
La reunión de directorio del Banco Central del último jueves generó una inusual expectativa en el mercado local. Rara vez la entidad conducida por Santiago Bausili comunica oficialmente la decisión de mantener las tasas estables, pero debió hacerlo a través de canales extraoficiales.
La atención con la que bancos, fondos y operadores financieros seguían el tema tenía un fundamento: en la semana la entidad comunicó que para facilitar una mayor desaceleración de la inflación en febrero el dólar oficial pasará a subir 1% cada mes, en lugar del 2% mensual que avanzó en lo que va de la presidencia de Javier Milei.
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Un ajuste a la baja de la tasa de referencia era, y todavía es, altamente probable (y no son pocos los que hicieron shorts especulando con el recorte y terminaron perdiendo así capital).
Un ajuste a la baja de la tasa de referencia era, y todavía es, altamente probable
Pero por ahora la baja del crawling peg no va a estar acompañada por una baja de la tasa de referencia en pesos. La decisión fue mal recibida por sectores de la oposición. La propia expresidenta Cristina Fernández de Kirchner se quejó por la decisión de no bajar la tasa e ironizó: “larga vida al carry trade”.
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El carry al que se refiere la ex presidenta es fundamental para la marcha firma del mercado cambiario oficial. El esquema combina la oferta de financiamiento en dólares a tasas bajas con tipos de interés en pesos que superan la depreciación esperada del tipo de cambio.
Según operadores, las tasas de prefinanciación de exportaciones se ubican entre el 3,5% y el 4% anual en dólares, mientras que en pesos las Lefi y Lecap ofrecen tasas efectivas de hasta 39% efectivo anual. Este diferencial impulsa a los exportadores a tomar deuda en dólares, liquidar esas divisas en el mercado oficial y colocar los pesos obtenidos en activos de alto rendimiento.
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El Banco Central, al comprar parte de los dólares liquidados por los exportadores, incrementa sus reservas. Esos operadores cuando cobran sus ventas externas utilizan esos ingresos para cancelar los préstamos en dólares, cerrando así el circuito financiero. Este esquema incentiva a los exportadores a adelantar la liquidación de divisas y a los importadores a diferir sus compras, ya que la expectativa de un menor ritmo de devaluación reduce el costo de mantener posiciones en pesos.
Según Nery Persichini de GMA Capital, el mantenimiento de la tasa y la reducción del crawling peg buscan múltiples objetivos: “aumentar la tasa real de la economía si las expectativas de inflación siguen bajando e incentivar una mayor oferta de dólares, tanto financiera como comercial”. Lo dicho: en este contexto, los exportadores adelantan liquidaciones por la presión de las tasas en pesos, mientras que los importadores diferirían sus compras hasta febrero, esperando una menor suba del dólar oficial.
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Aumentar la tasa real de la economía si las expectativas de inflación siguen bajando e incentivar una mayor oferta de dólares, tanto financiera como comercial (Persichini)
Por su parte, Juan Manuel Truffa de Outlier considera que el Banco Central prefiere que la tasa de interés descienda naturalmente por presión del mercado secundario. Según él, “no quieren cometer el error de bajarla ellos sin que el mercado la fije más abajo, por miedo a cometer un error no forzado”. Esto explica que las tasas secundarias de las letras Lefi y Lecap todavía se mantengan en niveles elevados, funcionando como una referencia implícita para la política monetaria.

Para Truffa el rendimiento del carry trade se puede calcular restando el crawling peg mensual estimado del 1% a la tasa efectiva anual (TEA) de las Letras del Tesoro. Por ejemplo, tomando una Letra como la Lecap que vence el 14 de febrero, que paga 2,8% de tasa efectiva mensual (TEM) y considerando un período de 30 días, se obtiene una tasa efectiva anual en pesos cercana al 39%. Al descontar la devaluación mensual del 1%, el rendimiento ajustado se sitúa en el 23,8% anual en dólares, lo que refuerza la lógica de arbitraje financiero en el contexto actual.
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La trampa estacional de febrero
Un factor clave para entender la cautela del Banco Central es la estacionalidad de la demanda de dinero. Cada fin de año, empresas y familias incrementan su necesidad de pesos para afrontar los gastos extraordinarios de consumo, fiestas y vacaciones. Sin embargo, a medida que esos pagos se completan y los pesos regresan al sistema financiero, la demanda de dinero cae, generando presiones inflacionarias.
Esta dinámica, que antes supo ser apodada como la “trampa de febrero”, ya ocasionó problemas en el pasado cuando relajamientos monetarios de fin de año derivaron en brotes inflacionarios en los primeros meses del siguiente.
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Según analistas, este contexto podría haber llevado al Banco Central a mantener una tasa de interés de referencia alta para evitar desajustes en la economía al comienzo del nuevo año.
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