería estudiar, y ella me pinchaba para que lo hiciera o le encontraba la vuelta para que me interesara la materia”, cuenta Bárbara Cordano, que egresó de la Escuela Secundaria N° 7703 de Caleta Córdova en Comodoro Rivadavia (Chubut).

Bárbara participó de Futuros Egresados, el programa de Cimientos que beca a jóvenes de entre 12 y 18 años en situaciones de vulnerabilidad social para que puedan terminar la secundaria, y les brinda acompañamiento por medio de tutorías. Ese apoyo fue clave para que Bárbara se recibiera. Ahora estudia Abogacía en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. “Siendo adolescente, fue muy importante esa ayuda y esa motivación para no sentirme tan sola”, relata.

La experiencia de Bárbara se replica en las de miles de adolescentes y niños que participan de tutorías, tanto en secundaria como en primaria (incluso hay experiencias en el nivel universitario). Las evaluaciones de impacto –en América Latina y el resto del mundo– han mostrado que el acompañamiento de las trayectorias educativas por medio de tutores tiene un efecto positivo en el aprendizaje, contribuye a desarrollar las habilidades socioemocionales y, a largo plazo, favorece la permanencia en la escuela y mejora la inserción laboral, según el informe “Política educativa basada en evidencia: tutorías”, del Observatorio de Argentinos por la Educación, publicado hoy.

Los resultados del programa Futuros Egresados avalan estos datos. A lo largo de 25 años, Cimientos acompañó a 16.124 estudiantes que recibieron tutorías y una beca para completar la secundaria. El 75% de los egresados continuaron su formación en estudios superiores o se encuentran trabajando en un empleo formal. El 25% restante sigue siendo acompañado en su transición hacia el mundo adulto, informaron desde la fundación.

Un acompañamiento académico y personal

Las tutorías son espacios de formación individuales o en grupos pequeños, orientados a acompañar las trayectorias educativas. Abarcan aspectos que van desde el apoyo al aprendizaje hasta el desarrollo socioemocional y la atención a las necesidades de cada alumno.

En la propuesta de Cimientos, uno de los objetivos apunta a promover una mayor adaptación a la secundaria, trabajando específicamente sobre habilidades socioemocionales propias del “oficio de estudiante” como la responsabilidad, organización, planificación y autoestima.

“No todos tenemos la posibilidad de contar en la adolescencia con un adulto que nos acompañe con las tareas, que nos pregunte cómo nos va con las clases o si necesitamos ayuda. Saber que cada mes nos reuníamos con nuestros tutores y que contábamos con su apoyo nos daba seguridad”, describe Maite Balcarce, de Florencio Varela, que egresó en 2017, también acompañada por Cimientos. Gracias a la articulación entre la fundación y KPMG, Maite pudo ingresar a la empresa como empleada administrativa, donde continúa hasta hoy, mientras estudia la tecnicatura en Farmacia Hospitalaria en la Universidad Nacional Arturo Jauretche.

Los encuentros con los tutores se enfocan en lo que pasa en la escuela, pero también pueden abordar otras cuestiones que preocupan a los chicos, como situaciones familiares o personales. “Además era un espacio para pensar nuestro proyecto de vida, donde charlábamos sobre el futuro, lo que esperábamos después de la secundaria, las posibilidades que teníamos. Me brindaron muchas herramientas: desde aprender a organizarme para estudiar, hasta creer en el valor del esfuerzo que hacía en la escuela, poder ver que eso iba a dar frutos”, reconoce Maite.

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Para obtener resultados positivos, el trabajo debe articularse con los equipos directivos, docentes y familias de los estudiantes, indican desde Cimientos. “Trabajamos con todo el ecosistema que rodea al adolescente. Por eso también deben existir espacios de intercambio con los responsables adultos, para brindarles herramientas y consejos para que puedan acompañar desde sus casas, por ejemplo, generando clima de estudio, posibilitando un espacio para que realicen las tareas o dándoles seguimiento a sus carpetas”, dice Mercedes Méndez Ribas, directora ejecutiva de la fundación.

Méndez Ribas resalta la importancia de sembrar en los estudiantes un sentido de posibilidad: “Que sepan que no están solos, que pueden contar con alguien para compartir sus angustias y sueños; se trata de brindarles apoyo y herramientas para que puedan ellos mismos construir sus propias oportunidades de un futuro mejor”.

