
El viernes 28 de junio, el ministro de Economía, Luis Caputo, acompañado por el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, dijo que su plan económico de estabilización tendrá dos etapas más y que el objetivo junto con el déficit fiscal cero es la emisión cero. Dentro de los anuncios destinados a sanear el pasivo del Banco Central, se dieron trascendentes precisiones respecto del tipo de cambio.
Caputo descartó una nueva devaluación del dólar oficial y aseguró que continuarán con el “crawling peg” al ritmo de 2% mensual, además de mantener el “blend” por el cual las exportaciones del agro se liquidan en un 80% en el mercado de cambios y un 20% en el mercado de valores a la paridad del “contado con liquidación”. Por lo manifestado, el cepo cambiario se eliminaría recién en una tercera etapa del programa económico.
Pero esas definiciones no fueron las únicas. El Gobierno envió al Congreso un informe de avance del proyecto de ley de Presupuesto 2025, donde se establecen las proyecciones de la actividad económica, inflación y dólar, entre otras. Según el texto remitido a la Cámara de Diputados, calcula que el tipo de cambio oficial terminará el año 2024 a $1.016,10, que representa un incremento de 25,7% interanual, que contrasta con la proyección de inflación de 130% previsto en la llamada “Ley de Leyes”.
Esa muy gradual devaluación aplicada por el Gobierno, que contrasta también con las proyecciones de inflación anual contempladas en el último REM (Relevamiento de Expectativas de Mercado) del BCRA, en de 143,5% para 2024, empieza a acrecentar el debate entre los economistas acerca de un posible “atraso cambiario” que se está incubando, dado el rol de “ancla” cambiaria que el gobierno de Javier Milei le está atribuyendo al dólar para ponerle freno a la inflación, una estrategia que también utilizaron las administraciones anteriores.
En este sentido, una voz de peso en los mercados internacionales se hizo oír este jueves, la de Robin Brooks, ex economista jefe del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF por su sigla en inglés), entidad que agrupa a las grandes financieras globales.

“Argentina devaluó en diciembre, pero ahora se ha desperdiciado cualquier impulso potencial para las exportaciones. Esto se debe a que el tipo de cambio real (en color negro) ha vuelto a subir al nivel que tenía antes de la devaluación. Argentina es la misma historia una y otra vez. Líder diferente. Mismo error...”, expresó Brooks.

La visión de Brooks es ratificada por los datos que publica el propio Banco Central argentino. El ITCRM (índice de Tipo de Cambio Real Multilateral) que calcula la entidad monetaria se ubicaba el 3 de julio en los 87 puntos, por debajo del tipo de cambio de equilibrio teórico de base 100.
Tras el histórico salto cambio de 118,3% aplicado en la rueda del 13 de diciembre y que llevó al dólar mayorista desde los $366,45 a los $799,95, el ITCRM alcanzó un reciente máximo de 162,2 puntos, lo que podría definirse como un tipo de cambio muy alto y, desde este punto de vista, sumamente competitivo para las exportaciones de bienes y servicios producidos por la Argentina.
No obstante, el equipo económico determinó que de ahí en adelante iba a regular la suba del dólar mayorista a un ritmo mensual de 2%, una tasa muy inferior a la de la inflación de los últimos siete meses. En ese lapso, el ITCRM recortó 75 puntos o un 46,4 por ciento. Esos 75 puntos son aproximadamente, la diferencia entre la devaluación y la inflación desde diciembre a esta parte.
Otras expresiones
Por su parte, el banco Barclays explicó en un informe conocido días atrás que “el camino para recuperar los mercados y fortalecer las reservas se está demostrando en forma gradual”.
“Los pagos de importaciones recién se están normalizando, el Tesoro ha acumulado deuda adicional de corto plazo, el tipo de cambio se ha apreciado con la brecha cambiaria ensanchándose (40%/45%) cuando las exportaciones son estacionalmente mayores”, puntualizó sobre las principales preocupaciones el economista de la entidad, Sebastián Vargas.
Otra de las grandes inquietudes es la capacidad del Gobierno de generar consenso en torno al ajuste fiscal, una camino que luce complicado, al menos a los ojos del mercado. “La política fiscal enfrenta dificultades de construcción de consenso, lo que ha llevado a las autoridades a depender del ajuste fiscal discrecional”, advirtió al tiempo que admitió que si bien la inflación bajó, todavía las expectativas se encuentran en un nivel alto, por encima del 5% mensual para el segundo semestre.
Hacia adelante, Barclays también señaló que el levantamiento del cepo cambiario, muy necesario en su visión, enfrenta el desafío de un tipo de cambio fuerte y un alto volumen de deuda local a refinanciar.
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