Mauricio Macri y el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne
Mauricio Macri y el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne

Ni la más pesimista de las encuestas pudo pronosticar la debacle electoral del Gobierno. La diferencia es irremontable hasta para los que creen en milagros. Pero lo curioso es que el triunfo de la política es la derrota de la economía porque los inversores recibirán el resultado con una fuga de capitales. Se alejarán del país que eligió la mayoría de sus habitantes. El voto del domingo fue en la mano opuesta a la de los inversores que necesitan cierto horizonte de estabilidad, no de restricciones.

El gran ganador será el dólar y habrá una enorme cantidad de heridos y contusos que el viernes apostaron a las inversiones de riesgo. Los bonos en dólares perderán paridad y aumentará el riesgo país porque ahora serán el lado más vulnerable de la economía. Siempre lo fueron, pero hasta ahora la gente miraba el precio del dólar.

El gran error de Mauricio Macri fue creer que un dólar barato le daría un triunfo electoral y lo puso por encima del consumo en cuanto a carta de triunfo. Mientras tanto sostuvo el esquema con tasas altas e impuestos impagables. La clase media, su clase media, le contestó en las urnas. Los puntos que le faltaron para tener una mediana chance de mantener el poder no se los llevó el kirchnerismo, sino Roberto Lavagna un hombre que representaba mejor sus anhelos.

Los bancos fueron sorprendidos en el peor de los mundos. Con récord histórico del siglo XXI de depósitos en dólares y un incremento notable de los plazos fijos (vencen en total $1,2 billones desde acá hasta octubre) que se verán fuertemente disminuidos para pasarse a dólares. Y los deberán devolver pidiéndole al Banco Central que les reintegre el dinero que le dieron a través de las Letras de Liquidez (Leliq) que se transformarán en combustible de la inflación y de la suba del billete de Estados Unidos.

La incógnita es si los dólares seguirán en los bancos en cajas de ahorro, cuenta corriente o plazos fijos o pasarán a cajas de seguridad.

Por supuesto, el default queda a la vuelta de la esquina. Nadie apostará a los bonos y el riesgo país puede tener un crecimiento notable que augura que el año que viene no se podrán pagar vencimientos, salvo que puedan conseguir un apoyo inédito del exterior. El público y los grandes inversores les perdieron el miedo a las intervenciones del Banco Central.

El triunfo del Frente para Todos ha dejado tambaleando hasta al FMI, que le dio a la Argentina el 60% de los créditos que tiene otorgados en el mundo. Habrá que ver si esta complicación se transforma en un beneficio para evitar la caída en default del país. El organismo sería el primero que no cobraría.

La ceguera sobre las consecuencias de la política monetaria, que vino sin anestesia y sin reformas que cambien de fondo la economía, cobró su precio. Las tasas altas llenaron a los bancos de bonos del Banco Central pero ahora no habrá tasa que retenga ese círculo perverso que se inauguró con las Leliq, que representan casi toda la base monetaria.

Por supuesto, atrás viene el aumento de precios y hasta posibilidades de desabastecimiento: las empresas no se van a endeudar para aumentar la producción de bienes. Saben que cuando el dólar sube la gente sacrifica consumo para pasarse a la moneda de Estados Unidos y las empresas con menores ventas e ingresos deberán afrontar el pago de intereses de sus deudas. Eso se trasladará a precios, inexorablemente.

Ni hablar de las compañías que emitieron bonos en dólares que verán un encarecimiento notable del pago de sus intereses en un mercado donde les retacearán las divisas.

La Argentina hoy es un país de habitantes que correrán detrás de la moneda de Estados Unidos.

Las reservas, el poder de fuego, las tasas, todo lo que se mencionó como amenaza para los que intentarán hacerse de dólares, serán armas livianas para contener el avance de los compradores.

Pero lo peor es lo que se esconde tras la economía. Los guardiacárceles del Servicio Penitenciario Federal estaban indignados con los funcionarios presos del kirchnerismo. En particular con un ex ministro y un empresario, que los amenazaban constantemente con la pérdida de sus puestos. En Ezeiza y Marcos Paz, descontaban lo que se venía. Ver abrirse las cárceles para quienes tienen condenas por corrupción sería un golpe muy fuerte. Y ni hablar de los jueces que los condenaron o las causas en marcha que se paralizarán.

Una derrota de esta magnitud hace insoportable mantener hasta los aciertos del esquema anterior, en particular la política energética, básicamente las inversiones de Vaca Muerta.

Ahora todo está en el poder de Fernández y como lo ejerza. La duda es si le pertenece o sigue siendo de Cristina Fernández de Kirchner. Sobre el macrismo poco se puede decir. Cualquier medida que ensaye hasta diciembre será inocua

La sorpresa sería que el Gobierno que viene sincere tarifas y haga el ajuste necesario para bajar el déficit fiscal, que lleve adelante la reforma laboral y previsional. Ellos anunciaron que nada de eso va a ocurrir.

La situación que heredan es más compleja que la que heredó Cambiemos. En primer lugar, porque tienen las manos atadas para cualquier ajuste. Los votantes no esperan que les impongan sacrificios y los sindicatos no van a aceptar que les modifiquen su statu quo.

Ahora todo está en el poder de Fernández y como lo ejerza. La duda es si este le pertenece o sigue siendo de Cristina Fernández de Kirchner. Sobre el macrismo poco se puede decir. Cualquier medida que ensaye hasta diciembre será inocua. El mercado no le cree y perdió la confianza exterior. La Argentina vivirá dos meses a la deriva y no habrá política de ajuste sostenible.

Los guardiacárceles del Servicio Penitenciario Federal, estaban indignados con los funcionarios presos del kirchnerismo, en particular un ex ministro y un empresario, que los amenazaban constantemente con la pérdida de sus puestos

El escenario es peor que el imaginado y el milagro es una ecuación con demasiadas incógnitas que dependerá del poder real que tenga el nuevo presidente que va a soportar a un Axel Kicillof demandante en la provincia de Buenos Aires y que querrá participar de las decisiones económicas y de la demanda del resto de los gobernadores. Todos reclamarán la recompensa por su ayuda al triunfo en cargos y dinero. El que más lo padecerá será Horacio Rodríguez Larreta, que no tendrá una situación fácil. El kirchnerismo siempre castigó a quienes no los votaron.

Por último queda el drama de las reservas. Habrá que cuidarlas porque quedan absolutamente vulnerables. El dinero que hay disponible puede evaporarse de aquí a diciembre cuando asuma la nueva gestión. El horizonte de los próximos meses es dólar alto, recontraalto, e inflación.

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