Borges según Mariano Llinás: "Le dio todo a la literatura, y eso le costó gran parte de lo que los demás llamamos la vida"

El documental ‘Biografía de Jorge Luis Borges’ se estrena este domingo en Malba Cine. “Otra vez hicimos una película larga y otra vez el público se mostró entusiasta. No a pesar, sino porque era larga”, afirma el director

Hombre con barba, esmoquin negro y camisa blanca con las manos levantadas frente a un fondo desenfocado con personas y luces.
Una imagen viral de Mariano Llinás, luego del estreno de "Biografía de Jorge Luis Borges" en el Festival de Venecia. "Es interminable la conversación sobre él", dice (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Mariano Llinás no está cansado de hablar de Jorge Luis Borges. Todo lo contrario. “Me parece que es interminable la cantidad de conversación que uno puede tener sobre Borges. Estoy feliz de poder hablar de él y que me paguen por ello.” Este fin de semana, Llinás estrena en Buenos Aires Biografía de Jorge Luis Borges, en el inicio de una serie de funciones con entradas agotadas antes de que la película llegara a la pantalla. Durante noviembre —y todo indica que así será en los meses subsiguientes— la película se proyectará en Malba Cine todos los domingos a las 18, y las entradas para todo el mes ya no estaban disponibles días antes del estreno. “Se agotaron muy rápidamente”, cuenta Llinás. “Supongo que les irá bien también en diciembre, porque cuando empieza tan fuerte es raro que se apague. Tengo fe en que va a durar todo el verano, como mínimo.”

La película —con producción de Laura Citarella y fotografía de Agustín Mendilaharzu— tuvo su primera proyección en Argentina el jueves 5 de noviembre en el festival Fuera de Campo, que se realiza en Mar del Plata en paralelo —y como explícita protesta— al Festival Internacional que también comenzó el jueves. Llinás habló desde allí, donde participó junto a su equipo. El festival, que anteriormente se llamaba Contracampo, funciona para el director como el espacio donde todavía sobrevive la cinefilia con criterio: “Es el lugar en donde siguen funcionando las cosas como funcionaban cuando el festival existía: las discusiones, los debates, cierta elección de películas con un criterio de modernidad, o de fuerza política en el sentido cinematográfico. El público también. Me da la impresión de que el festival oficial se volvió algo que no le interesa demasiado a nadie, sobre todo a los propios organizadores.”

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Con una duración de 323 minutos divididos en tres episodios, Biografía de Jorge Luis Borges parte del registro exhaustivo de los manuscritos, cartas, libros y anotaciones del escritor —conservados como colección en Nueva York— para construir, desde allí, una pesquisa que se expande hacia los lugares que Borges habitó, los viajes que hizo, las mujeres que amó y las polémicas en las que se involucró. La voz en off de Llinás conduce un relato que no busca conclusiones sino preguntas, y que recorre Suiza, Islandia, Chile, China, Uruguay, Estados Unidos y España, entre otros países, siempre con alguna excusa borgeana como pretexto. Junto al director emerge Ernesto Montequín, investigador y traductor especializado en la vida y obra de Borges, quien oficia de guía en el laberinto del escritor argentino más relevante de la historia. Entre los dos, mejor dicho con la interacción entre ambos, la película cobra un sentido más liviano, incluso divertido por momentos.

El título del documental fue una decisión deliberada de despojo. Llinás explicó que lo primero que descartó fue caer en lo que llamó el “cotillón borgeano”: “Si hay algo que tratamos de hacer es no meternos en esa especie de laberintos y tigres y cuchilleros que a la gente parece necesitar tanto. No poner la soñera y el barro, como los libros y la noche, el agua y el aire, ese tipo de cosas. Queríamos hacer una película que fuese la biografía de Jorge Luis Borges. El tema de la película es casi la posibilidad de hacer una biografía de Borges, si se puede hacer una biografía desde el cine.” El nombre, en ese sentido, no es una simplificación sino una toma de posición: la película es exactamente lo que dice ser.

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—Viajaste mucho con la película antes del estreno en Argentina. ¿Qué te traes de esa gira por festivales internacionales?

—Lo más grato de todo es la alegría que tenía la gente de ver una película de cinco horas. La sensación de disfrute de que una película durara tanto me pareció muy reconfortante, porque existe mucho un discurso muy pesimista que sugiere que ya a la gente no le interesa el cine, que no tienen capacidad de concentración, que no tienen capacidad de ver algo largo, que solamente pueden mirar TikTok. En lo que a mí respecta, no fue así. Lo que hubo fue un interés enorme por ver la película y un interés enorme por quedarse ahí y por tener la experiencia cinematográfica. En ningún momento existió ninguna de esas amenazas a la atención o a la concentración que todo el tiempo dicen que hay. Otra vez hicimos una película larga y otra vez el público se mostró entusiasta. No a pesar de que fuera larga, sino porque era larga. Siento que muchos de los prejuicios que existen son prejuicios falsos y que se subestima una vez más al público.

