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Aumento de costos y caída de la demanda: cómo afectan las decisiones empresarias sobre producción, salarios e inversión

Empresarios y economistas advierten que el menor consumo interno achica márgenes, eleva la capacidad ociosa y posterga decisiones en buena parte del entramado productivo

Una persona adulta observa la pantalla de una laptop que muestra gráficos y tablas de un panel de control financiero.
Las empresas ajustan producción y política salarial en función de sus expectativas sobre la demanda futura, no solo de las ventas del presente (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Más del 50% de las empresas del país considera la “insuficiencia de la demanda” como uno de sus principales problemas, según encuestas del Indec.

Empresarios y economistas explicaron que las decisiones que toman las compañías frente a los cambios en el consumo no se limitan a ajustar la producción, sino que también repercuten en los salarios, la inversión y la formación de precios.

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Distintas voces del sector productivo y del análisis económico coincidieron en describir un escenario en el que la demanda funciona como el principal condicionante de la actividad, aunque no como el único. A las dificultades de venta se suman el financiamiento, la presión tributaria, los costos y la competencia de los productos importados.

La reacción de la oferta frente a la caída de ventas

Daniel Rosato, presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), dijo a Infobae que la caída de la demanda está condicionando prácticamente todas las decisiones de las empresas industriales. “En muchas de las pyme con las que tenemos contacto encontramos niveles de ventas entre 30% y 40% inferiores a los de hace dos años, dependiendo del sector y del producto”, indicó. “Esto obliga a trabajar con menor producción, mayor capacidad ociosa y márgenes mucho más ajustados”, agregó.

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En muchas de las pyme con las que tenemos contacto encontramos niveles de ventas entre 30% y 40% inferiores a los de hace dos años (Rosato)

Marcos Cohen Arazi, responsable del área Productiva de Fundación Mediterránea, coincidió en que la demanda es determinante, aunque remarcó que también pesan las expectativas.

“Habitualmente, una recuperación sostenida de la demanda se refleja primero en una mayor utilización de la capacidad instalada. Si las empresas perciben que ese aumento llegó para quedarse, recién entonces aparecen las inversiones para ampliar capacidad y, posteriormente, nuevas contrataciones”, afirmó.

Tres operarios en overoles y gafas de seguridad trabajan con maquinaria industrial en una fábrica; un torno genera chispas.
En mayo, la industria trabajó con una utilización de la capacidad instalada de apenas 58,4%, según los datos que maneja IPA. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Carlos Rodríguez, economista de Mendoza, aportó una mirada similar sobre la secuencia que atraviesan las empresas al salir de una etapa recesiva. “Al principio, si estamos saliendo de una recesión, lo que ocurre es que las empresas probablemente reaccionen porque tienen capacidad ociosa: comienzan a aumentar la capacidad ocupada que tienen. Si ya se dan cuenta de que esa demanda va a ser sostenida en el tiempo, entonces sí se abre un horizonte para la inversión”, explicó.

Capacidad ociosa: el margen antes de nuevas inversiones

Rosato precisó que la producción podría reaccionar relativamente rápido, porque hoy existe una capacidad instalada importante que no se está utilizando.

“En mayo la industria trabajó con una utilización de la capacidad instalada de apenas 58,4%”, detalló. Aclaró, sin embargo, que la reacción no sería igual de veloz en todas las variables: “Con el empleo y la inversión el proceso sería más gradual. Una empresa que atravesó dos años de caída de ventas, se endeudó o redujo personal primero necesita comprobar que la recuperación sea sostenible”.

En ese sentido, planteó una secuencia: “Seguramente el primer paso sería aumentar la producción y utilizar mejor la capacidad disponible; después recuperar turnos, inversión y empleo”.

En la agricultura, un cambio de contexto puede impactar en un rango que va de seis meses a un año. En la ganadería, la industria manufacturera o la construcción esos procesos suelen demandar más tiempo (Cohen Arazi)

Cohen Arazi también describió un proceso escalonado, aunque remarcó que la velocidad difiere según la actividad.

“Es un proceso que lleva tiempo, aunque puede ser muy dinámico en algunos sectores. En la agricultura, por citar un ejemplo, un cambio de contexto puede impactar en un rango que va de seis meses a un año. En la ganadería, la industria manufacturera o la construcción esos procesos suelen demandar más tiempo”, explicó.

