
¿Qué va a pasar con el dólar y por qué siempre sube? ¿Por qué los precios suben aunque te digan que la inflación baja? ¿Conviene más comprar en efectivo, sacar un crédito o alquilar? ¿Qué conviene más: plazo fijo o dólares? ¿Cómo juegan las criptomonedas? ¿Por qué hay tantas crisis en Argentina?
Esas son algunas de las preguntas que busca responder “Compra campeón. Así funciona la economía”, el nuevo libro de Martín Tetaz (Sudamericana).
Según Claudio Zuchovicki, autor del prólogo: “Este libro nos ayuda a comprender cómo funciona nuestra mente al momento de decidir y cómo emergen—muchas veces sin que lo notemos— impulsos básicos como el miedo, asociado a la preservación, o la avaricia, vinculada con la asunción de riesgos. No hay decisiones neutrales: hay historias personales, emociones, aprendizajes y cicatrices. Y es justamente esa diversidad de preferencias la que da vida a los mercados y explica por qué existen intercambios voluntarios”.
Tetaz, que fue diputado nacional hasta el año pasado, es economista de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) –donde se desempeña como Investigador en el Instituto de Integración Latinoamericana (IIL), Investigador Visitante en el Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (CEDLAS) y Profesor Adjunto de Economía Política e Introducción a la Economía.

Según el autor de la obra cuyo título hace referencia a una frase del ministro de Economía, Luis Caputo, el libro “está dirigido a toda la gente que tiene curiosidad pero no entiende los problemas de la economía de todos los días, que se quisiera meter pero le pasan por arriba buena parte de las discusiones que se dan en las redes sociales ya sea sobre inflación, sobre si los empresarios o los sindicalistas o el gobierno tienen alguna responsabilidad sobre la inflación, sea una discusión sobre deuda, sobre desempleo… personas que quieren empezar a meterse en estos temas y necesitan entenderlos un poco mejor, pero que no tienen ganas de pasar por un enfoque matemático, formal, con gráficos, ecuaciones, presentes en los manuales tradicionales de economía.
Y agregó: “Este es un libro que llena un vacío, que probablemente dejó Tomás Bulat -economista, periodista y docente-cuando uno tenía una inquietud sobre economía le consultaba a él o se compraba un libro de él; hace diez años que en Argentina no hay un libro que tenga ese tono que podía darle Tomás entonces casi que buena parte de la motivación para escribir este libro se la debo a él, a la memoria de Tomás Bulat“.
La obra incluye también un “tutorial de inversiones”, a la que definió como “una guía práctica diseñada para quienes buscan dar sus primeros pasos en el mundo financiero y sobrevivir con éxito en el intento”.
Extractos del libro
¿Qué va a pasar con el dólar?
Si en el mundo la discusión macroeconómica más importante alterna entre el desempleo y la inflación, en Argentina y hasta hace algunos años en muchos otros países de Latinoamérica, la pregunta del millón es si el dólar va a subir o va a bajar.
La respuesta te va a desconcertar: no hay manera de saberlo.
Por más estudios que uno tenga en economía, por más experiencia con los mercados, por más plata que uno haya ganado con alguna operación cambiaria, la verdad es que como ocurre con cualquier otro activo financiero, el precio actual ya refleja toda la información conocida sobre los factores que podrían empujar el precio hacia arriba o hacia abajo. Sabemos por ejemplo que en los próximos años van a aumentar las exportaciones energéticas argentinas gracias a los desarrollos y las inversiones en el yacimiento de Vaca Muerta y también conocemos algo sobre la potencialidad de Palermo Aike, una formación dela cuenca Austral, en la provincia de Santa Cruz, que promete ser tan bueno o incluso mejor. Pero esa misma información que tenemos nosotros la tienen todos y por lo tanto ya movió el mercado del dólar. La única posibilidad de que algún dato o conocimiento tenga un impacto en el mercado es que no sea conocido por sus participantes; que sea una información reservada y que alguien acceda ahora de manera privilegiada y, actuando en consecuencia, mueva los precios.
Lo voy a decir todavía más claro; desconfíen rotundamente de cualquiera que les diga que sabe lo que va a pasar con un precio que se mueve de manera libre en un mercado; es un chanta. Doblo la apuesta; una estafa piramidal muy difundida es la de los que venden “cursos de trading” como si alguien mirando un gráfico y con un entrenamiento de seis meses pudiera predecir mejor que los expertos de un fondo de inversiones de riesgo, que tienen un ejército con los mejores analistas y algoritmos para arbitrar diferencias de decimales en criptomonedas, divisas, bonos y futuros de commodities. No se puede. Incluso si se pudieran copiar esos modelos, con una escala pequeña te comerían las comisiones. Eso, por supuesto, tampoco quiere decir que no se puede obtener una ganancia invirtiendo en un mercado; el S&P 500 es el índice de acciones más conocido del mundo y ha rendido en promedio 10 % anual en los últimos cien años; pero no hay ninguna forma de saber cuánto va a subir el año que viene. De hecho, podría caer, como ocurrió en la crisis del 30, cuando el índice perdió el 86% de su valor en casi tres años, o en la crisis financiera del 2009, cuando se desplomó 57%.
