
Más allá de la suba de 0,8 puntos respecto al año pasado, las miradas con zoom a las cifras de desocupación exponen una serie de datos que dan cuenta de la particular dinámica de la crisis económica. Esencialmente, un nivel de desocupación que creció pero que se esperaba mayor, tal vez por el denominado “efecto desaliento” a encontrar trabajo –por ende, los aspirantes a conseguir un empleo no lo buscan por lo que para la estadística no computan como “desocupados”–, situación que convive con la de trabajadores que buscan más trabajo para compensar la pérdida de ingresos. Ambas postales de una crisis que afectó de manera desigual el empleo registrado y el informal.
De todos los aspectos salientes que los diferentes analistas del mercado laboral destacaron, todos coincidieron en resaltar la suba de los ocupados demandantes, es decir, aquellos que ya cuentan con un trabajo pero que les resulta insuficiente y buscan ocuparse más horas.
“El dato más preocupante viene por el lado de la presión sobre el mercado de trabajo, que saltó del 26,9% al 29,5%. Esto se explica no solo por el aumento de la desocupación, sino fundamentalmente de los ocupados demandantes que, caída salarial mediante, buscan más trabajo”, explicó el economista del Observatorio de la CTA, Luis Campos, quien a su vez destacó que si bien a variación interanual es importante, “no llega a ser la más elevada del período reciente” ya que se ubica en segundo lugar tras el aumento de un punto porcentual entre el primer trimestre de 2018 y el mismo período de 2019. De todos modos, advirtió que el mayor riesgo se encuentra en su evolución futura, que tiene pocas perspectivas de mejorar, al menos en el actual trimestre.
También el macroeconomista Federico Pastrana, director de CP Consultores y especialista en el mercado laboral, destacó el impacto de la caída de los ingresos en el empleo.

“Aumentó la gente que busca trabajar más horas. Se destruyeron más puestos no registrados, no calificados y con menor nivel educativo. Entender los efectos de la crisis implica mirar los salarios promedio y el desempleo pero también su composición”, opinó el experto quien agregó: “Aumentó la subocupación demandante 0,8 puntos, Igualito a los ‘90. Caen los ingresos, la gente necesita trabajar más horas para generar el mismo ingreso”, explicó.
Asimismo, los datos difundidos ayer por Indec marcaron otro síntoma de la crisis: el trabajo informal, que suele registrar un crecimiento en detrimento del empleo registrado en los períodos de recesión, tuvo en los primeros trimestres del año un comportamiento diferente. Fue el sector en el que más puestos de trabajo se destruyeron, lo que marcó, según Pastrana, que la informalidad no actuó como “refugio” ante la amenaza de la desocupación.
En la misma línea, el empleo formal calificado es el que denota mayor resistencia, ante la dificultad de las empresas de encontrar ese tipo de personal. En contrapartida, aquellos puestos que requieren de una menor calificación son los que mayor impacto anotaron. Esa estadística es consistente con el nivel educativo: aquellos con educación primaria y secundaria incompleta son los más afectados por la desocupación.
Para el segundo trimestre, las posibilidades de mejora en función de un nivel de actividad algo mejor al de los primeros tres meses del año, se mantiene latente aunque lejos de estar asegurada.
Según la consultora LCG, los resultados difundidos ayer “eran esperables en un marco recesivo y sin dudas tuvieron su efecto para moderar incrementos de precios y salarios. Para el segundo trimestre de este año es posible que veamos una atenuación de la desmejora de los números de mercado de trabajo debido a una eventual mejora (leve) de los indicadores de actividad”, sostuvo aunque aclaró que tanto la corrección de precios relativos por delante, que puede seguir impactando negativamente en el nivel de actividad, como un posible aumento de la cantidad de personas buscando empleo (población económicamente activa), pueden neutralizar esa mejora.
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