
El presidente Javier Milei anticipó a mediados de junio que, dado el sobrecumplimiento de las metas de acumulación de reservas durante los primeros meses del año, el Banco Central estaba en condiciones de afrontar la pérdida de hasta USD 3.000 millones. Para ese momento, a pesar de que ya estaba claro que empezaba a hacerse cuesta arriba seguir acumulando divisas, todavía se mantenía cierta expectativa de que mejorar el flujo de ingreso de dólares. Eso no ocurrió, al menos no en una magnitud significativa, al tiempo que la exigencia de los compromisos en moneda dura se empezó a hacer sentir. La dinámica inquietó al mercado,que reaccionó con un aumento de la brecha cambiaria, lo que provocó una reacción oficial que inquietó aún más: el Gobierno anunció que comprar reservas dejaba de ser una prioridad y que lo más importante de todo era secar la plaza de pesos para evitar presiones cambiarias, ergo, inflacionarias.
En ese marco, se recorta la cifra que proporcionó el propio Milei y que resultó en una profecía autocumplida: en los últimos 15 días, el Banco Central perdió USD 3.000 millones de reservas. Es decir que, en términos netos, volvieron a terreno negativo, en el que se encuentran hoy por unos USD 4.500 millones según se computen o no los depósitos del sector público. Bajo la metodología del FMI, la cifra asciende a los USD 6.000 millones negativos.
Se trata de un desempeño que estaba previsto en su tendencia pero que resultó empeorado por un ingreso algo menor de dólares del campo respecto de las expectativas -no del volumen de liquidación promedio-, en lo que influyó la caída de los precios de la soja pero también cierta reticencia del campo a vender con el actual tipo de cambio. Al mismo tiempo, los pagos a la energía tuvieron un peso también mayor al previsto, ya que se anticipó la ola de frío para mayo, que se repitió aún con mayor intensidad hacia fines de junio.
Lo que sí se cumplió al pie de la letra fueron los pagos de deuda en dólares, tanto a los acreedores como al FMI, lo que hizo fuerte mella en el volumen de reservas acumuladas.
“La situación de las reservas no es para nada holgada, con una fuerte caída de las reservas netas en los primeros 17 días de julio como resultado de pagos netos de deuda y un segmento oficial del mercado de cambios en el cual, ya desde junio, al BCRA se le complica tener saldo positivo. Esto suma dudas sobre la disponibilidad de divisas para hacer frente a los próximos pagos”, apuntó la consultora financiera Outlier, donde se remarcó que hasta el miércoles pasado, es decir, después del pago al FMI que operaba el día anterior y de los bonos de la deuda a los acreedores extranjeros que se canceló el 9 de este mes, “se puede estimar que las reservas netas según metodología FMI eran negativas en casi USD 6.000 millones. Si no restan los depósitos del Gobierno lo eran en USD 4.584 millones. Esto implica un deterioro de más de USD 3.000 millones en poco más de 15 días”, agregó.
La situación y perspectiva para las reservas es la principal fuente de inquietud en el mercado que tuvo una mala semana pasada -con un retroceso de 3,5% de los bonos y un riesgo país en torno a los 1.600 puntos básicos- y que recién en la rueda del lunes anotó una mejora.
“El mercado sigue enfocado en el desempeño del BCRA en el MLC y el último anuncio de que la autoridad monetaria acumulará dólares a un ritmo menor al que lo venía haciendo”, destacó el Grupo IEB, donde advirtieron que esa estrategia genera dudas respecto de la capacidad de pago de la deuda en el mediano plazo. Ese temor fue, en definitiva, lo que motivó al Presidente a anunciar que tenía cerrados créditos REPOS con bancos del exterior para garantizar esos pagos. En rigor, fuentes oficiales confirmaron que se negocia por estas horas una línea por unos USD 2.800 millones para enviar al mercado la señal de que, tal como dijo Milei el viernes por la noche, la Argentina va a “pagar como sea”.
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