
El economista y ex ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, analizó en una entrevista con Infobae la evolución de la economía argentina tras tres años consecutivos de expansión. Con proyecciones que superan el promedio regional, el país muestra señales de consolidación, aunque el crecimiento sigue siendo heterogéneo. El desafío estructural radica en transformar una oportunidad global -marcada por la geopolítica, la transición energética y la inteligencia artificial en desarrollo inclusivo y empleo formal.
Además, en un contexto de volatilidad internacional, la apreciación real del peso tiende a favorecer más al aumento de las importaciones que de las exportaciones y se traduce en una desaceleración del crecimiento esperado del PBI por el informe mensual Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central de la República Argentina y con ello de las perspectivas de incremento de los puestos de trabajo.
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— ¿Cuál es su diagnóstico sobre la economía argentina tras los récords de 2025 y las alertas por pérdida de confianza?
— Los datos de 2025 confirman algo poco frecuente en la historia reciente argentina: crecimiento sostenido, mejora del frente fiscal y mayor estabilidad macroeconómica. Pero lo más relevante no es solo el rebote, sino el contexto global en el que ese crecimiento ocurre.
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El mundo dejó de estar ordenado únicamente por la eficiencia y pasó a estructurarse en torno a la seguridad económica, la geopolítica y el acceso a recursos estratégicos. En ese nuevo escenario, Argentina tiene una ventaja clara: energía, minerales críticos, alimentos y talento. Eso abre una oportunidad concreta: dejar de ser una economía cíclica y pasar a ser un actor relevante en cadenas globales que se están redefiniendo por la transición energética, el nearshoring y la fragmentación geopolítica.
“Argentina tiene una ventaja clara: energía, minerales críticos, alimentos y talento. Eso abre una oportunidad concreta: dejar de ser una economía cíclica y pasar a ser un actor relevante en cadenas globales”
Ahora bien, esa oportunidad convive con una tensión: la macro empieza a ordenarse, pero la confianza de largo plazo todavía no termina de consolidarse. El desafío es transformar este ciclo en un proceso sostenido.
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— ¿Cómo interpreta el aumento del desempleo y la informalidad?
— El mercado laboral argentino no está simplemente en crisis: está en transformación. Lo que vemos no es solo un fenómeno local, sino parte de un cambio global. La combinación de automatización, inteligencia artificial y nuevas formas de organización productiva está reduciendo la capacidad de los sectores tradicionales de absorber empleo.
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A eso se suma un factor demográfico: Argentina todavía tiene una ventana de bono demográfico, pero no está generando suficiente empleo formal para capturarla. El resultado es un mercado más fragmentado, donde conviven empleo formal, trabajo independiente e informalidad creciente.

Por eso, el problema no es la cantidad de empleo, sino su calidad. El desafío no es volver al esquema anterior, sino adaptar el sistema laboral a esta nueva estructura productiva, facilitando la formalización y mejorando la productividad del capital humano.
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— ¿Qué lectura hace sobre el cierre y llegada de empresas?
— El mapa empresarial refleja una economía en transición, alineada con lo que ocurre a nivel global: una reconfiguración de las cadenas de valor. Hoy las decisiones de inversión no se explican solo por costos, sino por acceso a recursos, estabilidad y posicionamiento geopolítico. En ese contexto, sectores como energía, minería e industria del conocimiento colocan a Argentina en un lugar relevante.
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“Las decisiones de inversión no se explican solo por costos, sino por acceso a recursos, estabilidad y posicionamiento geopolítico”
Vaca Muerta, el litio y el complejo agroindustrial no son solo sectores dinámicos: son activos estratégicos en un mundo que redefine sus fuentes de energía, insumos críticos y seguridad alimentaria.
El desafío es otro: generar encadenamientos. Es decir, que ese dinamismo se derrame hacia el resto de la economía. Ahí la tecnología juega un rol central. La inteligencia artificial y la digitalización pueden ser el puente para integrar pyme y economías regionales a estos nuevos sectores.
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— ¿Cómo evalúa el cambio en la política cambiaria?
— El cambio fue necesario y oportuno. Introduce mayor consistencia entre inflación y tipo de cambio, evitando una apreciación real sistemática. Pero hay que ser precisos: comprar dólares no es lo mismo que acumular reservas. El verdadero desafío es lograr acumulación neta, y eso requiere recuperar acceso al financiamiento internacional. La remonetización, en este contexto, es clave. No es solo un fenómeno técnico, es una señal de reconstrucción de confianza en la moneda.
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— ¿La apreciación del peso es oportunidad o riesgo?
— Es ambas cosas. En un contexto de mayor estabilidad, acceso a insumos y tecnología importada, hay una oportunidad clara para mejorar productividad. Pero si esa apreciación no viene acompañada de mejoras en eficiencia, se transforma en un riesgo para los sectores menos competitivos.
“Si la apreciación del peso no viene acompañada de mejoras en eficiencia, se transforma en un riesgo para los sectores menos competitivos”
Hoy la competitividad no depende solo del tipo de cambio, sino de tecnología, logística, escala e inserción en cadenas globales. La clave no es el nivel del dólar, sino la velocidad de adaptación productiva.

