
Joaquín Cottani, ex viceministro de Economía durante la gestión de Luis Caputo, sostuvo que la actualización de la metodología para medir la inflación estaba lista cuando él formaba parte del Gobierno (fue Secretario de Política Económica entre diciembre de 2023 e junio de 2024) y que el objetivo oficial era publicarla en 2024. Según explicó, incluso se habían evaluado alternativas de calendario para su difusión, pero finalmente el Gobierno decidió postergarla sin que existieran razones técnicas de peso para hacerlo.
En declaraciones realizadas en el programa de streaming #MaxiMediodía, Cottani señaló que cuando formaba parte del equipo económico el nuevo índice ya estaba preparado y que la discusión giraba únicamente en torno al momento de su implementación. “El índice estaba listo y la idea era que saliera en 2024”, afirmó. En ese marco, relató que mantuvo una reunión con el titular del Indec, Marco Lavagna, con la intención de definir una fecha concreta y que estaba dispuesto a retrasar el lanzamiento algunos meses respecto del cronograma original. “Yo estaba dispuesto a postergar lo que originalmente había sido previsto para junio de 2024 a septiembre”, precisó.
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El ex funcionario consideró que no había fundamentos sólidos para una postergación mayor. Reconoció que, en un contexto de desaceleración inflacionaria desde niveles elevados, podía entenderse la cautela para evitar movimientos que alteraran las expectativas. Sin embargo, remarcó que esa lógica tenía un alcance limitado en el tiempo. “Se podía entender que como la inflación estaba cayendo desde un nivel bastante alto, fuera pertinente no hacer demasiado ruido”, explicó.
El nuevo IPC y el acuerdo con el FMI
El punto central, según Cottani, es que el nuevo índice introduce un cambio en las ponderaciones, con mayor peso de los servicios, incluidos los servicios públicos, lo que podría tener un impacto sobre el nivel del IPC en un momento sensible para la estrategia oficial. Aun así, sostuvo que una vez superada esa etapa inicial no resultaba razonable seguir demorando la publicación. “Después de eso, no hacía mucho sentido demorar la publicación del índice”, afirmó.
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En ese sentido, recordó que la revisión metodológica había sido acordada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y que el organismo multilateral incluso había financiado el proceso. También indicó que la actualización de ponderaciones es una práctica habitual en distintos países y que no se trata de una particularidad argentina.
Cottani explicó que el cambio metodológico debe analizarse en el marco de la política económica general. Según su diagnóstico, cuando el Gobierno controla el tipo de cambio y, al mismo tiempo, impulsa una apertura comercial que reduce el precio relativo de los bienes frente a los servicios, ese esquema impacta sobre la dinámica inflacionaria. “El efecto se vuelve más relevante cuando, en paralelo, se produce un reacomodamiento de los precios de los servicios públicos”, comentó.
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No obstante, aclaró que el impacto marginal del nuevo índice sobre la inflación no sería significativo en el nivel actual. “El efecto marginal que tiene no es muy grande en este nivel de inflación al que se ha llegado”, afirmó. En ese contexto, puso en duda una convergencia rápida hacia una inflación cercana a cero y sostuvo que será necesario un sinceramiento cambiario que tendrá efectos sobre los precios.
Inflación, tipo de cambio y desequilibrios
En su análisis, Cottani advirtió que si el IPC no converge en el corto o mediano plazo, no será por un cambio metodológico, sino por fallas en el programa económico. “Si el IPC no converge este año o el que viene, no va a ser por un tema de cambiar la metodología del índice, sino porque algo falló”, señaló.
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El ex viceministro también se refirió al vínculo entre inflación y equilibrio fiscal. Remarcó que el equilibrio de las cuentas públicas es una condición necesaria, pero no suficiente, para erradicar la inflación. “Que haya equilibrio fiscal es una condición necesaria, pero no suficiente”, sostuvo. Explicó que cuando se producen cambios en los precios relativos, el sistema se ajusta monetariamente para evitar subas excesivas de las tasas de interés, y que reducir la inflación cuando ya se ubica en niveles de dos dígitos anuales es más complejo debido a la inercia.
En ese marco, identificó al tipo de cambio como uno de los principales problemas. Indicó que el tipo de cambio real multilateral se devaluó un 20% desde abril y planteó la dificultad de sostener que continúa sobrevaluado. A la vez, detalló desequilibrios macroeconómicos: un déficit de cuenta corriente del 2% del Producto en 2025, con perspectivas similares o superiores para 2026, equivalente a unos 15.000 millones de dólares.
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