“La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”. La frase, una máxima del economista Milton Friedman, es repetida como un credo por el presidente Javier Milei y, en esa lógica, el mandatario explica tanto su éxito inicial para bajar la inflación con la que asumió su Gobierno como para pedir paciencia por la interrupción del proceso de desinflación que ya lleva 8 meses. En ese contexto, corresponde preguntarse si la política monetaria que conducen en tándem el ministro de Economía, Luis Caputo, y el presidente del Banco Central (BCRA), Santiago Bausili, está ayudando a bajar los precios o, por el contrario, colaboró con las últimas aceleraciones.
Un repaso de los datos oficiales permite reconstruir el sendero de la inflación en los últimos años y el impacto de la gestión actual. Según la serie mensual elaborada por el Indec, la variación del índice de Precios al Consumidor (IPC) mostró un salto en diciembre de 2023, con una suba del 25,5% mensual que marcó el arranque del mandato de Milei. Desde ese pico, la inflación bajó de manera rápida durante los primeros meses de 2024, en línea con el ajuste fiscal, la fuerte contracción monetaria y la estabilidad cambiaria impuesta por el nuevo gobierno.
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La secuencia mensual muestra caídas abruptas en el primer semestre de 2025, con registros que tocaron un piso de 1,5% en mayo de ese año. Sin embargo, desde la segunda mitad esa tendencia se interrumpió: la variación del IPC comenzó a subir nuevamente y se estabilizó en torno a 2,9% mensual durante enero y febrero de 2026. El proceso de desinflación dejó de avanzar y la baja de precios perdió dinamismo.
La política del Gobierno enfrenta un punto de inflexión, tras un éxito inicial sostenido por un ajuste fuerte y un control monetario estricto (GMA Capital)
La consultora GMA Capital describe un escenario en el que la política del Gobierno enfrenta un punto de inflexión, tras un éxito inicial sostenido por un ajuste fuerte y un control monetario estricto.
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La última información apunta a un contexto en el que el tipo de cambio se mantiene firme, los agregados monetarios crecen cerca de 20% interanual y la actividad económica no termina de repuntar. En ese marco, la inflación dejó de bajar y se instaló en un rango que preocupa tanto al equipo económico como a los analistas privados.
El debate sobre la política monetaria se intensifica ante la falta de resultados visibles en los últimos meses. Kevin Sijniensky, economista jefe de Econviews, aporta una visión crítica sobre la efectividad del actual esquema.
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Sijniensky dijo a Infobae que durante la primera parte de la gestión el ancla nominal de la política monetaria era el tipo de cambio, con un crawling peg primero del 2% y luego del 1% mensual. La introducción de bandas cambiarias y la eliminación de la tasa de política monetaria, diluyeron esa referencia. Apuntó: “No existe actualmente un ancla antiinflacionaria fuerte o claramente definida; lo que contribuye a la mayor inercia inflacionaria”.
No existe actualmente un ancla antiinflacionaria fuerte o claramente definida; lo que contribuye a la mayor inercia inflacionaria (Sijniensky)
El economista de Econviews detalló que el Gobierno adoptó como argumento que la cantidad de dinero es la nueva referencia para frenar la inflación, pero la falta de definición precisa en las metas de crecimiento monetario y una comunicación confusa minaron su credibilidad. Además, la volatilidad de las tasas de interés y la dificultad para estimar la demanda de dinero en un contexto tan inestable complican la tarea del Banco Central.
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“El ancla monetaria, por ese lado, es débil. El ancla de tasa de interés se perdió una vez que eliminaron la tasa de política monetaria y el esquema en sí ha producido muchísima volatilidad en las tasas. Tampoco es un mecanismo efectivo para bajar la inflación”, explicó. Sijniensky remarcó que, aunque el tipo de cambio sigue operando como ancla implícita, su flexibilidad lo convierte en una referencia menos sólida que la que existía con el crawling peg.
Ante la consulta sobre si la política monetaria es contractiva o expansiva, Sijniensky respondió que sencillamente depende de la dinámica del tipo de cambio. Cuando la cotización se mantiene estable, el Gobierno permite que haya más liquidez y que las tasas bajen (expandiendo). Si aparece presión cambiaria, el Banco Central retira pesos a través de licitaciones del Tesoro, operaciones en el mercado secundario o ajustes en los encajes bancarios.