— ¿Qué impacto tendrá la baja de encajes?
— Puede impulsar el crédito y acompañar la recuperación, especialmente en consumo y capital de trabajo. Pero no es automático. El crédito también depende de la confianza. Si la liquidez no encuentra demanda genuina, puede trasladarse a presión cambiaria o inflacionaria. Es una medida coherente con la etapa, pero que requiere monitoreo fino.
— ¿El superávit fiscal tuvo costo social? ¿Qué falta ahora?
Hubo un ordenamiento necesario: reducción de subsidios, saneamiento del gasto y mayor disciplina fiscal. Pero también hubo costos sociales relevantes en la primera etapa. Ahora el desafío es pasar de un ajuste de emergencia a una consolidación de calidad. Eso implica avanzar en tres frentes:
- reforma tributaria
- reforma previsional
- reordenamiento fiscal entre Nación y provincias
Sin esas reformas, el equilibrio es más frágil.
— ¿Por qué la inflación se estabilizó cerca del 3%?
— Porque el proceso de desinflación entró en una fase más compleja. Los bienes ya ajustaron. Lo que queda es una inflación más persistente, vinculada a servicios, salarios y precios regulados.
“La transición energética, la reconfiguración de cadenas de suministro y las tensiones geopolíticas están generando una inflación estructuralmente más alta”
Además, el contexto global también cambió: la transición energética, la reconfiguración de cadenas de suministro y las tensiones geopolíticas están generando una inflación estructuralmente más alta que en la década anterior. Por eso, la baja va a ser gradual, no abrupta.
— ¿Comparte que la inflación seguirá bajando?
— Sí, en términos generales. Si se sostienen el equilibrio fiscal y la disciplina monetaria, la inflación debería converger hacia niveles más bajos en los próximos meses. Pero no va a ser un proceso lineal. Habrá tensiones, especialmente por regulados y contexto internacional. La clave es gestionar expectativas, no solo números.

— ¿Qué impacto tiene el contexto internacional?
— El contexto global no es favorable, pero tampoco es neutro. La fragmentación geopolítica, la incertidumbre comercial y la volatilidad financiera afectan a los emergentes. Pero Argentina tiene una ventaja: posee activos estratégicos en un mundo que los necesita. El desafío es claro: pasar de exportador de recursos a actor integrado en nuevas cadenas de valor globales.
— ¿Cuáles son sus expectativas para 2026?
El escenario es más favorable que a comienzos de año. Esperamos:
- crecimiento del PBI en torno al 3,5%–4%
- inflación descendente hacia la zona del 2% mensual
- mayor estabilidad cambiaria
Pero con una característica clave: el crecimiento será heterogéneo. Habrá sectores dinámicos y otros más rezagados. El desafío es cerrar esa brecha.
“La incógnita no es el potencial, sino la velocidad de transformación”
— ¿Una reflexión final?
— Argentina de 2026 dejó atrás la emergencia, pero todavía no construyó una normalidad sostenible. Ya resolvió una parte del problema: estabilizar. Ahora enfrenta uno más complejo: cómo insertarse en un mundo que cambió estructuralmente. Tiene los activos correctos en el momento correcto: energía, alimentos, minerales y talento. La incógnita no es el potencial, sino la velocidad de transformación. Porque en esta etapa, el riesgo no es quedarse atrás por falta de recursos, sino por no adaptarse a tiempo.
Fotos: Matías Arbotto
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