
La baja de impuestos internos anunciada por el gobierno, permitirá que los autos que tenían un precio superior a los 55 millones de pesos puedan bajar a cerca de 46 millones, y los de 65 millones a unos 54 aproximadamente. Ante este escenario la primera pregunta que se puede hacer es quién sale ganando, o dicho de otro modo, quién pierde con esta medida. La respuesta hoy parece ser bastante clara, pero quizás por poco tiempo, si el gobierno efectiviza en un par de meses otra medida con impacto directo en el sector automotor.
Los beneficiados de hoy son los importadores, ya sean las fábricas mismas, que importan la mayoría de los autos que venden en el mercado local, como los representantes oficiales de las marcas que no producen en el país. Tendrán la posibilidad de vender modelos que eran muy difíciles de comercializar por su “precio inflado” de impuestos, a un valor mucho más competitivo, cerca de un 20% más bajo.
Aunque si se miran las proporciones, el impuesto estaba afectando sólo al 8% del total de autos que se vendieron el último año, con un 7,3% de vehículos de la escala 1 y sólo un 0,7% de los que estaban alcanzados por la escala 2.

Visto desde el lado opuesto, podría decirse que el 58% de los autos no estaba alcanzado por el impuesto interno por su precio debajo de los $42.000.000, y que el 34% no lo pagaba por tratarse de vehículos utilitarios que están exceptuados. Dentro de estos últimos, el 22,4% de los vehículos tienen un precio entre $42.000.000 y $70.000.000, lo que implica que esa es la proporción de mercado que se verá sometida al escrutinio de los usuarios ahora que podrán comprar un SUV equivalente en segmento a un precio razonable.
Así, con esta medida del gobierno, el parque de vehículos que podría cambiar sus proporciones es el que suma todas esas pick-up medianas y compactas, más el 7,3% de los autos y SUV que estaban pagando la escala 1.
En porcentajes del año 2024 es un 29,7% del total. En números concretos representa unos 115.980 vehículos. Por supuesto que muchos usuarios de pick-up seguirán siendo fieles a este tipo de automóvil, que se ha mantenido por tradición, cultura y uso como uno de los más elegidos de siempre en Argentina. Pero lo que demostrará 2025 es cuántos compraban una camioneta por el nivel de equipamiento y confort que obtenían a menor precio que un SUV equivalente.

A priori, las estimaciones del sector es que el parque de casi 30.000 vehículos que se verán beneficiados por la eliminación del impuesto se podría duplicar, es decir alcanzar unas 60.000 unidades para fin de año. Esto no será instantáneo, porque traer el doble de autos desde Asia, Europa o Estados Unidos implica tener disponibilidad en las fábricas de origen y requiere tiempo de producción y transporte hasta llegar a Argentina.
Si las mismas estimaciones del sector automotor, proyectan un alza de un posible alza de un 40% que permitiría acercarse a los 600.000 vehículos, la mitad del crecimiento de los SUV y autos particulares debería ser en base a canibalizar el mercado de pick-up. Así, en una primera instancia, incluso con un crecimiento del mercado, los eventuales perdedores de la decisión de eliminar el impuesto interno en la escala 1, serían los fabricantes argentinos de camionetas, particularmente los de las que tienen precio debajo de los $55.000.000 y no los que producen autos, porque estos siguen debajo del precio al que le impactaba el impuesto eliminado.
Una segunda medida del gobierno podría compensar esa baja: la eliminación de las retenciones a las exportaciones, que pegan directamente en la competitividad de la industria automotriz argentina porque exporta impuestos contra otros países que tienen una carga menor como Brasil (11%) o nula como México o Tailandia. Al día de hoy, con la baja del impuesto PAIS de fin de 2024, la producción bajó la carga impositiva de un 25% a un 20%. Con una eliminación de las retenciones a la exportación, se podría bajar otro 2,5%.

Pero para que la medida sea efectiva y redunde en un beneficio, esta debería decidirse en lo antes posible, de modo tal que se dejen de percibir las retenciones que afectan a la industria desde el primer despacho del año hasta alcanzar el tope de 137.000 unidades que los libera ese costo.
El sistema de retenciones a las exportaciones prevé que desde el 1 de enero se paga el 2,5% de arancel por cada unidad que se exporta hasta llegar a esas 137.000 unidades. Normalmente ese período de tiempo alcanza los primeros cinco o seis meses del año. A partir del auto 137.001, comienza a regir el sistema de exención a las exportaciones incrementales gracias al cual los autos que se envían durante el resto del año ya no tributan.
Si se espera a abril o mayo, como suele ocurrir cada año para renovar el esquema de exenciones, no habría beneficio alguno y sólo se extenderá una vez más el sistema que rige desde 2021. Por esa razón, si hubiera un cambio sobre las retenciones que paga la industria automotriz al vender a mercados del exterior, lo más razonable sería que ocurra en las próximas semanas.
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