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Sijniensky sintetizó: “Es una política monetaria que cambia cada dos semanas, después de las licitaciones y que depende mucho de si el Gobierno se siente cómodo o no con el tipo de cambio. En este momento diría que es relativamente expansiva, pero en otros momentos ha sido generalmente contractiva”, aseguró.
Para el economista de Econviews, al menos hasta el año pasado, el Gobierno priorizó la baja de la inflación sobre la actividad económica. Este año, la debilidad del consumo y ciertos sectores con bajo dinamismo llevaron a que el oficialismo tolere tasas más bajas, apoyado en un tipo de cambio estable. La gran volatilidad en las tasas de interés y la falta de previsión para los bancos limitaron la baja de las tasas activas y, en consecuencia, la reactivación vía crédito. “Si el Gobierno quiere seguir con el mismo esquema de control de agregados y tipo de cambio flotando entre bandas, al menos podría intentar reducir la volatilidad de la tasa. Eso sería un paso importante”, concluyó el economista.
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Fernando Marull, de FMyA, corroboró el giro hacia una política monetaria más expansiva en los últimos meses.
Marull afirmó que, tras una fase de fuerte contracción, la reducción de las tasas de interés significó un cambio: “Si nos guiamos por ese indicador, el sesgo fue expansivo, porque la tasa bajó de 2,8% mensual a 2,2% en los últimos diez meses”. Sostuvo que la política monetaria respondió al contexto y que el objetivo principal hoy es la estabilidad cambiaria, incluso si eso implica mayor liquidez.
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Si nos guiamos por las tasas de interés, el sesgo fue expansivo, porque bajó de 2,8% mensual a 2,2% en los últimos diez meses (Marull)
Martín Polo, economista de Cohen Aliados Financieros, aportó una visión complementaria: “El Gobierno está haciendo los deberes para bajar la inflación”, pero advirtió que busca generar una expectativa de desaceleración más rápida de la que efectivamente se verifica.
Polo destacó que no hay emisión para financiar el déficit fiscal, la base monetaria no registra subas y el tipo de cambio permanece estable. Sin embargo, la actividad económica baja, la inercia inflacionaria y los precios regulados limitan el margen de maniobra de la política monetaria. “Mucha de la estabilidad del tipo de cambio y la baja de tasas la asocio más a la baja actividad: menos importaciones ayudan en el frente externo y en el mercado de pesos, los bancos prestan menos, la liquidez sube y eso presiona a la baja la tasa”, explicó Polo. Remarcó también que el traslado a precios de la devaluación de 2025 fue paulatino y que el atraso cambiario tampoco colabora con las expectativas.
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No hay emisión para financiar el déficit fiscal, la base monetaria no registra subas y el tipo de cambio permanece estable (Polo)
La visión del Gobierno difiere de la interpretación de los analistas. En la última semana, Federico Furiase, flamante secretario de Finanzas, analizó en el programa “Las 3 anclas” que las condiciones monetarias actuales, con agregados creciendo cerca de 20%, podrían permitir que la inflación retome la trayectoria descendente en abril o mayo.
Furiase atribuyó el freno en la baja de la inflación a factores políticos surgidos en el tercer trimestre de 2025 y a aumentos puntuales en tarifas y precios de la carne. Señaló además que los impactos de la política monetaria llegan primero al tipo de cambio y los precios mayoristas (IPIM), y solo después a los minoristas, por lo que el último dato del IPIM anticiparía un menor registro del IPC en los próximos meses.
Las condiciones monetarias actuales, con agregados creciendo cerca de 20%, podrían permitir que la inflación retome la trayectoria descendente en abril o mayo (Furiase)
Algunas consultoras identifican los próximos meses como clave, con expectativas de reinicio en el proceso de desinflación. Un análisis reciente estima que la inflación debería desacelerar hacia mayo en un contexto de tipo de cambio estable y sin cambios mayores en los precios relativos. Para abril, no obstante, advierte sobre el impacto de incrementos en combustibles y una política más expansiva orientada a fomentar el crédito, factores que podrían retrasar la reanudación del descenso inflacionario.
La evolución de tasas, la reacción del crédito y el comportamiento de los precios regulados figuran como determinantes para la trayectoria del índice de precios.
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