
Aun con las dudas que persisten en el mercado respecto a la efectividad del incentivo cambiario, el nuevo dólar a $300 que entrará en vigencia el lunes para el complejo sojero, y extendido a las economías regionales, contribuirá a allanar el camino hacia fin de junio, cuando otra vez el Gobierno deberá cumplir metas acordadas con el FMI de acumulación de reservas, previstas en USD 9.000 millones.
Lograr ese objetivo será complejo, incluso con la implementación de la medida, pero, eventualmente, aliviará las dificultades. Aunque no las solucionará, sino que se trasladarán para el trimestre siguiente cuando comenzará a apremiar el calendario electoral, porque se trata de un mecanismo que adelanta, más que promueve las operaciones de exportación y su liquidación al Banco Central.
De ahí la percepción que sobrevuela entre analistas y operadores del mercado de que, una vez finalizado el plazo a fin de mayo, el Gobierno reedite por cuarta vez el tipo de cambio diferencial. El secretario de Agricultura, Juan José Bahillo, se refirió a esa posibilidad al asegurar que, tras el fin del dólar soja 3, “habrá medidas adicionales, aunque no necesariamente un tipo de cambio diferencial” como en esta oportunidad.
Las proyecciones del equipo económico son conservadoras: apuntan esencialmente a la liquidación de las toneladas de soja remanentes de la campaña anterior (entre 6 y 7 millones de toneladas), que aportaría a precios actuales unos USD 3.500 millones, y a una mínima parte de la demorada cosecha actual para engrosar el volumen en unos USD 5.000 millones. La cifra representa un valor intermedio entre el volumen obtenido con la primera versión del dólar soja en septiembre pasado, unos USD 8.000 millones, y la edición de diciembre de USD 3.700 millones, y resultará insuficiente por sí sola para acumular el nivel de reservas necesario.
Sin embargo, quedarían disponibles todavía partes de las divisas correspondientes a la magra cosecha actual. “Los anuncios del miércoles cubren sólo una parte de los problemas planteados y tienen además efectos temporales que pueden dejar una herencia más crítica aún para el tercer trimestre”, apuntaron desde el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral), con foco en los tiempos entre la necesidad de cumplir las metas y las auditorías del FMI para liberar los desembolsos.
En ese sentido, remarcaron los economistas del instituto mediterráneo que las cuentas del período julio-septiembre condicionan, en rigor, el desembolso de diciembre, después del traspaso presidencial con lo cual, en definitiva, el dólar soja actual será parte del paquete de la herencia del próximo gobierno.
“Cierto es que la auditoría de las metas de fin de septiembre condiciona los desembolsos de diciembre del FMI, por lo que, en realidad, habrán de afectar a la próxima administración. El objetivo del Gobierno parece concentrarse en evitar desvíos demasiado groseros para las metas de fin de junio, de modo que no exista tanta incertidumbre acerca del desembolso de setiembre”, explicaron los economistas Jorge Vasconcelos y Maximiliano Gutierrez del Ieral de Fundación Mediterránea.

Pero incluso desde esa perspectiva, la de acercarse lo máximo posible al cumplimiento de metas de junio para asegurar los fondos tres meses más tarde, el desafío no es menor.
Según un análisis de diferentes escenarios realizado por Aurum Valores, si a los precios actuales se liquidara el stock remanente de soja, que estima en 6 millones de toneladas, y una cifra similar de la nueva cosecha, es decir, otros 6 millones de toneladas que equivalen al 25% de la producción según las estimaciones de la Bolsa de Cereales, la acumulación de divisas netas no alcanzaría para conseguir la meta comprometida de reservas netas con el FMI para junio.
Esto porque, descontando el saldo de ventas de divisas que tuvo que hacer el Banco Central para el resto de los sectores no agrícolas en los últimos meses a un promedio de USD 2.100 millones, “se necesita una liquidación de al menos 8 millones de toneladas de soja para que el saldo neto de acumulación de reservas sea mínimamente positivo. Con 12 millones de toneladas de soja vendidas el saldo de acumulación de divisas se acercaría a los USD 3.000 millones”, detalló la consultora financiera.
En ese esquema, se volverán vitales los desembolsos de otros organismos multilaterales de crédito y también se registraría un aporte, aunque menos central, por parte de las economías regionales a las que, en esta ocasión, se les extendió el beneficio.
“El dólar soja 3 apunta a adelantar exportaciones (¿qué quedará para el tercer trimestre?) y, en el caso de las economías regionales, el impacto sobre la balanza comercial puede no ser significativo, aunque sí relevante para los severos problemas de rentabilidad que atraviesan varias de ellas”, concluyó el análisis de Ieral.
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