Mariano Llinás estrena una monumental biografía de Borges en Venecia
La producción audiovisual dura 323 minutos divididos en tres partes e indaga en manuscritos y cartas archivados en Nueva York. (GPS Audiovisual)

—El lugar común indica que si decís Argentina fuera del país, te responden “Messi” o “Maradona”, o te hablan del Che y el Papa Francisco. También de Borges, ¿Es así?

—En los lugares donde yo muestro películas no pasa eso, esa limitación a Borges, a Messi, al fútbol, al tango. Gente que va a ver las películas que yo hago conoce al cine argentino. Dentro de las personas a las cuales les importa el cine, el cine argentino es un cine importante. No es que van a ver una película de un lugar exótico. Para cualquier persona a la que le interese el cine, el hecho de que una película sea argentina ya es una especie de oferta de algo interesante. Argentina es uno de los países más importantes del mundo en relación con el cine. Que haya una película sobre Borges importa, pero me parece que les importa tanto por Borges cuanto por el hecho de que sea una película argentina.

—Al comienzo de la película aparecen palabras como “libertador”, “prócer”, “mártir” para definir a Borges. ¿Por qué?

—Son palabras deliberadamente hiperbólicas, pero si tuviera que justificarlas: mi impresión es que para quienes nos gustan los libros hay algo en Borges en que sí, es una persona que consagró su vida a las letras, que le dio su vida a la literatura y que vivió básicamente por la literatura y para la literatura. Eso le costó gran parte de lo que los demás llamamos la vida. Es una persona que no pudo formar una familia, que no pudo tener descendencia, que no pudo tener una vida independiente, que vivió en muchos casos muy recluido, que fue ciego. Ambas cosas él siempre las conectó. La vocación literaria para él fue de un enorme costo. De ahí lo de prócer o mártir: alguien que pensó la literatura como pocos y la importancia de la literatura en la vida cotidiana como pocos.

—La idea de un Borges desdichado flota en ese texto inicial que abre la película.

—Esa definición es de él, no mía. Él se pensó a sí mismo como alguien que vivió una vida desdichada. Hay que ver cuánto de eso es cierto. Pero hay algunas cosas que en general son consideradas como fuentes de dicha —como el hecho de formar una familia, tener un compañero afectivo, tener hijos— que para él no existieron y no pudieron existir. Uno piensa en alguien que no fue amado en el sentido físico y espiritual, que el amor de las mujeres, que eran su permanente preocupación, no lo consiguió posiblemente nunca. Pienso en alguien desdichado. Si yo me pienso en esa vida, pienso que él estuvo solo bastante la mayor parte del tiempo. Bueno, con la excepción de su mamá.

—Por varias cuestiones propias de su estructura y la forma de resolverla desde las imágenes, la película elude la definición estandar de un documental ¿Es un documental?

—Ahora se le dice documental. Pero la palabra siempre reveló una especie de lugar muy estrecho de lo que se le permite al cine. En general se habla de documentales cuando son películas donde no hay actores haciendo escenas dramáticas. Entonces, todo lo que no sea eso se le llama documental. Es un poco limitado. Solo quien piensa que el cine es una serie de actores diciendo diálogos —que es una idea del cine muy antigua— usa esa distinción. No estoy seguro de que la distinción entre documental y ficción todavía continúe. Pero si se llama documental a todo lo que no es una ficción clásica, supongo que es un documental, sí.

—La película no llega a ninguna conclusión sobre Borges. Parece que el camino “es” la película.

—La película se comporta de manera borgeana. Establece la idea de que hay un montón de hipótesis y un montón de preguntas, y que la gracia es que existan esas preguntas y esas hipótesis sin la obligación de responderlas. Las respuestas son siempre fallidas o truncas, pero a nadie le importan tanto las respuestas. La aventura es la busca, como diría Borges, de preguntas y no de respuestas. Lo que vale la pena es ir ahí a encontrarse con cosas que uno no sabe, no buscarle solución. Me parece que toda la obra de Borges está sostenida en una idea parecida: que en el fondo cualquier forma de respuesta es una forma puramente conjetural.

—Ernesto Montequín aparece como compañero de aventuras. ¿Cómo definirías lo que se da entre ustedes en la película?

—Uno podría pensar que es una película sobre dos personas que se van haciendo amigas a lo largo del relato. Esa es una palabra que nunca se dice, pero yo pienso que uno podría pensar en eso: se conocen y cuando la película termina, ya son amigos, ya hay una confianza. Dos hombres se hacen amigos gracias a Borges; no está mal pensarlo así. Hay algo de eso que le da a la película una especie de brillo que si fuera solamente la busca de Borges y sus misterios tal vez no tendría. Creo que hay un aspecto un poco más conmovedor ahí.