El nudo salarial: entre la producción y el consumo

La relación entre la demanda y los salarios apareció como uno de los ejes centrales. Daniel Rosato describió cómo la debilidad del consumo termina afectando la política salarial de las empresas.

“Una demanda débil limita directamente la posibilidad de mejorar salarios. Para una pyme el salario no es solamente un costo: el trabajador calificado es parte fundamental de la empresa y nadie quiere perderlo. Pero si caen las ventas, disminuye la producción y se achican los márgenes, se vuelve mucho más difícil otorgar aumentos reales”, afirmó.

Primer plano de unas manos sosteniendo una billetera marrón abierta, de la cual sobresalen billetes de 20.000 y 10.000 pesos argentinos con diseños modernos.
El salario real depende de que la inflación esté domesticada: solo así puede empatarle o ganarle terreno, según explicaron los economistas consultados (Imagen Ilustrativa Infobae)

El dirigente describió, además, un mecanismo que se retroalimenta: “Ahí aparece un círculo que tenemos que romper: el trabajador pierde poder adquisitivo, consume menos; al consumir menos, la empresa vende menos; si vende menos, produce menos y tiene menos posibilidades de mejorar salarios o incorporar personal”. Y concluyó: “No hay recuperación salarial sostenible sin recuperación productiva, y no hay recuperación productiva sostenida si no vuelve la demanda”.

Rodríguez, por su parte, vinculó el salario con la productividad de cada sector. “El salario está atado a la productividad del sector. En los sectores que tienen mayor productividad se configuran salarios más elevados. Por eso vemos que es muy diferente el de un empleado de comercio del de otros rubros de actividad”, observó.

En los sectores que tienen mayor productividad se configuran salarios más elevados. Por eso vemos que es muy diferente el de un empleado de comercio del de otros rubros actividad (Rodríguez)

Sobre el salario real, Rodríguez explicó que su evolución depende en gran medida del proceso inflacionario: “Si la demanda es débil, va a depender mucho de la inflación: si la inflación está dominada o controlada, es probable que el salario pueda empatar o hasta ganarle unos puntos. Pero hay que ver qué tan controlada está”.

Marcos Cohen Arazi coincidió en que existe una retroalimentación entre salarios y consumo, aunque identificó cuál es, a su criterio, el canal que predomina en la coyuntura actual.

“Una demanda débil puede limitar la capacidad de las empresas para crecer y, por lo tanto, dificultar la posibilidad de otorgar aumentos salariales consistentes. Pero también ocurre el proceso inverso: la pérdida de poder adquisitivo de los salarios reduce el consumo de los hogares y eso contribuye a debilitar la demanda interna. Cuando la inflación se acelera, los salarios suelen rezagarse y eso enfría el consumo, especialmente en los sectores orientados al mercado interno”, explicó Carlos Rodríguez.

Una familia latina de cuatro personas en la caja de un supermercado; la madre, con expresión preocupada, sostiene una tarjeta de crédito y el padre la abraza.
Una demanda débil puede limitar la capacidad de las empresas para crecer y, por lo tanto, dificultar la posibilidad de otorgar aumentos salariales consistentes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Rodríguez fue específico: “En la coyuntura actual argentina, el principal canal parece ser este último: la debilidad de los salarios reales limita el consumo de los hogares y explica buena parte de la moderación de la demanda en los sectores de consumo masivo”.

Expectativas y estructura de precios

Rodríguez explicó que la inversión responde a dos variables centrales: “Por una parte, la tasa de interés, que es el costo del financiamiento, y por otra parte, las expectativas. Cuando el costo de financiamiento es más alto hay menos inversiones que son factibles de ser realizadas. Si las expectativas son favorables, un incremento del consumo puede mejorar las expectativas y favorecer el desarrollo de este proceso de inversión en las empresas”.

“En nuestro país tenemos un mercado fuertemente oligopolizado. El manejo de los precios es mucho más arbitrario que en los mercados que son competitivos”, sostuvo, destacó.

“El principal límite del crecimiento de las empresas es la demanda, pero también inciden los factores institucionales que hacen al crédito, las posibilidades de inversión y la burocracia. También están las expectativas por la situación política: cuando la situación política crea incertidumbre, la economía se ve acosada por esta situación”, sintetizó Rodríguez.

Al puesto de contador le pagan S/ 3.116.
La tasa de interés y las expectativas empresariales son, según los especialistas, los dos factores que determinan si una empresa decide invertir

Daniel Rosato describió: “Muchas empresas no pueden trasladar plenamente sus aumentos de costos porque el mercado no los convalida. En numerosos productos los precios terminaron evolucionando por debajo de los costos o de la inflación, y eso provocó una pérdida de rentabilidad”.

