La drástica advertencia de uno de los mayores expertos de EEUU en economía china y qué debe hacer Argentina antes de que sea tarde

Invitado por Techint, el analista Michael Miller, quien monitorea la economía del gigante oriental desde hace 15 años, describió una segunda ola de expansión industrial de Pekín con consecuencias directas para América Latina. Qué debería hacer el país

Leland Miller, Ricardo Hausmann
Leland Miller junto a Gerardo Della Paolera en el evento del Grupo Techint
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Para 2030, un solo país controlará cerca del 45% del valor agregado manufacturero de todo el planeta. Ese país es China, y el proceso que lo llevará hasta ahí ya está en marcha.

Así lo advirtió el experto en economía china Michael Miller durante el XXI Seminario Internacional del Boletín Informativo Techint, organizado hoy por Techint, donde describió lo que denominó el “Shock de China 2.0”: una segunda ola de expansión industrial china, esta vez enfocada en sectores de alto valor como vehículos eléctricos, semiconductores, baterías, energía solar y productos farmacéuticos.

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A diferencia del primer shock, ocurrido a comienzos de siglo cuando China ingresó a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y capturó cadenas de suministro de bajo valor —juguetes, textiles, indumentaria, muebles—, este “Shock 2.0″ apunta a industrias intensivas en capital y con implicancias directas para la seguridad nacional.

“El Shock de China 2.0 es, en realidad, algo mucho más peligroso. Peligroso para nosotros, peligroso para ustedes, peligroso para el mundo entero”, señaló Miller.

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El mecanismo responde a un modelo económico diseñado desde el Estado. Miller ilustró el caso de los vehículos eléctricos: a comienzos de la década de 2010, Pekín declaró esa industria como prioridad de seguridad nacional y la incubó durante una década con subsidios al consumidor, subsidios a la producción, crédito barato y tierra gratuita. Al cabo de ese período de protección total, la industria fue lanzada al mercado global con una escala y un precio que las automotrices europeas no pudieron igualar.

El presidente chino, Xi Jingping, en una imagen de archivo (EFE/ Roman Pilipey)
El presidente chino, Xi Jingping, en una imagen de archivo (EFE/ Roman Pilipey)

“Europa está viendo cómo se produce la desindustrialización en su industria automotriz simplemente porque no puede competir en esos términos”, advirtió.

El fenómeno se repite en la energía solar: China ya produjo más paneles de los que necesita el mundo entero combinado. El mecanismo, describió, es siempre el mismo: el Estado chino subsidia la oferta, satura el mercado doméstico y vuelca el excedente al exterior a precios que destruyen la competencia local en los países receptores.

Según Miller, quien desde hace más de 15 años dirige el mayor estudio macroeconómico privado del mundo sobre el sistema financiero chino, el presidente Xi Jinping no tiene ninguna intención de frenar este proceso. “Xi Jinping sabe que no hay salida”, afirmó, y señaló que la política económica de los últimos cinco años —bajo nombres como “doble circulación”— fue diseñada explícitamente para profundizar la manufactura y las exportaciones. La debilidad del consumo interno, el derrumbe inmobiliario y el deterioro del sector privado chino son, desde esta lectura, consecuencias aceptadas por un liderazgo enfocado en ganar lo que Miller llama “la cuarta revolución industrial”: inteligencia artificial, computación cuántica, biotecnología y robótica.

La hoja de ruta de ese objetivo quedó plasmada en 2015, cuando Pekín publicó el documento de política industrial “Fabricado en China 2025”, en el que declaró abiertamente su intención de dominar esas tecnologías. “Desde 2015 tenemos ese documento que dice exactamente qué quiere Xi Jinping”, recordó el analista.

Leland Miller
U.S.-China Economic AND Security Review Commission

En este escenario, el rol que ocuparán países con recursos naturales estratégicos como la Argentina están en el centro del debate.

Miller advirtió que muchas economías latinoamericanas quedaron atrapadas en un esquema en el que funcionan como proveedoras de materia prima para la maquinaria industrial china, y luego le compran a China los bienes terminados que esa misma maquinaria produce. Frente a esa dinámica, su recomendación no fue el desacoplamiento total —que consideró poco realista—, sino una estrategia de priorización a largo plazo. “Mi recomendación sería hacer solo lo que se puede hacer, pero plantear esto como un problema de 10 a 20 años en el futuro y trabajar hacia atrás”, dijo.

Ese enfoque implica, según el analista, identificar qué industrias domésticas pueden perderse si el proceso continúa, y actuar antes de que sea tarde para recuperarlas. Miller también señaló que la reducción de la dependencia de China en las cadenas de suministro abre una oportunidad concreta para países como la Argentina: si Estados Unidos y sus aliados necesitan reemplazar a China como proveedor en sectores estratégicos, alguien tendrá que ocupar ese lugar, y los socios de confianza serán los primeros en la fila.

En diciembre de 2025, Miller fue ratificado como miembro de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad Estados Unidos-China, el organismo creado por el Congreso estadounidense para evaluar el impacto de las políticas económicas, comerciales y de seguridad de China sobre los intereses estratégicos de Estados Unidos.

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