Cuánto vino tomaron los argentinos en 2025 y por qué se registró un récord negativo para la actividad

Aunque algunos segmentos lograron crecer, el balance general volvió a ser adverso. El impacto en bodegas y productores de las principales regiones del país

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En 2025, los argentinos tomaron
En 2025, los argentinos tomaron menos de 16 litros de vino por persona, un umbral que nunca antes se había perforado (Freepik)

La industria vitivinícola atraviesa un momento delicado, marcado por la caída de ventas tanto en el mercado interno como en el externo. Si bien algunos productos mantienen cierto protagonismo en las góndolas, el nivel general de consumo de vinos sigue cayendo. Tal es así, que en 2025 se marcó un récord histórico negativo para las bodegas.

Según datos publicados por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), el año pasado los argentinos consumieron 15,77 litros de vino per cápita, el valor más bajo del que se tiene registro. De hecho, nunca antes en la historia se había caído por debajo de la barrera de 16 litros por persona.

Algunos atenuantes

Aunque a nivel general el resultado del 2025 fue negativo, hay algunos atenuantes que le permiten a las bodegas ver una luz al final del túnel. De acuerdo con las cifras publicadas por el INV, hubo algunas categorías de vinos que crecieron el año pasado. Ese fue el caso de los “vinos varietales”, que mejoraron sus ventas un 3,4%, pasando de 227,1 millones de litros comercializados en 2024 a 234,7 millones en 2025. No es un dato menor, tendiendo en cuenta que se trata de un segmento que representa el 31,5% del mercado.

También mejoró sus números la categoría “otros vinos” (4,1% de repunte), pero su participación sobre el total de mercado es marginal -apenas el 0,4%-, por lo que no mueve la aguja sobre el total.

Las ventas de vinos varietales
Las ventas de vinos varietales crecieron 3,4% interanual, aunque no alcanzaron para compensar la caída del consumo de vinos comunes.

El resto de los vinos tuvo un mal desempeño en año pasado. La categoría de vinos “sin mención varietal”, decreció de 508,4 millones de litros vendidos en 2024 a 481,8 millones de litros comercializados el año pasado. Es decir que los argentinos dejaron de consumir 26,6 millones de litros de ese segmento (-5,2% interanual).

Tampoco los espumosos tuvieron un buen 2025. Las cifras publicadas por el INV dan cuenta de una caída del 5,1% en ese rubro. De 27,7 millones de litros que las bodegas vendieron en 2024, se bajó a 26,3 millones en la temporada pasada.

En total, sumando todas las categorías mencionadas (varietales, sin mención varietal, espumosos y “otros), se registró una caída del 2,7% el año pasado. En detalle, los argentinos consumieron 766,3 millones de litros en 2024 y 745,9 millones de litros en 2025, lo que significa que el mercado se achicó unos 20,4 millones de litros entre un año y el otro.

La crisis de la vitivinicultura

A la contracción del consumo interno se suma un escenario complejo en el frente externo y financiero, que profundizó las dificultades de la actividad vitivinícola durante 2025 y comienzos de 2026, especialmente en las principales regiones productoras del país.

Según un análisis elaborado por la economista Elena Alonso, CEO de Emerald Capital y especialista en el sector, la vitivinicultura argentina atravesó en el período 2025–2026 “uno de los momentos más complejos del sector en décadas”. En su diagnóstico, confluyeron exportaciones en mínimos de veinte años, consumo interno deprimido, elevados niveles de stock y tensiones financieras en bodegas de distinto tamaño.

En materia de comercio exterior, Alonso detalló que las exportaciones de vino se ubicaron en USD 661 millones, con una caída del 7,2% interanual, lo que representó el nivel más bajo en dos décadas. “Más que un problema productivo, la vitivinicultura enfrenta hoy una crisis de colocación, márgenes y financiamiento, que atraviesa a toda la cadena de valor, desde productores primarios hasta grandes elaboradores”, señaló.

Uno de los factores centrales que explica la situación es la caída del consumo interno, que en 2025 tocó el piso histórico de 15,77 litros per cápita, de acuerdo con los datos del INV. Alonso explicó que la pérdida de poder adquisitivo “transformó al vino en un bien menos cotidiano, especialmente en los segmentos de menor precio”, al tiempo que se registraron cambios en los hábitos de consumo. En particular, mencionó que entre los menores de 35 años se observa “menor frecuencia, menor volumen y mayor preferencia por otras bebidas o formatos alternativos”.

