
Antes de ser la denominación de la codicia hecha política de consumo masivo, el black friday -viernes negro- remitía a uno de los desastres naturales más devastadores de la historia de Australia: el inicio de un incendio forestal cuyas cenizas parecen seguir flotando. El viernes 13 de enero de 1939 apareció la chispa que encendió los bosques exhaustos por una de las sequías más extensas de la historia de la inmensa isla. La ola de calor asociada -44 grados la tarde anterior en la capital Melbourne- hacía lo suyo, pero fue una combinación de factores humanos lo que, como siempre, desató la tragedia ambiental y social.
Granjeros, productores ganaderos, mineros, leñadores, y hasta acampantes parecieron asociarse tácitamente para ofrecer los focos originales: quemas para desmalezar, fogatas para alumbrar, mal manejo forestal y hasta fuego doméstico, todo sumado a la ignorancia, fue la nafta que hizo arder la mecha. El viento, al cambiar su dirección y perder toda humedad, aportó lo suyo aquel viernes trágico. El drama estaba declarado.
El estado de Victoria, en donde se aloja la capital del país, fue el epicentro. Tres cuartas partes de ese territorio, unos dos millones de hectáreas, ardieron durante semanas consumiendo cuanto encontraban a su paso. En 71 se detuvo el conteo de los muertos, aunque el hecho de que más de mil casas y un centenar de aserraderos hayan sido consumidos por las llamas hizo siempre pensar que el número quedó subestimado.
"Es el evento ambiental más significativo de la historia de Australia", dice todavía hoy la página de la Oficina de Manejo del Fuego del estado de Victoria. No es para menos: tal fue la intensidad y la permanencia del fuego, que por la temperatura y la profundidad alcanzadas, los suelos afectados -entre los más fértiles de una isla básicamente desértica- quedaron inutilizados durante cuatro décadas. Su composición química y de nutrientes había resultado devastada.

Las fuentes de agua dulce, también escasas en esa geografía, recibieron toneladas de desechos, cenizas y restos quemados: las aguas permanecieron contaminadas durante años hasta que pudieron volver a ser utilizadas para consumo humano. Cientos de especies animales perdieron su hábitat y todavía hoy, casi ochenta años más tarde, se yerguen en la sabana esqueletos de árboles quemados como mojones de aquel desastre.
El viernes negro cambió la historia ambiental del Australia. Y sus hábitos: la dirección forestal impulsó alertas tempranas, adquisición de equipamiento y quemas prescriptas para impedir incendios arrasadores. No contaban, sin embargo, con el cambio climático. En 2009, el black saturday, o sábado negro del 7 de febrero, con sus 400 muertos, obligó a reconocer que la prevención y los pertrechos adecuados, aún más eficientes que siete décadas antes, serán siempre insuficientes ante la agudización de las sequías y las olas de calor que impone el calentamiento global. ¿Será que solo queda rezar?
Cicatrices es una sección del programa Ambiente y Medio que se emite todos los sábados a las 16 por la Televisión Pública Argentina
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