
Tras una interminable campaña electoral, en la última semana quedaron expuestos con crudeza los modelos prácticamente antagónicos que proponen Sergio Massa y Javier Milei para hacer frente a la profunda crisis económica que padece la Argentina. Pero a pesar de las enormes distancias que separan estas distintas visiones para sacar al país de la decadencia, aparece un elemento común en ambas propuestas: la necesidad imperiosa de eliminar de una buena vez el déficit fiscal.
El equilibrio de las cuentas públicas no es una opción: es el único camino posible para evitar una hiperinflación, que luce cada vez más cercana. Sin financiamiento externo y casi sin capacidad para emitir deuda por parte del Tesoro en el mercado interno, ya muy presionado, la única opción que queda es darle a fondo a la emisión monetaria. Solo en diciembre el Central tendrá que emitir una cifra superior a los 2 billones de pesos, una cifra histórica que agravará todavía más los desequilibrios.
Lograr el equilibrio fiscal es más fácil en el discurso que en la práctica; se trata de un problema ya histórico de la Argentina. Y las pocas veces que se logró, por ejemplo durante parte de la convertibilidad o en los primeros años de kirchnerismo, al poco tiempo las presiones pro-gasto provocaron nuevas recaídas en la enfermedad del déficit.
De cara al rojo fiscal
Ninguno de los dos candidatos presentó propuestas contundentes para borrar el enorme rojo de las cuentas públicas: entre el resultado primario, el déficit financiero y los intereses de las Leliq, la cifra supera con comodidad 12% del PBI.

Milei, por ejemplo, hizo foco en la reducción de ministerios como una propuesta emblemática, pero desde el punto de vista del gasto es un monto menor. Y Massa también hizo lo propio, al indicar que los teléfonos celulares de los funcionarios ya no será solventado por el Estado.
En el caso del ministro de Economía y candidato, no propicia una baja del gasto público, sino la eliminación de exenciones impositivas. Así quedó planteado en la “separata” del proyecto de Presupuesto enviado al Congreso. La mayoría de ellas, sin embargo, son de dudosa implementación.
Tampoco Milei convenció con su idea de “reducir 15 puntos” del gasto público. Buena parte de esa disminución significa recortar recursos que pertenecen a las provincias, es decir que se trata de una propuesta inaplicable tal como fue presentada.
Estabilización imprescindible
El plan de estabilización es imprescindible para hacerle frente a la inflación, recuperar la confianza y que vuelvan las inversiones. Una parte sustancial de esa propuesta deberá concentrarse en el plano fiscal. Fue lo que prometió Martín Guzmán al inicio del gobierno de Alberto Fernández. Nunca cumplió.

Más allá de la ineludible y urgente tarea relacionada con el frente fiscal, los candidatos marcaron mucho más claramente sus diferencias en el último tramo de la campaña. Y no fueron solo slogans ideológicos sino también diferencias muy concretas sobre cómo será la futura política económica.
Massa fue muy enfático tanto en el debate como en su presentación ante empresarios en el Cicyp sobre la necesidad de proteger a la industria nacional y sostener un tipo de cambio alto. También reconoció que no habrá salida rápida del cepo. Habló de un año para darle tiempo al Central a recuperar reservas, aunque sin precisar un monto especifico. Por lo tanto, estableció una serie de condiciones para ir hacia la unificación cambiaria. El peligro es que las mismas nunca se verifiquen, por lo que las restricciones se prolongarían por mucho tiempo.
El actual titular de Aduana, Guillermo Michel y varios de los actuales referentes del gabinete lo acompañarían en la gestión: el actual titular de Industria, José Ignacio de Mendiguren (presente en el encuentro del Cicyp), Lisandro Cleri (director del Central), el jefe de asesores Leonardo Madcur, el viceministro Gabriel Rubinstein y el secretario de Finanzas, Eduardo Setti. El nombre del futuro ministro de Economía se revelaría entre lunes o martes próximo y, según adelanto Massa, no es alguien de su círculo íntimo.

La propuesta de Milei
Milei, en cambio, insiste con su propuesta de dolarización, aunque posiblemente resulte inviable en el corto plazo por la sencilla razón que no hay dólares en el Banco Central para implementarla. Ya en sus últimas apariciones públicas prefirió profundizar otro tipo de propuestas. A diferencia de Massa, se mostró mucho más proclive a una apertura más rápida del cepo y a favorecer la apertura de la economía, aumentando la competencia como una forma de combatir la inflación.
Con lógica, los mercados financieros razonaron de la siguiente manera: si gana Massa, el sinceramiento cambiario tardará en llegar y el dólar oficial puede mantenerse atrasado por un plazo más prolongado. Si el ganador es Milei, es razonable esperar que ese proceso suceda mucho más rápido, tal vez incluso en la transición hasta el 10 de diciembre.
El presidente del Central, según ya adelantó el propio Milei en caso de una victoria, será Emilio Ocampo, con la intención de avanzar con el plan dolarizador. Y para el ministerio de Economía crecen las chances de Federico Sturzenegger, como síntesis del acuerdo entre el PRO y el libertario. La contra es que no tiene la mejor relación con Mauricio Macri.

Cualquiera resulte ganador, lo que es seguro que a partir de mañana no habrá un solo día para perder. La inflación de noviembre apunta a terminar arriba de 12 por ciento. En diciembre podría incluso saltar al 15%, pero dependiendo cómo evolucione la brecha cambiaria podría llegar incluso al 20%, considerando los grandes desequilibrios y atrasos de precios que acumula la economía. Esto es cierto particularmente en tarifas, pero también en combustibles y casi todos los productos que se comercializan en los supermercados.
El peligro de una salida desordenada de la crisis está latente y puede generar una explosión en el verano. La ventana de tiempo para reencauzar la confianza y mostrar un camino diferente después del 10 de diciembre es muy corta.
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