Provincias como San Juan enfrentan
Provincias como San Juan enfrentan mayores dificultades por costos logísticos estructuralmente más altos (Reuters)

Si bien los vinos varietales lograron mostrar un crecimiento en volumen, ese desempeño no alcanzó para compensar la caída del consumo de vinos sin mención varietal, que siguen siendo mayoritarios dentro del mercado. Los varietales mostraron cierto crecimiento, pero no alcanzan a compensar la contracción del consumo de vinos comunes.

Otro de los elementos que presionó sobre la rentabilidad del sector fue el elevado nivel de stock acumulado. De acuerdo con el informe, el stock de vino se ubicó en un rango estimado de entre 8 y 15 meses, un nivel considerado históricamente alto. Esta situación presionó los precios a la baja y deterioró los márgenes de las bodegas, en especial en el segmento de vino a granel, que presenta un alto grado de “comoditización”.

El impacto no fue homogéneo entre las provincias productoras. Alonso advirtió que en San Juan la crisis vitivinícola se ve agravada por costos logísticos estructuralmente más altos. “Al ser una provincia terminal, los fletes son más largos y caros, y muchos camiones regresan sin carga”, explicó. Esta dinámica encarece el traslado del vino hacia los principales centros de consumo y los puertos, reduce la competitividad frente a otras jurisdicciones y amplifica el impacto del costo logístico en un contexto de márgenes ajustados.

A este escenario se sumó un fuerte incremento de los costos productivos. Según el análisis, insumos dolarizados, energía, combustibles y logística aumentaron por encima de los precios del vino, que quedaron rezagados frente a la inflación. En términos nominales, los precios del vino registraron caídas de entre 25% y 40% respecto de 2024, lo que profundizó la pérdida de rentabilidad y aceleró la salida de pequeños productores del sistema productivo. Este proceso se reflejó en la reducción sostenida de la superficie cultivada durante la última década.

El comercio exterior no tracciona

En el plano externo, la situación tampoco mostró señales de recuperación. Las exportaciones continuaron en retroceso, afectadas tanto por la menor demanda internacional —en particular en mercados como Estados Unidos y China— como por una estructura de costos que limita la competitividad de la Argentina. Alonso sostuvo que el tipo de cambio real poco favorable, combinado con costos logísticos elevados, “reduce la capacidad de competir en segmentos sensibles al precio”, especialmente frente a países como España en vinos a granel o Nueva Zelanda en vinos premium.

La combinación de inflación en dólares, volatilidad cambiaria y falta de previsibilidad también dificultó la planificación exportadora y erosionó los márgenes de las bodegas en un contexto internacional más competitivo y selectivo.

Los envíos de vino al
Los envíos de vino al exterior se ubicaron en USD 661 millones, el nivel más bajo en dos décadas (AP)

Este cuadro derivó en un deterioro financiero generalizado dentro de la cadena vitivinícola. Según Alonso, durante 2025 se registraron procesos de reestructuración financiera, problemas de acceso al crédito y tensiones crecientes en la cadena de pagos. “Casos recientes de concursos preventivos, cheques rechazados y embargos reflejan un problema sistémico más que situaciones aisladas”, afirmó.

El impacto financiero no se limitó a las bodegas. También alcanzó a productores primarios y proveedores, amplificando los efectos a través de instrumentos como el descuento de cheques, donde el riesgo termina trasladándose a los actores más pequeños de la cadena.

Qué esperar para este año

De cara a 2026, el análisis señaló que el principal desafío para el sector no es únicamente productivo o comercial, sino financiero. La analista indicó que la vitivinicultura llega al nuevo año con una estructura marcada por altos niveles de stock, precios de venta retrasados y márgenes operativos comprimidos, lo que reduce la capacidad de absorber costos financieros adicionales. En ese contexto, advirtió que “cualquier decisión de financiamiento que incremente el costo financiero total impacta de manera directa sobre una rentabilidad ya deteriorada”.

Las estimaciones preliminares para la próxima vendimia anticipan una producción cercana a 8% inferior a la de 2025, lo que refuerza la idea de que el problema central no es de volumen, sino de colocación y ventas. Según la especialista, las dificultades que atravesó la cadena vitivinícola durante 2025 se mantendrán en lo sustancial, con una demanda que no convalida aumentos de precios y una estructura de costos que deja poco margen para absorber desvíos financieros.

En ese marco, el consumo interno, que en 2025 alcanzó su nivel más bajo histórico, aparece como una de las variables clave para explicar el récord negativo que marcó la actividad vitivinícola y las dificultades que enfrenta el sector para revertir la tendencia.

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