
Desde Washington DC, EEUU - A poco más de tres meses de su sorpresiva renuncia al Ministerio de Economía, Martín Guzmán está más convencido que nunca de no abandonar la esfera pública.
De gira por los Estados Unidos, por su cuenta y de la mano de su mentor el premio Nobel Joseph Stiglitz, el ex funcionario condujo esta semana una cargada agenda de reuniones, mesas redondas y presentaciones con foco en la arquitectura financiera global, el rol de los organismos multilaterales y, por supuesto, la política económica argentina.
Guzmán repitió en esta ciudad que lo que lo motiva es la Argentina y que quiere contribuir a empujar temas de relevancia para el país. Lo hace, más allá de su agenda global, dentro del peronismo, colaborando para aggiornar ciertas ideas clave del espacio político que, asegura, sigue considerando suyo.
Su agenda de esta semana empezó en Nueva York. En la ONU dio un discurso sobre desigualdad en el sur del planeta y, en la Universidad de Columbia –donde juega de local– participó de una charla junto con Stiglitz sobre el impacto negativo que tienen en países como la Argentina las políticas monetarias restrictivas a la que recurren los países centrales para domar la inflación.
La gira continuó con actividades con el profesor de la Universidad de Boston, Kevin Gallagher, mesas redondas con organizaciones de la sociedad civil, ya en Washington, dentro de la celebración de las Reuniones Anuales del FMI y el Banco Mundial -a la que asistió el ministro en funciones, Sergio Massa- y tendrá un capítulo más este sábado con una reunión en la que participarán, entre otros, Kristalina Georgieva y James Bullard, de la Reserva Federal de Saint Louis.
Guzmán renunció como ministro de Economía el 2 de julio pasado. Las cada vez más duras internas dentro de la coalición de Gobierno que preside Alberto Fernández, en especial la dura pulseada para intentar poner en marcha la segmentación de subsidios, y los sacudones en el mercado de deuda en pesos del Tesoro del mes previo fueron los últimos titulares de su gestión.

El ex funcionario asegura que la salida de su cargo en el Gobierno no frenó su participación política y que si bien mantiene su actividad académica y de investigación fuera del país, ahora su base está en Buenos Aires. Y desde allí trabaja en desarrollar un equipo de colaboradores con el objetivo de influir en la política económica argentina.
En particular, considera que la idea de un Estado fuerte que se comparte dentro del peronismo necesita ser actualizada en favor de una visión clara respecto a cómo hacerlo y para qué. Específicamente, como la de un Estado que pueda sostenerse a sí mismo, conducir y acompañar el desarrollo de actividades productivas de mercado desde un rol protagónico.
Junto con Stiglitz, Guzmán busca difundir lo que considera como un diseño perjudicial de la arquitectura financiera global y anuncia lo que será “una década muy difícil” para países emergentes que se endeudaron en los últimos años -muchos de ellos para financiar el costo de la pandemia de covid-19- y que con la guerra en Ucrania, el pico de inflación en los países centrales y las subas de tasas con las que sus bancos centrales tratan de frenar las subas de precios.
El temor a crisis de deuda generalizadas como resultado de la suba de tasas, presente en todos los paneles del FMI y el Banco Mundial en estos días en Washington, no es atendido a tiempo ni en forma suficiente por los organismos internacionales, sostiene Guzmán. Un rol crítico del FMI que desde afuera, sin la necesidad del tono negociador de un funcionario, hoy siente que puede desplegar mejor.

El trabajo, político y académico, que lleva adelante tiene la capacidad de poner en debate y volver realidad iniciativas que hace poco no tenían lugar en el debate internacional.
Se refiere, en este punto, a iniciativas que llevó adelante él mismo desde el Ministerio de Economía de la Argentina y que fueron sus caballitos de batalla repetidos en sus presentaciones fuera del país mientras cumplía la función de titular del Palacio de Hacienda.
El debate, por ejemplo, de las sobretasas que cobra el FMI a ciertos países de acuerdo a las dimensiones de las líneas de crédito que les otorga en relación a su participación en el capital del organismo. Sostiene que esa temática no existía, ni siquiera era tratada en foros multilaterales, y que surgió de la renegociación de la deuda argentina con el organismo que él mismo condujo y que ahora suma las voces de varios otros países.
Lo mismo con la creación del Fondo de Resiliencia y Sostenibilidad del FMI, una línea de crédito a largo plazo para la que puede calificar la Argentina dentro de un año y medio. Ahora trabaja para que el fondo tenga más volumen.
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