
Los datos de la inflación mayorista que difundió ayer el INDEC dejan expuesta la paradoja en la que entró el Gobierno desde mediados del año pasado cuando, para evitar una devaluación forzada por la falta de dólares en las reservas del Banco Central, decidió imponer severas restricciones a las importaciones. Mientras la tasa de devaluación del dólar oficial corre por detrás de la inflación, a un ritmo de 5,5% mensual, la inflación de los productos importados, que debería reflejar un ritmo similar, superó en casi 4 puntos porcentuales esa tasa y anotó una suba de 9,2%, según se informó oficialmente ayer en la planilla del Índice de Precios Mayoristas.
Esta evolución marca una contradicción con el argumento central en el que se basa el cepo a las importaciones. El fundamento oficial de las restricciones indica que evitar una devaluación es prioritario porque previene del alto impacto inflacionario que se produciría por el encarecimiento de las materias primas, insumos y bienes importados. Bajo la tesis oficial, la mejor solución disponible es, entonces, destinar menos dólares a la importación. Tras más de un año con fuertes controles, el resultado según los propios datos oficiales es que la inflación de todos modos se disparó a más de 100% interanual y que, particularmente los productos importados acumulan una suba de 105,4% comparado con un avance del dólar oficial de 83% desde febrero del año pasado.

“En los meses en los que se endurece el cepo a las importaciones, los precios de los productos importados mayoristas se divorcian de la evolución del dólar oficial. Esto significa que hay no sólo efecto precios sino que hay racionamiento o cupos para importar”, explicó el economista Amílcar Collante, quien expuso las consecuencias en la práctica de las medidas restrictivas. Según dijo, lo que ocurre es que como se pierde la referencia del oficial, los importadores toman una cobertura por si el acceso al mercado oficial de divisas de pronto se achica más respecto de lo que tienen estimado a futuro. ”El tipo de cambio oficial se movió 5,3% promedio mensual en febrero contra enero pero se cubren al 9,2% porque hoy todo el tema SIRA (autorizaciones de importación) está muy frenado”, dijo Collante.
De más está decir que el salto en los precios de los importados a nivel mayorista más temprano que tarde tiene impacto en el nivel de precios al consumidor que ya para este mes está apuntando a un nivel en torno a 7% según admiten en el propio Gobierno.
La carrera de los precios de los importados, alejada de la variación del dólar oficial, parece incorporar cada vez más el precio del dólar contado con liquidación, ya por encima de los $400, lo que explica en gran medida la obsesión oficial por mantener a raya la brecha cambiaria, que está impactando en la inflación minorista con mayor velocidad y “eficiencia” que en períodos de mayor “apertura económica”.
Las medidas financieras que prepara el Ministerio de Economía respecto a la tenencia de títulos públicos en poder de organismos del Estado para obtener poder de fuego en la intervención de los dólares financieros sin gastar reservas, tal como exige el Fondo Monetario, son una muestra clara de esa firme vocación. Y de la necesidad de obtener financiamiento para las cuentas públicas.
Lejos de las peripecias de Economía, los importadores realizan sus propias acrobacias financieras que luego se ven reflejadas en los precios. Por caso, las empresas medianas y chicas acuden sólo a medias al mercado del dólar financiero. Piden la aprobación de importación, la SIRA, por un monto determinado que, si se la aprueban a un plazo de 120 o 180 días, cubren el costo de ingresar la mercadería con dólares propios para no recortar su producción, a la vez que hacen un nuevo pedido a la importadora por el mismo monto anterior que es pagada con la SIRA aprobada. “Es decir, la mitad de la mercadería entró a valor de contado con liquidación y la otra mitad al valor oficial. En promedio, pagando la cotización intermedia”, resumió Collante.
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