
(Desde Washington, Estados Unidos) Una misión argentina recorre en absoluto silencio la sede del Fondo Monetario Internacional (FMI) que está a tres cuadras de la Casa Blanca. Tienen un mandato formal y una ventaja política: negociar un nuevo programa asumiendo que Donald Trump, futuro presidente de los Estados Unidos, apoya con estridencias al gobierno de Javier Milei.
José Luis Daza -viceministro de Economía-, Pablo Quirno -secretario de Finanzas- y Vladimir Werning, vicepresidente del Banco Central, son la avanzada del equipo económico que lidera Luis Caputo. Los tres se mueven en bloque -abrigados por el frío de DC- y protagonizan charlas reservadas e informales.
A uno y otro lado de la mesa de negociación ya se conoce el guión técnico y político.
Argentina pretende un nuevo acuerdo que implique un desembolso extra de en torno a 11.000 millones de dólares. Con este monto, el gobierno de Milei podría fortalecer las reservas del Banco Central y abrir el cepo financiero. Caputo junto a Quirno ya le pidieron a Kristalina Georgieva ese número mágico, pero la directora gerente del FMI dijo que no.

En este viaje, Daza, Quirno y Werning trabajan para alcanzar idéntico objetivo, en un escenario complejo en política doméstica. Una preocupación de Georgieva y su staff es si el Gobierno tendrá los votos suficientes para aprobar en el Congreso el futuro programa con el FMI.
Está vigente la ley Martín Guzmán, que establece la participación ineludible del Parlamento cuando se toma nueva deuda. Y sin los votos del Congreso, no hay nuevo programa. Obvio, el Fondo no aceptará un DNU en reemplazo.

El actual programa termina a fin de año. Restan dos revisiones y un desembolso cercano a los 1.000 millones de dólares. Hasta hoy, el acuerdo tácito entre Argentina y el FMI se podría resumir de la siguiente manera:
1. Si hay nuevo programa, no habrá más revisiones del acuerdo anterior y los 1.000 millones de dólares pendientes se sumaran al nuevo desembolso.
2. Si no hay nuevo programa, se hacen las revisiones y el FMI desembolsa los 1.000 millones de dólares que adeuda.
Frente a la compleja situación política que enfrentarán Milei-Caputo en el Congreso -2025 será año electoral, se encuentra la apacible relación que mantendrá el Presidente con la futura administración republicana. Milei y Trump tienen sintonía ideológica y personal, y ello es clave para asegurar un desembolso extra del FMI.
En este contexto, Daza, Quirno y Werning están ganando tiempo. Avanzan con las negociaciones técnicas -si será un crédito de Facilidades Extendidas o Stand-By, por ejemplo-, plantean sus propias exigencias y escuchan los reparos del staff del Fondo para el caso argentino.
Luis Cubeddu está a cargo en nombre del FMI, y la relación fluye sin problemas, ya superada la interna del presidente Milei con Rodrigo Valdés, director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI. Georgieva respeta a Valdés, pero optó por su apartamiento ante la presión de Balcarce 50.
“Para apoyar mejor el compromiso constructivo en curso con las autoridades argentinas, el director del Hemisferio Occidental, Rodrigo Valdés, ha delegado completamente las negociaciones del programa a Luis Cubeddu, el subdirector del departamento del Hemisferio Occidental”, explicó la portavoz del FMI, Julie Kozack, cuando se había consumado el desplazamiento.
La silenciosa misión argentina regresará a Buenos Aires antes del fin de semana. Continuarán los contactos entre Buenos Aires y DC, y la agenda futura es fácil de explicar: El gobierno tiene que conseguir los votos en las dos cámaras legislativas, y Trump debe entrar a la Casa Blanca.
La combinación de estos factores políticos determinarán la existencia de un nuevo programa con el FMI. Trump asume el 20 de enero, y las sesiones ordinarias empiezan el primero de marzo. Una eternidad.
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