
La crisis financiera en algunas empresas del sector puso de manifiesto los problemas del sector agropecuario, entre los que se encuentra la pérdida de competitividad con Brasil, en un contexto de apreciación cambiaria en Argentina y devaluación en el país vecino. A esto se suman los bajos precios internacionales y una política tributaria que “no colabora” y hace que los productores cobren casi USD 150 menos por tonelada de soja comercializada.
A fines de diciembre, en una carta dirigida a la Comisión Nacional de Valores, dos empresas del grupo Los Grobo informaron que no tenían capacidad para enfrentar pagos inmediatos por unos USD 400.000, y anticiparon que no podrían afrontar los vencimientos de los pagarés bursátiles hasta el 31 de marzo. Esos incumplimientos llegarían a los 10 millones de dólares. “Estamos transcurriendo una situación de iliquidez transitoria que impacta en el pago de los pagarés bursátiles emitidos para las empresas que componen el Grupo”, dijeron en la empresa dueña de Agrofina y Los Grobo Agropecuaria S.A.
La pregunta que comenzó a surgir era si este caso es la punta de un iceberg que esconde una crisis más sistémica. “Los indicadores disponibles no revelan el desarrollo de una crisis generalizada, al menos no en el corto plazo. Pero en el actual contexto, de precios deprimidos y moneda fuerte, un revés climático que afecte los rendimientos podría ser crítico, particularmente para productores que trabajan sobre campos alquilados”, explicó un trabajo del IERAL realizado por Franco Artusso.
Sobre esta última cuestión, en el mercado internacional, el precio de la soja promedió USD 361 la tonelada en diciembre. Este valor se ubica 27% por debajo de la cotización promedio del período 2002- 2023 y hay que retroceder a 2006 para encontrar precios más bajos. Mientras tanto, en el mercado local, la tonelada promedió $301.000 el mes pasado y si se ajusta por inflación, el poder adquisitivo de la oleaginosa se ubica casi 30% por debajo de la media de las últimas dos décadas.

Esto se añade a la pérdida de competitividad exportadora por la apreciación cambiaria, que deriva también del encarecimiento de los costos en dólares. La baja de la brecha quitó el beneficio “extra” que tenían los productores por liquidar 80% al tipo de cambio oficial y 20% al CCL. De todos modos, el agro muestra preocupación por un problema estructural, más allá de lo coyuntural: la elevada presión tributaria.
En este sentido, de acuerdo la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), el Estado se queda con $64,30 de cada $100 de la renta agrícola, lo que representó un aumento en relación a 2023. Por jurisdicción, el 94,7% son impuestos nacionales, 4,7% provinciales y el resto municipales.
De esos impuestos nacionales, el 67,5% no se coparticipan a las provincias y son principalmente los derechos de exportación (DEX) o retenciones.
Estos generan que en Argentina la soja, por ejemplo, “se pague mucho menos” que en el mercado internacional o que en otros países que no aplican el impuesto. Para ilustrar este punto, el IERAL comparó el precio de referencia internacional de la soja en el mercado de Chicago, con el precio interno en Argentina y el precio interno en Brasil (Paraná), país que nunca aplicó el impuesto y que en la última década se ha convertido en el líder mundial de la producción y exportación de la oleaginosa.
“El precio en Brasil se asemeja en gran medida al precio internacional a lo largo de todo el período; mientras que el de Argentina sigue la dinámica de los anteriores, pero siempre un escalón por debajo, por efecto de los DEX. A dólares de hoy, entre los años 2002 y 2023 un productor de Brasil recibió en promedio USD 148 más por cada tonelada de soja que produjo y comercializó, respecto de un productor de Argentina. En términos porcentuales, un productor del país vecino recibió en promedio un 40% más de precio para la oleaginosa que uno local en este período”, indicó el informe.

Y precisó que el año pasado, con precios internacionales en mínimos históricos, la soja se pagó en promedio entre un 35 y 40% más en Brasil que en Argentina, una diferencia de USD 100-115 por tonelada.
Como conclusión, desde el IERAL afirmaron: “Recuperar la competitividad de un sector complicado por precios a la baja y una moneda fuerte requiere avanzar en la eliminación de los DEX y continuar con todas aquellas reformas que permitan incrementar la productividad y alinear precios internos de insumos y bienes de capital con sus valores de referencia internacional”.
En relevamientos previos, FADA había estimado el crecimiento que podría tener el sector si no se cobraran derechos de exportación, se unificara el tipo de cambio y se eliminaran las restricciones: las exportaciones se incrementarían en USD 30.000 millones, la producción de granos aumentaría en 76 millones de toneladas durante los próximos 10 años y en los primeros 4 años el sector sumaría 2,9 puntos de crecimiento directo al PBI.
Cabe destacar que Argentina no es el único país que cobra este tipo de tributos. Sin embargo, se diferencia del resto por el alcance y la magnitud.
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