
Uno de los debates más intensos en la agenda de los economistas que el Gobierno logró instalar es qué tan potente y rápida será la recuperación económica. Sobre todo, qué forma tendrá la curva que la graficará en un futuro: si será una “V”, como dice el Presidente, es decir, veloz y contundente; si en cambio será una U, algo más lenta, como se inclina a pensar un gran número de analistas o si, como pronostican los más pesimistas, estamos camino a una dramática “L”, signo de la caída y depresión.
Parece prematuro hacer un pronóstico preciso pero sí, al menos, se detectan algunas coincidencias entre los destinos consultores económicos. La primera de ellas es que la economía ya hizo piso, es decir, ya habría dejado de caer en marzo, lo cual no quiere decir que esté en vías de iniciar la recuperación, ni siquiera que haya indicios de rebote. Simplemente, el derrape se frenó. Es lo que percibe el consenso del mercado y también lo que indica el archivo de experiencias traumáticas de la economía argentina: la caída paró, en la mayor parte de los casos, en los primeros tres meses después del shock. La segunda coincidencia es que el motor de la recuperación no será, como lo fue en los últimos años, el consumo interno. Lejos de eso, esa será la variable que más tiempo tardará en recomponerse. Incluso más: puede no tratarse de una evolución no deseada sino todo lo contrario, un factor más dentro del plan de estabilización.
Cuatro ruedas
“El crecimiento tiene cuatro grandes ruedas: el gasto público, el consumo, la inversión y las exportaciones. En este momento, el único que está tirando para adelante y con fuerza es el último”, afirmó Esteban Domecq, socio de la consultora Invecq. El economista explicó que, proceso de estabilización mediante y con la ayuda de herramientas como la Ley de Bases, será la inversión la segunda variable que se sumará a empujar hacia adelante la economía. Tachado el gasto público, para Domecq el consumo será el último motor en encenderse, en la medida que los salarios recuperen el poder adquisitivo.

Una mirada similar, apoyada en las últimas experiencias de profundas crisis económicas del país, es la que aportó ayer un estudio de la consultora Analytica, en el que se analizaron los últimos tres grandes episodios devaluatorios (1975, 1989 y 2001/2) para determinar cuándo y cómo podría producirse la recuperación. Para adelantar la conclusión, vale aclarar que en ninguno de esos tres casos, la economía se recuperó en “V”. Además, de esa mirada retrospectiva surgió la misma conclusión: el consumo no es un sector determinante en el regreso al crecimiento, sino más bien todo lo contrario. Su recuperación es una consecuencia y no una causa del crecimiento. Llega una vez que el resto de la economía ya arrancó. Al menos, eso es lo que ocurrió hasta ahora.
“Al analizar por componente de la demanda, notamos que el comportamiento del consumo difiere significativamente respecto de lo observado en el producto. Alcanza un piso recién entre dos y tres trimestres posteriores a la devaluación, y con retracciones superiores a las del PBI. Además, excepto en 2002, no vemos una “U”, menos una “V”, más bien una “L”. El consumo se retrae entre 7 y 10 puntos después de cada devaluación de shock. Ese resultado no es necesariamente una externalidad indeseada del ajuste, sino una decisión de política económica para disminuir la demanda de importaciones y restablecer el equilibrio en la cuenta corriente”, explicó el informe de Analytica.
La consultora agregó que, en contrapartida, las exportaciones registran el comportamiento inverso. “La dinámica de las exportaciones es diametralmente opuesta a la observada para el consumo, No es sorprendente que las ventas externas crezcan, ya que el incremento del tipo de cambio mejora el ingreso de los exportadores. En los antecedentes históricos analizados, excepto durante un trimestre de 1989, se observó incluso un cambio de tendencia, no sólo una corrección transitoria. Esto posiblemente se explica por las reformas estructurales que acompañaron los procesos”, destacó.
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