De acuerdo con el informe del Observatorio de Argentinos por la Educación, realizado por Graciela Cappelletti, Eugenia Orlicki y Leyre Sáenz Guillén, la evidencia muestra que los programas de tutorías pueden mejorar los desempeños en comprensión lectora, matemática y ciencias; disminuir la probabilidad de abandono escolar; aumentar la graduación a tiempo de la escuela primaria; mejorar la tasa de asistencia y las calificaciones de los estudiantes; y fortalecer la autoestima y las habilidades socioemocionales, entre otros efectos.

Trabajo articulado al servicio del aprendizaje

La fundación Educar y Crecer también desarrolla tutorías orientadas a que los alumnos refuercen los aprendizajes. Trabajan con niños y adolescentes, con foco específico en las competencias de escritura, lectura, numeración y operaciones. “Formamos grupos de entre 10 y 15 estudiantes que se encuentran en niveles similares de desempeño, según evidencias de aprendizaje que nos arrojan pruebas iniciales. La agrupación por desempeño y no por edad es una ventaja, porque permite a estudiantes que cursan tercero, cuarto, quinto o sexto grado trabajar sobre su alfabetización inicial cuando aún no ha sido alcanzada”, explica Magdalena Benvenuto, directora ejecutiva de Educar y Crecer.

Educar y Crecer - tutorías escolares
Las tutorías de Educar y Crecer se enfocan especialmente en reforzar los aprendizajes de escritura, lectura, numeración y operaciones.

De hecho, de los 700 estudiantes evaluados, 384 están trabajando su alfabetización inicial en grupos de tutoría. Más de la mitad (53,8%) tienen entre 9 y 15 años. “El trabajo articulado con la escuela y la familia es una parte integral de los espacios: tenemos comunicación fluida con las escuelas, con las que compartimos información de los estudiantes; y desarrollamos talleres regulares con padres para involucrarlos activamente en el proceso de aprendizaje de sus hijos. El año pasado, por ejemplo, escribimos con ellos un libro de autobiografías familiares”, cuenta Benvenuto.

Daniela Domínguez vive en el barrio Cárcova en José León Suárez, partido San Martín. A los 9 años empezó a participar de las tutorías de Enseñar y Crecer. Sus padres no podían ayudarla con las tareas, ya que no habían terminado la escuela. “En las tutorías aprendí a usar una computadora, a compartir y relacionarme con otros chicos, ya que me costaba por mi timidez. Me ayudaron a expresarme, a animarme a preguntar cuando no entendía algo”, recuerda Daniela, quien gracias al acompañamiento pudo completar la secundaria y recibirse. Ahora estudia el profesorado de Educación Primaria y trabaja en Educar y Crecer acompañando como tutora a otros chicos.

“Las tutorías tienen la posibilidad de favorecer vínculos entre instituciones de la sociedad civil y las escuelas, incluso del trabajo entre pares. Distintas voces interpelan las aulas, las actividades de aprendizaje y, en ese sentido, promueven otros vínculos con el saber”, afirma Graciela Cappelletti, profesora de la Universidad Nacional de Quilmes y la Universidad de San Andrés, y coautora del informe de Argentinos por la Educación.

“Para que puedan llevarse adelante, requieren de articulaciones tanto con las escuelas como con las familias o responsables adultos de los estudiantes: no solo se los incluye para coordinar cuestiones logísticas y legales, sino también para que sean partícipes y acompañen el proceso de aprendizaje”, agrega Cappelletti.

En muchos casos, los programas de tutorías muestran experiencias exitosas de trabajo conjunto entre las organizaciones de la sociedad civil y el Estado, destaca Tamara Vinacur, especialista en educación del Banco Interamericano de Desarrollo. Vinacur resalta que “estas iniciativas han demostrado ser costo efectivas” y que “permiten que los estudiantes cuenten con espacios de acompañamiento personalizados, de modo de recuperar y acelerar aprendizajes”.

El artículo 32 de la Ley de Educación Nacional establece que las jurisdicciones deben garantizar, entre otras cosas, la implementación de alternativas de apoyo a la trayectoria escolar de los jóvenes, como tutores y coordinadores de curso, con el objetivo de “fortalecer el proceso educativo individual y grupal de los estudiantes”. En un contexto en el que apenas la mitad de los estudiantes egresan a tiempo –y solo 7 de cada 10 logran el título secundario unos años después–, acercar a más jóvenes la experiencia de las tutorías puede ser la llave que algunos de ellos necesitan para poder terminar la escuela y construir un futuro mejor.

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