<i>Pero, entonces, ¿por qué sube el dólar?</i>
Lo primero que tenemos que entender es que en realidad del dólar no se mueve, o se mueve mucho menos de lo que pensamos. Cuando en cualquier país latinoamericano “sube el dólar” en realidad lo que ocurre es que está perdiendo valor la moneda local; baja el peso. Pero lo mismo da; sobran pesos o faltan dólares.
Dicho eso y aunque no podamos predecir lo que va a pasar con ningún precio mañana, sí podemos entender perfectamente cuáles son los factores que lo hacen subir o bajar hoy, porque al final de cuentas, como todo precio, depende de la oferta y la demanda. Sin embargo, a diferencia de los bienes de consumo que se procuran para satisfacer una necesidad y tienen una oferta que depende del costo marginal de producirlos, los activos financieros no son bienes de consumo, no se deriva ninguna utilidad por tenerlos y su precio está muy influido por las expectativas.
La oferta principal de dólares de la economía viene de las exportaciones y por eso los años en que la cosecha es mala, como el 2018 o el 2023, hay mucha presión sobre el dólar. También suman las inversiones del exterior y otros ingresos de capitales, como el que se produce cuando hay un blanqueo o cuando baja la tasa de interés en Estados Unidos y los inversores financieros buscan colocar su capital en regiones donde rinde más. Aunque no son muy significativos en Argentina, en muchos países, como los centroamericanos, una fuente muy importante de dólares son las remesas; el dinero que los familiares que trabajan fuera del país mandan a sus hogares. Finalmente, aportan divisas las colocaciones de deuda, tanto de empresas como de gobiernos.
La demanda de dólares son todos los factores que hacen salir billetes norteamericanos; principalmente las importaciones de bienes y servicios, como el turismo, pero también la formación de activos externos; es decir: la compra de dólares por particulares y empresas. Además, la economía necesita divisas para pagar servicios de deuda pública y privada y todos los locales que quieran hacer inversiones afuera tienen que hacerlo con moneda extranjera. Por otro lado, a diferencia de países como El Salvador u Honduras, nosotros tenemos más trabajadores foráneos en nuestras tierras, que nativos en el exterior y por eso las remesas son una razón habitual de demanda de divisas, toda vez que esos trabajadores envían dinero a sus familias.
Por eso tiende a bajar el dólar con una cosecha buena, o cuando sube el precio de la soja o el maíz en Chicago, pero también cuando privatizamos empresas, tomamos deuda y entran capitales. En cambio, sube el dólar cuando tenemos una mala cosecha o malos precios internacionales de nuestra producción, pero de manera similar aumenta cuando crece la incertidumbre política, y la gente, pero también las empresas, buscan dolarizarse. Y naturalmente presiona al mercado de divisas cualquier pago de vencimiento de deudas al exterior, ya sea de empresas o del Estado.
En el largo plazo, además, el precio del dólar es la variable que ajusta los diferenciales de productividad con el resto del mundo. Si nuestros socios comerciales crecen más que nosotros, hacen reformas que aumentan su productividad, producen avances tecnológicos e invierten en infraestructura más que nosotros, podremos venderles menos productos y ellos nos llenarán de cosas más baratas, entonces faltarán dólares en la economía y subirá su precio. Dicho en otras palabras; Argentina tiene un tipo de cambio real que depende del nivel relativo de productividad y por lo tanto, si hacemos reformas, invertimos y crecemos, el tipo de cambio va a ser más barato. Luego, con un dólar más barato, los salarios reales serán mejores para todos, porque nuestra producción podrá comprar más bienes del resto del mundo.
Más aún, como las divisas también se demandan confines especulativos, reaccionan de manera instantánea al cambio en las expectativas. Por eso no es necesario que el resultado de una buena cosecha se exporte para que el precio del dólar baje, alcanza con que mejoren las estimaciones que las bolsas de cereales y otros organismos hacen, sobre lo que va a pasar en el futuro con la cosecha. Por la misma razón, ni siquiera es necesario que el gobierno concrete las reformas que harán aumentar la productividad de nuestra economía; basta con que una buena elección aumente la cantidad de diputados y senadores, para que el mercado se anticipe, habida cuenta de que el cambio en el parlamento aumenta la probabilidad de que los cambios efectivamente se hagan. Luego, si la cosecha a la postre noes tan buena, o el gobierno no logra hacer las reformas, el precio volverá a corregir y subirá el dólar.
Por último, como ya hemos dicho que en realidad cuando vemos subir el dólar, la mayoría de las veces lo que está ocurriendo es que pierde valor la moneda local, es obvio que si el gobierno emite pesos que la gente no demanda, habrá una presión para la devaluación del peso. Y esto puede ocurrir, tanto si el Banco Central emite para financiar el gasto público, como si lo hace para comprar reservas; en ambos casos habrá más pesos y salvo que crezca concomitantemente la demanda de dinero doméstico, ese excedente buscará salida y se irá al dólar, bajando el precio del peso o, lo que lo mismo: haciendo subir el dólar.
