La activista francesa Gisèle Pelicot, reconocida por su lucha contra la violencia sexual en Francia, relató en el Hay festival de Gales cómo pudo volver a confiar y amar tras sobrevivir a años de sumisión química y agresiones. En su primera aparición pública desde que renunció al anonimato judicial, compartió su proceso de reconstrucción ante el público.
Después de casi una década durante la cual fue drogada y agredida por su exesposo Dominique Pelicot y decenas de hombres, Gisèle Pelicot logró restablecer la confianza en una pareja y encontrar esperanza. El proceso incluyó aceptar sus cicatrices, apoyarse en la familia y, finalmente, abrirse al amor. La recuperación combinó enfrentar el pasado con la confianza en un futuro digno.
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“Es algo que no pensé que pudiera pasar, especialmente a mi edad”, relató Pelicot en el evento, según detalló The Guardian. “No tenía muchas ganas de volverme a enamorar, pero la vida decidió otra cosa”.
Asimismo, explicó que su encuentro con Jean-Loup Agopian le devolvió la fe en las relaciones: “Nuestras trayectorias se cruzaron, conocí a este joven de setenta y tres... Ves, uno puede enamorarse a cualquier edad”.
“No pensé que podría volver a confiar en un hombre, pero eso fue lo que me ocurrió, así que todo puede ser posible en la vida”, afirmó durante su intervención.
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La presencia de Gisèle Pelicot en el festival tenía un fuerte simbolismo, ya que presentaba su libro autobiográfico y respondía a preguntas en el escenario, entrevistada por Lady Kennedy. “Es un milagro absoluto poder hablar aquí, después de cómo mi exesposo me sedaba tan fuerte. A veces me pregunto cómo mi corazón y mi cuerpo aguantaron tanto tiempo”, confesó, según The Guardian.
La historia de una violencia extrema en Francia
En el juicio celebrado en Francia, Pelicot renunció a su derecho al anonimato y se dirigió a los 51 hombres condenados junto a Dominique Pelicot. Explicó que fue drogada sin saberlo durante años, mientras su esposo facilitaba los ataques en su propia casa. “Pensé que mi historia solo me concernía a mí, pero era el árbol que ocultaba el bosque”, reflexionó.
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Durante el periodo de sumisión química, la activista perdió recuerdos de muchas situaciones, aunque su entorno percibía señales alarmantes: “Mis hijos y amigos estaban muy preocupados porque, cuando hablaba por teléfono, repetía constantemente lo mismo, pero yo no recuerdo nada de eso”.
Dominique Pelicot fue condenado a 20 años de prisión en 2024. La plataforma digital utilizada para contactar a los agresores, llamada Coco, fue cerrada en junio de ese mismo año por las autoridades francesas, tras ser vinculada con delitos de agresión sexual, abuso infantil y homicidios. El caso expuso la magnitud transfronteriza de la violencia sexual y la necesidad de una respuesta colectiva.
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El impacto familiar y la batalla judicial de su hija
La dimensión del daño alcanzó también a la hija de Gisèle, Caroline Darian, quien inició un proceso legal propio al descubrir fotografías en las que aparecía inconsciente, vestida con ropa interior ajena a la suya. “Creo que hubo una actitud incestuosa hacia su hija que resulta intolerable”, expresó Pelicot, convencida de que aún falta justicia en ese aspecto.
“Caroline no encontró justicia durante mi caso y espero que logre ganar el suyo, para que pueda reconstruirse”, subrayó. Y destacó la labor de la organización M’endors pas, fundada por su hija para combatir la sumisión química. “Estoy muy orgullosa de ser su madre”, afirmó Pelicot al invitarla al escenario y reconocer su activismo, según describió The Guardian.
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Un llamado a la conciencia social y la educación
Más allá de su propia experiencia, Pelicot urgió a cambiar la respuesta social ante la violencia de género. “La sociedad tiene que despertar”, advirtió, denunciando la gravedad del maltrato hacia las mujeres a nivel global.
Considera que la base para romper el ciclo de la violencia es la educación. “Creo que todos podemos convivir en armonía, hombres y mujeres, y pienso que es cuestión de educar a los niños desde muy pequeños”, enfatizó.
Mirando al futuro, la activista mantiene la esperanza de que la humanidad avance hacia relaciones de paz y respeto, defendiendo este mensaje como el eje de su intervención en el Hay festival de Gales.
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