El economista Ricardo Arriazu, uno de los expertos más respetados por los empresarios, afirmó que el año próximo la Argentina no crecerá y tendrá una inflación cercana al 100 por ciento, aunque consideró que el desarrollo del sector energético puede generar buenas expectativas en el futuro cercano.
Además, en un almuerzo organizado por la Cámara de Comercio Suizo Argentina, Arriazu sostuvo que la oposición debe definir un plan de ajuste para bajar la inflación en forma inmediata si accede al gobierno a fines del 2023.
Entre los asistentes, estaban los principales directivos de Nestlé, Novartis, Roche, Zurich, Adecco, Lloyd, Buhler, ABB, Grupo Chronex, Just, Firmenich, Glencore, Buhler, y Sika, entre otros, junto con el embajador Hans Ruedi Bortis y el agregado comercial Alejandro Lentz; Suiza está entre los principales inversores extranjeros directos en el país.
Además, asistieron los economistas Daniel Marx, quien se ganó una cafetera durante el sorteo posterior al almuerzo, Orlando Ferreres, Lorenzo Sigaut Gravina y Fausto Spotorno, entre otros.
Mientras comían burratina sobre verdes y ternera braseada y mousse de chocolate de postre, los ejecutivos de 75 empresas escucharon con atención al respetado analista, que, para matizar su complejo pronóstico, intercaló algunas bromas que le sacaron alguna sonrisa esporádica al auditorio reunido en el hotel Alvear.
El encuentro empezó con las palabras del presidente de la cámara, Ernesto Kohen, quien admitió las preocupaciones del sector privado por la falta de dólares –tema recurrente durante el cóctel previo al almuerzo- y otros problemas que llevan a “hacer malabares para hacer negocios”.
La crisis global
Por su parte, Arriazu comenzó su disertación con el complicado panorama internacional. “Hemos exportado incertidumbre: el Covid, y la peor crisis desde la Peste Negra con caída del PBI del 30%, pero muy corta. Esto aumentó precio de fletes. Y a eso se sumó el problema de energía por la guerra en Europa”, indicó. Además, advirtió que las acciones estaban en una “burbuja” a nivel global, que comenzó a desandarse por la suba de la tasa de interés en los países centrales. “La gente cree que los árboles crecen hasta el cielo, pero no es así”, aclaró. Además, consideró que el peor problema es la creciente “desglobalización” a raíz de la inseguridad.
En cuanto a la Argentina, recordó la prosperidad del país a principios del siglo XX a partir de una “Constitución fuerte, el respeto a la propiedad privada, millones de inmigrantes y de capital: es muy importante saber qué hicimos mal y bien para repetir aquella experiencia”.
Desde 1980, aclaró, la tasa promedio de crecimiento del PBI ha sido del 1,5% anual, dado que el país tuvo crisis durante 18 años, “siempre por crisis en la balanza de pagos”. Sin embargo, negó que haya “un problema estructural de falta de dólares”, como suelen repetir muchos funcionarios y economistas. “Si yo no emito de más y no gasto de más, no me van a faltar reservas: hay que dejar de gastar y emitir de más”, expresó.
“No hay que vivir con lo nuestro, sino dentro de lo nuestro”, indicó.
El problema de corto plazo, afirmó, “es un déficit fiscal que nadie quiere financiar, aunque en promedio sea menor que en muchos países, al igual que la deuda neta”.
Por esta razón, “hay que cortar el déficit fiscal, y ahí es donde no se ponen de acuerdo en la oposición sobre la velocidad del ajuste para el próximo gobierno, porque se puede hacer un programa, que necesitará ayuda externa que se pueda usar en el mercado cambiario”.
“Para que te den esta plata, en un país estafador, se necesita confianza y una gran coalición para combatir la inflación desde el día cero”, indicó.
Déficit fiscal y deuda
“El déficit fiscal es del mismo tamaño que el de los subsidios económicos, así que este es un problema político, no económico”, aseguró.
Y el problema de la deuda es que “hemos defaulteado ocho veces y seguimos hablando de la deuda ilegítima, cuando la deuda es la contraparte del déficit”.
“Es un problema de confianza que empezó con el impuesto a los activos financieros”, se lamentó, en referencia a la tasa aplicada desde el gobierno de Mauricio Macri.
“Solamente por milagro el 2023 tendremos un año positivo luego del crecimiento del 5,6% de este año, pero ya estamos en un terreno negativo”, advirtió Arriazu.
En cuanto a los precios relativos, sostuvo que “la inflación de 10 meses anualizada da 96,7%, el tipo de cambio se mueve al 105%, el salario al 88%; así que es muy difícil que la inflación baje el 100% el año próximo”.
“Le doy una probabilidad baja a que siga entre el 60/80 por ciento, e igual a la hiperinflación, que solamente se da cuando flota el tipo de cambio”, indicó.
“Vengo diciendo desde 2020 que no va a haber hiperinflación”, aclaró.
Respecto de la emisión monetaria, dijo que “el plan dólar soja, que es un préstamo, se está pagando solo, y el Gobierno se quedó sin esos recursos y por eso están pensando en el nuevo plan del dólar soja” que esta tarde anunciará Massa. Por la pérdida por la cosecha, indicó que la reducción de ingresos alcanzaría a unos USD 10.000 millones.
La esperanza, indicó, está radicada en el sector energético, a partir del desarrollo de Vaca Muerta y de fuentes alternativas que llevarán más tiempo para aportar un nivel importante de divisas. “El problema no es que no tengamos recursos o que no seamos competitivos, sino que no tenemos los medios de transporte para sacar el gas”, indicó. Un proyecto importante en ese sentido, explicó, es la reactivación del gasoducto a Chile, que se frenó cuando el gobierno de Néstor Kirchner dejó de exportarle el combustible a ese país.
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