Lola Berthet acaba de sumar un nuevo trabajo a una trayectoria ligada a ficciones que conservaron vigencia con el paso del tiempo. En Son amores, Costumbres Argentinas , Los Roldán, donde interpretó a Hilda, y otras tantas ficciones más, la actriz construyó personajes que siguen llegando a nuevas generaciones.
Ahora integra Franquicieros, la comedia de ocho episodios, que traslada a la ficción el universo de las franquicias. En diálogo con Teleshow, la actiz habló de su personaje, su experiencia como docente, sus comienzos en la actuación y el recuerdo de los elencos con los que trabajó.
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Escena de la serie Franquicieros
La comedia sobre el mundo de las franquicias
—¿Con que historia se va a encontrar el público?
—Es una serie muy coral. La gente se va a encontrar con un mundo que yo no conocía, el de las franquicias. Es lo que uno ve en la calle cuando encuentra muchos locales de la misma marca, pero la serie cuenta de dónde sale todo eso y cómo se genera. Además, se grabó en el lugar donde sucede. Más allá de las historias individuales de cada personaje, se ve el trabajo de todas esas personas. Tengo muchos amigos que trabajan en oficinas y se hicieron fanáticos porque se sintieron representados en ese día a día: conseguir gente, dialogar, escuchar qué quieren y ayudarlos a buscar. A mí me divirtió mucho meterme en un mundo totalmente desconocido.
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—¿Vos sos...?
—... Una mujer que tiene un carácter muy firme, pero también es muy humana, empática. Trabaja con una pareja y se da cuenta de que el hombre es dominante. Ella no quiere la franquicia que él quiere y mi personaje termina ayudándola a lograr un proyecto propio. En algunos capítulos se muestran las reuniones en las que escuchamos qué busca cada persona y a qué tipo de negocio quiere apostar.

—¿La ficción mezcla situaciones reales con elementos inventados?
—Sí, porque cuenta una historia real del mundo de las franquicias. Algunos personajes se basan en personas que trabajan de eso, pero les sumamos cuestiones de ficción. También hay una escena en la que estamos casi todos y que es muy graciosa. Hay cierta competencia entre personajes para ver quién logra más, aunque todo está tratado desde lo humano. Es claramente una comedia.
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Todo elenco coral de Franquicieros
La docencia y el recuerdo de “El marginal”
—¿Estás haciendo teatro?
—En este momento no, pero si estoy dando clases de actuación. Además este año hice una serie vertical que todavía no se estrenó.
—¿Qué lugar ocupa la docencia en tu presente?
—Es importante que sepan doy clases de actuación, no clases para que alguien salga directamente a un casting. No hace falta tener experiencia. Tengo desde una chica que quiere ser actriz y cantante hasta una psicóloga, una docente y dos chicos que trabajan en gastronomía. Encuentran en el teatro una forma de expresión que les sirve, quizás más adelante, para animarse a hacer algo. Uno nunca sabe.
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—Formaste parte de El marginal con un personaje jugado...
—Para mí, actuar con Verónica Llinás fue una de esas cosas que se agradecen en una carrera. La admiro desde hace muchos años. Hubo una complicidad actoral en ese pabellón con Charo López y la China Suárez. También compartimos la ficción con Ana Garibaldi, Lorena Vega, Payuca, Romina Escobar, un elencazo. Hasta hoy tenemos un grupo de WhatsApp que sigue activo y se llama “El vaginal” (risas).
Fue un trabajo espectacular, la dirección, el elenco y el equipo técnico. Siempre rescato mucho la dirección de arte de Julia Freid, a quien conozco y admiro desde que empecé a trabajar con Sebastián Ortega en Costumbres argentinas.
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—¿Cuándo supiste que querías actuar?
—Fue muy intuitivo. Estudié danza clásica desde chica, en la escuela de María Ruanova. Mi última maestra de zapatillas de punta fue la mamá de Julio Bocca. También me gustaba tocar la guitarra y, para mi cumpleaños, mi familia me regaló una Fender eléctrica. Evidentemente algo artístico ya había en mí. Por ejemplo, mi papá pintaba al óleo y acrílico, y lo hacía muy bien. Mi abuelo materno era baterista de la banda de su pueblo, en 25 de Mayo.

—¿Cómo llegaste a estudiar actuación de manera formal?
—Cuando terminé el secundario pensé en estudiar Periodismo, porque había algo con la cámara y la comunicación. Pero en un día dije: “La facultad no es para mí. Papá, mamá, quiero ser actriz”. No teníamos plata ni sabíamos mucho sobre docentes particulares, y alguien nos dijo que estaban el Conservatorio, el Municipal y el Nacional.
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—Ese fue el gran paso...
—Claro, si poner una pausa, fui con mi papá a averiguar a la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD). Había 300 anotados y un mes entero de exámenes: canto, ritmo y movimiento, actuación grupal y actuación individual. Ibas quedando examen por examen. Finalmente quedaron 53 alumnos y yo estaba en esa lista. ¡Imaginate! ¡Una fiesta! La carrera duraba tres años y era muy intensa: teníamos nueve materias por año. Más tarde fui parte de la lucha para que cambiaran el edificio, que se caía a pedazos. Después pasó a tener nivel terciario.
—¿Y los comienzos porfesionales cómo se dieron?
—En el último año de la EMAD empecé a hacer castings, aunque no estaba permitido porque no querían que faltáramos a clase. En uno de ellos me conoció Pablo Culell. En ese momento yo ya hacía teatro con José María Muscari, que iba un año más que yo en la escuela. Con él hicimos Marchita, y después Mujer de carne podrida, una obra que tuvo mucho recorrido. Culell se hizo fanático de esas obras, me llamó para un casting y luego me llevó a Polka. Me presentó a Paula Granica y ahí hice mi primer bolo en Gasoleros. Después llegó Son amores.
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—Son amores dejó una marca...
—Fue el gran trabajo por el que la gente me conoció, recuerda Berthet. Con ese personaje gané el Martín Fierro y el premio Clarín. Después me convocó Sebastián Ortega y empecé a trabajar seguido con él: Costumbres argentinas, Los Roldán, Lalola, Vecinos en guerra. Fue la última gran etapa de la televisión argentina, al menos por ahora...
—Los Roldán continúa presente en la memoria del público...
—La gente esperaba la noche para sentarse a ver una novela. Hoy me dicen: “Sí, pero estás en Netflix”, y me aclaran que quieren sentarse a ver una tira. Qué lindo sería que pudieran convivir las dos formas. Las plataformas te dan un alcance internacional, pero estaría bueno que coexistieran. El año pasado se cumplieron 20 años de Los Roldán. Yo no tengo TikTok, pero alguien empezó a subir videos míos cantando y tuvieron millones de reproducciones. En la calle me cruzo con familias cuyos padres les están mostrando la novela a sus hijos por YouTube.
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—¿Qué cambió en la producción de ficción local?
—Hacer una telenovela ahora es muy caro. Y, más allá de eso, tampoco se está haciendo cine independiente. Es un momento muy difícil para la producción audiovisual y eso para todo el rubro es lamentable.
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