Anamá Ferreira reveló el insólito lugar en el que vivió durante 4 años: “Agarré mis valijas y me mudé”

La modelo brasileña trajo un recuerdo de los 80, cuando alcanzó gran popularidad en el país con su trabajo en Mesa de Noticias

La brasileña contó cuando vivió en uno de los camarines de ATC años atrás (Video: Blender at Night-Blender)
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A veces, detrás de trayectorias muy conocidas en la televisión argentina, aparecen historias personales que habían quedado fuera de escena durante años. Eso ocurrió con Anamá Ferreira, que en una entrevista reciente reveló una experiencia poco conocida de sus comienzos laborales en el medio.

La confesión surgió durante su visita a Blender at Night, el programa de streaming conducido por José María Listorti. Allí contó que, en una etapa de fuerte exigencia laboral, tomó una decisión extrema para poder sostener el ritmo de trabajo en televisión. “Yo viví en ATC, yo me mudé al canal”, afirmó la actriz y modelo brasileña. La reacción del conductor fue inmediata. “¿Cómo te mudaste?”. Ferreira insistió: “Sí, viví cuatro años ahí”.

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Ante la incredulidad de Listorti, la modelo dio precisiones del relato. “Adentro”, contestó. Después precisó el lugar exacto: “El camarín del estudio cinco”. La revelación sorprendió al conductor, que volvió a consultar si realmente pasaba las noches en ese espacio del canal. La respuesta de la exmodelo fue afirmativa y abrió paso a una reconstrucción más detallada de aquella etapa.

La decisión, según explicó, respondió a una cuestión de rutina y traslados. En ese momento vivía en San Isidro y debía regresar de noche en transporte público después de cada jornada. “Tenía que tomar el tren, el Mitre. Y después colectivo”, recordó. También detalló que las grabaciones del exitoso ciclo Mesa de Noticias se extendían hasta tarde en el mítico edificio de Figueroa Alcorta y Tagle: “Terminaba como a las diez y media de la noche de grabar”, señaló. Para Ferreira, ese esquema resultaba muy difícil de sostener todos los días.

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La decisión tuvo que ver con las largas horas de iaje que tenía para llegar al canal

La dificultad no se limitaba al regreso a su casa. Según relató en la entrevista, muchas veces debía volver al canal pocas horas después para cumplir con otras grabaciones. Esa exigencia convirtió los traslados en un problema cotidiano y, con el paso del tiempo, terminó por empujarla a una salida inesperada. En ese contexto, resolvió instalarse dentro del edificio para evitar viajes largos y poder llegar a tiempo a cada compromiso laboral.

A ese esquema se sumaban las tomas que hacía con Eugenio Gorkin, a quien mencionó como director de exteriores. Ferreira contó que debía presentarse a las seis de la mañana para salir a grabar una hora después. En ese panorama no tuvo que pensarlo demasiado y tomó la decisión: “Agarré mis valijas y dije ‘bueno, me mudo’”.

Cuando el conductor le preguntó si alguien dentro de ATC conocía la situación, Ferreira respondió: “Nadie sabía”. Aunque después aclaró que pudo sostener esa situación gracias a la ayuda de personas que trabajaban en el canal. “Tenía la complicidad de todos los que vivían ahí, que eran mis amigos”, expresó al referirse al personal que la encubría. Esa red de vínculos, según dejó entrever, fue clave para que pudiera permanecer allí durante tanto tiempo sin que la situación se volviera pública.

Ferreira describió además cómo era su rutina diaria dentro del edificio y qué facilidades encontraba para organizar sus jornadas. “Yo tenía todo ahí. Me levantaba a las seis, tenía la ducha en el camarín”, contó. Después relató el circuito que hacía antes de empezar a trabajar. “Me iba al bar, desayunaba, me iba a maquillaje, a peinado y ya estaba lista para grabar en el Estudio 5”. Su descripción mostró hasta qué punto el canal se había vuelto, en los hechos, un espacio de residencia improvisado.

La anécdota también aportó una postal de otra etapa de la televisión argentina, cuando los ritmos de grabación, la cantidad de horas dentro del canal y la dinámica de producción imponían jornadas muy intensas y la bohemia se entremezclaba con la espontaneidad. En ese marco, la confesión de Ferreira funcionó como un recuerdo personal, pero también como una escena que remite a una época específica del medio.

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