Cohen Arazi planteó, además, que “si la competitividad no mejora, un aumento de las ventas difícilmente se traduzca en un crecimiento sostenido de la inversión, el empleo y la productividad”.

En este sentido, mencionó entre los factores estructurales “la presión tributaria, los costos laborales y regulatorios, el riesgo de litigios, las deficiencias logísticas y de infraestructura, el encarecimiento de la energía y la escasez de financiamiento de mediano y largo plazo”.

Una dinámica dispar

Rosato detalló cuáles son las ramas más golpeadas por la caída del consumo interno: “Los sectores con mayores dificultades son fundamentalmente los intensivos en mano de obra y los que dependen fuertemente del mercado interno: textil, indumentaria y calzado, metalurgia, fundiciones, fabricantes de bienes de capital y maquinaria, muebles y autopartes”.

Los sectores con mayores dificultades son fundamentalmente los intensivos en mano de obra y los que dependen fuertemente del mercado interno (Rosato)

“Hay sectores vinculados con energía, petróleo, gas, minería y determinados segmentos exportadores del agro que presentan una dinámica diferente”, agregó Rosato. Y resumió: “Hoy tenemos una economía productiva funcionando a velocidades muy distintas: una parte vinculada a sectores exportadores y recursos naturales que tiene mejores perspectivas, y una gran cantidad de pyme industriales ligadas al mercado interno que todavía atraviesan una situación muy complicada”.

La producción de petróleo es una de las actividades con dinámica diferente, impulsada por el desarrollo de Vaca Muerta (Foto: Reuters)
La producción de petróleo es una de las actividades con dinámica diferente, impulsada por el desarrollo de Vaca Muerta (Foto: Reuters)

Marcos Cohen Arazi trazó una distinción similar: “Hoy muestran mayor dinamismo los sectores productores de bienes transables orientados al mercado internacional, donde existe una demanda externa sostenida y ventajas competitivas. Allí se destacan la minería, los hidrocarburos, la agricultura, la ganadería y muchas actividades vinculadas a esas cadenas de valor”.

En cambio, el economista destacó que “los sectores más dependientes del mercado interno continúan mostrando un desempeño más moderado, como la construcción, buena parte de la industria manufacturera -con excepción de ramas vinculadas a alimentos, combustibles y productos químicos derivados del petróleo- y el turismo”.

Rodríguez, en tanto, dijo: “Se ha reconfigurado la geografía productiva del país: vemos un capitalismo periférico, con inversiones en minería, en energía y en producción que están lejos de los centros habituales”, sostuvo. Sobre las consecuencias en los sectores más golpeados, agregó: “Lo que está ocurriendo es que en los sectores más golpeados -que paradójicamente son los que tienen mayor empleo- se van a empezar a configurar bolsones de pobreza. Esto es fundamentalmente en el conurbano, en lo que es el Gran Buenos Aires”.

El financiamiento y el tipo de cambio

Santiago Casas, economista jefe de EcoAnalytics, dijo a Infobae: “El crédito en pesos al sector privado, ajustado por inflación, se mantuvo prácticamente sin cambios en junio y desde principios de año dejó de funcionar como motor para estos sectores que dependen del financiamiento en pesos, en un contexto de tasas de interés elevadas para personas y empresas. A eso se suma una inversión que no termina de despegar, y salarios a los que les cuesta recomponer poder adquisitivo, lo cual sigue limitando la recuperación del consumo”.

El crédito en pesos al sector privado, ajustado por inflación, se mantuvo prácticamente sin cambios en junio y desde principios de año dejó de funcionar como motor para estos sectores que dependen del financiamiento en pesos (Casas)

Sobre el tipo de cambio, Casas contó: “El único dato a favor de estos sectores llegó por el tipo de cambio: el dólar mayorista subió 3,8% en promedio durante el mes, lo que pudo haber mejorado la rentabilidad y moderado la competencia. Pero después de varios meses de apreciación del peso y aumento de los costos en dólares, un mes deja gusto a poco”.

“Hasta que el crédito, la inversión y los ingresos reales vuelvan a ganar tracción, es probable que sectores como la industria y la construcción continúen alternando avances y retrocesos, con más ruido que señales de un cambio de tendencia”, concluyó Casas.

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