Tres hombres junto a una mesa blanca con documentos y una caja de archivo, mientras uno sostiene una cámara de video y otro revisa papeles
El proyecto contó con la producción de Laura Citarella, la fotografía de Agustín Mendilaharzu y la colaboración del investigador Ernesto Montequín.

—¿Es eso algo específicamente argentino, dos tipos que van juntos en búsqueda de algo? No se me ocurre una película francesa con esa onda.

—No les negaría a los franceses la posibilidad de la amistad (risas). Pero siento que hay algo de eso que es una idea muy borgeana también. Borges decía que la amistad en otras partes del mundo no funciona de la misma manera. Hay una canción de Virus que se arroga, entre los múltiples inventos argentinos, a los amigos. Misteriosamente coincide con Borges. Creo que hay algo de la amistad que tal vez es un tema importante para la literatura argentina. Cuando Borges habla de Huckleberry Finn o de Kim, de Kipling, pone el acento en la amistad. Los lectores anglosajones no piensan en eso: no piensan que es un libro sobre la amistad de un muchacho y un exesclavo negro. Borges descubre ahí la idea de la amistad como algo central. Y me gusta pensar en mis propias películas también bajo esa óptica. Siento que son películas donde hay amigos.

—En el documental recrean con tu esposa Laura Paredes una graciosa entrevista a Borges sobre Guillermo Vilas. ¿Eso entra dentro de la idea de desacralizar a Borges?

—El propio Borges se desacralizaba a sí mismo con esas cosas. Para mucha gente, Borges fue esa especie de personaje casi cómico, de alguien encerrado en lo suyo, con el célebre “perdonen mi ignorancia” que Mario Sapag imitaba. Era una persona conocida, una persona que estaba siempre ahí. Alguien que no sabía lo que todo el mundo sabía y que al mismo tiempo sabía cosas que nadie más sabía. Me pareció bueno incorporar eso porque forma parte de su biografía, de ese personaje público. Y después también hay algo de la obsesión argentina con Inglaterra: un país que se pensó tan anglófobo como Argentina, tener a su escritor más importante con una relación tan intensa con Inglaterra siempre fue algo difícil de tragar para muchos. Y él jugaba con eso.

—El documental aborda también el tema político: Borges y su apoyo a las dictaduras de Pinochet y Videla, por ejemplo. ¿Desde qué punto de vista decidiste encararlo?

—Me parece que es un momento importante dentro de su biografía. Eso modificó su personaje público de manera total, porque está el famoso Premio Nobel. Durante mucho tiempo Borges era una persona que se suponía que iba a sacar el Premio Nobel y no se lo sacaba. Y evidentemente esas formas de manifestación política violenta que él tenía influyeron. Él estaba acostumbrado a lanzar frases escandalosas, tenía ideas que escandalizaban con razón a la opinión pública de la época y que escandalizarían a cualquier época. Era un personaje que buscaba, de manera franca, decir cosas que molestaran. No le estaba hablando a un público de ultraderecha. Le estaba hablando al público de clase media, que eran sus lectores. Deliberadamente quería tener ese lugar de provocación. Si hay algo que nadie puede pensar es que Borges era una persona de ultraderecha. Más bien tenía ideas muy conservadoras y, sobre todo, un gusto muy grande por exhibirlas. Probablemente hubiera muchos escritores que pensaban lo mismo, pero no sabían decirlo de manera tan gozosa como Borges lo hacía.

—Corresponde citar que para una parte de la población argentina, que incluso tal vez no haya leído a Borges, es una persona definida lisa y llanamente como “gorila”.

—Bueno, si se usa la palabra gorila: por supuesto. Si a uno le gusta usarla, me parece que no hay mejor ejemplo que Borges. Fue funcionario de la Revolución Libertadora, defendió las dictaduras, defendió los fusilamientos de José León Suárez. No le faltó ninguna figurita de ese álbum. Es comprensible que quienes usan la palabra gorila la usen con Borges. Supongo que él estaría muy orgulloso de recibirlo.

—¿Estás cansado de hablar de Borges?

—No, para nada. Siempre me gusta hablar de Borges. Cada vez que nos encontramos con Montequín seguimos inventando cosas, seguimos descubriendo cosas. Lo más lindo de esta película es que puedo hablar de uno de los temas que más me interesan. Me acuerdo de cuando hablábamos de 1985, que era una película que me enorgullecía mucho. Pero lo que había para decir sobre el juicio a las juntas ya estaba dicho. En el caso de Borges, me parece que es interminable la cantidad de conversación que uno puede tener. Así que no, estoy todo lo contrario. Estoy feliz de poder hablar de Borges y que me paguen por ello.

[Fotos: El Pampero Cine]

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