Pero guarda, porque aquí pasa lo mismo que en cualquier mercado; para que suba el precio puede haber más emisión de pesos, que presionen la demanda de divisas, pero también, aunque no haya emisión, puede haber una caída en la demanda de dinero, o bien porque la economía entra en recesión y necesita menos pesos, porque en una economía que se achica se hacen menos transacciones, o bien porque aumenta la desconfianza en la moneda local y la gente quiere desprenderse de los pesos que tiene y esto puede ocurrir incluso con una cantidad relativamente pequeña de pesos en la economía. Entonces, sin déficit fiscal, sin que compre reservas el Banco Central, sin que aumente la demanda de divisas para viajes o para importaciones y aunque no tengamos una mala cosecha, ni caiga el precio de la soja, de todas maneras, podría aumentar el dólar, solo por una cuestión de expectativas, afectadas por la menor confianza hacia adelante.
[...]
¿Conviene más invertir en dólares o en pesos?
Todos los días recibo muchos mensajes por las distintas redes sociales y esta debe ser la pregunta más recurrente.
Ya nos vamos a ocupar de las distintas estrategias de inversión en la tercera parte de este libro, pero la pregunta tiene implícito un prejuicio; la idea de que efectivamente conviene una cosa más que la otra en el sentido de que se puede ganar plata anticipando lo que va a ocurrir con el dólar y que los economistas de alguna manera sabemos cómo sacarle partido a esa información. Lamentablemente no; no lo sabemos. A priori no hay ninguna estrategia ganadora por la simple razón de que, si la hubiera, ya la habrían aprovechado otros, se hubiera corregido y la ventaja habría desaparecido. Hay un chiste que pregunta ¿cuántos economistas se necesitan para cambiar una lamparita? La respuesta es que ninguno, porque si fuera necesario el mercado la hubiera cambiado.
Pero la verdad es que si los economistas supiéramos que conviene ahorrar en pesos, por ejemplo, entonces todos los bancos, fondos de inversión y ahorristas que basan sus decisiones en el consejo de los economistas, estarían vendiendo dólares y haciendo inversiones en pesos, de suerte tal que ya harían bajar el precio del dólar lo suficiente como para que ya no convenga más quedarse invertido en pesos, en el sentido de que no habría ninguna ganancia obvia. Y viceversa; si supiéramos que se viene una devaluación, entonces lo sabrían todos los que tienen suficiente dinero como para salir hoy a comprar dólares y adelantar esa pérdida de valor de la moneda.
Por supuesto, esta imposibilidad de predecir lo que va a pasar mañana con el precio de una acción, de un bono, o del dólar cambia cuando el precio es regulado por el gobierno y empieza a ser evidente que no lo va a poder sostener, porque por ejemplo se está quedando sin reservas, o va a haber un cambio de gobierno, o los mercados de futuros están descontando con alta probabilidad una devaluación. Esto además es obvio para cualquier otro producto, incluso cuando el Estado regulaba el precio de la luz y el gas, llegó un momento en que la tarifa estaba muy atrasada y nos quedamos sin energía, por eso las empresas tuvieron que pagar tarifa plena y los particulares con-seguirse un grupo electrógeno, para esquivar los cortes.
Por ejemplo, durante 2023 en Argentina había cepo y por lo tanto no había libertad para comprar y vender divisas. A principios de ese año, ya con muchas barreras tanto para comprar dólares como para importar bienes, hubo una fuerte sequía que le hizo perder al país 20.000 millones de dólares de la cosecha del agro. Con semejante escasez de moneda extranjera lo lógico hubiera sido que el dólar subiera de precio; que se devaluara nuestra moneda. Sin embargo había elecciones y el ministro de Economía era candidato a presidente, por lo que no solo no devaluó sino que incluso abarató el precio del dólar en términos reales, apreciando el peso aún más y generando una brutal escasez de reservas, a punto tal que en diciembre el Banco Central no pudo darles a los importadores los dólares necesarios para ingresar sus mercaderías, lo cual es una tragedia, habida cuenta de que el 80 % de las compras que hacemos al exterior son insumos para el proceso productivo local, de modo que sin importaciones se para la actividad económica y explota el desempleo.
Por eso no se necesitaba ser un genio de las finanzas para darse cuenta de que el nuevo gobierno iba a tener que devaluar fuerte en diciembre, incluso cuando hubiera ganado el oficialismo. Obviamente no había manera de predecir el porcentaje en que iba a subir el dólar o si eso iba a ser suficiente en el corto plazo, porque como seguía habiendo cepo había que esperar a ver si las reservas, con el nuevo precio, se recomponían y aparecían dólares para pagar a los importadores o si eso no ocurría y había que seguir devaluando.
Al revés; luego de una fuerte devaluación, como ocurrió en el año 2002, a fines del 2013, en el 2016, o a fines del 2023, si las reservas se empiezan a recuperar entonces claramente conviene vender los dólares y hacer una inversión en pesos, porque por un tiempo es muy probable que la moneda local se revalorice. Pero esto solo funciona si no hay un mercado realmente libre y siempre que se sostenga la acumulación de reservas del Banco Central.
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