
Igual que el fenómeno de “dólar barato”, la baja de la cotización libre, que prácticamente ya empalma con la oficial, tendrá impacto en la economía real. Al menos, en sectores clave en los que la distorsión de la brecha económica era un elemento central de su desempeño.
El caso más paradigmático es el de la construcción. El sector atraviesa una fuerte caída de actividad, producto del freno de la obra pública. Pero tampoco la obra privada parece mostrar una clara tendencia a la recuperación. En términos generales, el índice que publicó ayer el Indec da muestras de que la construcción cayó 24% en octubre respecto al mismo mes del año pasado y también se retrajo 4% respecto de septiembre. Este último dato es el que refleja las dificultades para remontar la cuesta sin el estímulo de la obra pública y el anabólico de la brecha cambiaria, que hacía rendir más los dólares del colchón, para la obra privada.
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También para noviembre se vislumbra un desempeño similar, al menos a juzgar por indicadores primarios como es la venta de cemento.
La estadística de los despachos de cemento informada por la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland (AFCP) para el mes pasado, un proxy del nivel de actividad del sector, se mantiene planchada desde julio. El crecimiento mensual desestacionalizado fue del 1,6% el mes pasado, mientras que las ventas cayeron 14% interanual. Es precisamente a partir de esa fecha, cuando la diferencia entre las diferentes cotizaciones comenzó a acortarse, que la actividad del rubro muestra un serrucho sin alcanzar la reactivación clara.
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Es que, en la medida que los costos suben en pesos por la inflación, se encarecen aún más en dólares, el único precio de la economía que baja. Existe, con todo, un atenuante que permitiría esperar que, tarde o temprano, ese proceso se revierta.

“La venta de casas en CABA, reportada por el Colegio de Escribanos, crece exponencialmente rumbo a los máximos históricos mientras recuperan con buen ritmo los créditos hipotecarios. Es decir, crece la demanda de casas, lo que tarde o temprano debe traducirse en demanda de construcción”, se destacó en el informe económico de la consultora Delphos donde de todos modos, se aclara: “por ahora la baja obra pública le puso un freno a la actividad, pero creemos que el sector privado terminará compensando”.
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Otro sector clave donde la distorsión de la brecha impulsaba típicamente la actividad, al menos mientras el Banco Central tuvo dólares disponibles para la importación, es el automotriz. La baja del dólar libre tiene un efecto múltiple. Por un lado, abarata los autos importados, incluyendo los de alta gama, achicando la diferencia con los autos de producción nacional especializada en el segmento mediano.
De esa manera, en términos relativos, los autos nacionales quedan a precios elevados comparados con algunos modelos de marcas “de lujo” con los que antes no competían. Ese fenómeno puede tener un impacto en el mix de ventas de las terminales automotrices, a las cuales les resultará más conveniente importar más y producir menos, en función de la demanda de sus clientes. De todos modos, en el sector aseguran que el efecto sobre el nivel de producción es, en principio, marginal.
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El verdadero desafío es, en rigor, el bajo nivel del dólar oficial. “Como la nuestra es una industria con un perfil netamente exportador, con un tipo de cambio atrasado o que ajusta menos que lo que aumentan los costos en pesos, nos vamos encareciendo más en dólares”, explicó un directivo de una de las principales automotrices radicada en la Argentina, quien agregó que “claramente eso encarece las exportaciones cuando hay otros países de la región, como Brasil, que está devaluando, es mucho más competitivo. Nos genera un problema que nos quita mercado”, apuntó.
Ni más ni menos que la historia económica de la Argentina: el dólar barato es una buena noticia, pero no para todos.
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