
Hace poco más de dos años, comenzaron a aparecer en las góndolas de los supermercados productos conocidos como “alimentos lácteos”, que están elaborados con un porcentaje menor de leche que los productos lácteos tradicionales. En los envases de esos productos se pueden leer leyendas tales como “alimento a base de yogurt”, “producto lácteo”, “aderezo a base de queso procesado”, entre otras denominaciones.
Según datos de la consultora Scentia, especializada en consumo masivo, esta categoría de “alimentos lácteos” o productos elaborados “a base de leche” es una de las de mayor crecimiento en el primer semestre del año. “Creció aproximadamente un 80% versus el mismo período del año anterior. Pero aún pesa muy poco en comparación con el segmento de leches fluidas vacunas. Es el 1% del mix, pero está en crecimiento”, señaló Leonardo Alaniz, director Comercial de la consultora.
El Código Alimentario Argentino (CAA) establece los requisitos que deben cumplir los productos lácteos y cuándo un alimento puede llamarse leche. En el código, por ejemplo, se define a las “bebidas lácteas” —que no pueden llamarse leche— como “productos en los que el contenido de ingredientes de origen lácteo es como mínimo del 51% de la totalidad de los ingredientes del producto listo para consumo”. Cuando los productos están elaborados con al menos 51% de leche o leche reconstituida, sus denominaciones de venta pueden ser “Bebida de Leche” o “Bebida a base de Leche”.
“Son productos relativamente nuevos para el mercado argentino. Arrancaron en 2019, pero comenzaron a rotar más en este semestre. Tienen más peso en supermercados que en los comercios de cercanía; y, en general, son segundas marcas”, agregó Alaniz.

Su precio puede llegar a ser hasta un 50% más barato que los elaborados con un 100% de leche. Por eso, tanto el crecimiento de las segundas marcas y de estos productos son una consecuencia directa de la caída del poder adquisitivo de los consumidores.
La categoría de leche, productos lácteos y huevos había registrado un aumento de 20,2% a lo largo del 2020 según los datos del IPC del Indec. Los precios se habían mantenido por debajo de la inflación en el marco de la política oficial de precios congelados. Sin embargo, en los últimos 12 meses, los lácteos acumularon una suba en los precios del 51%, muy por encima de los incrementos del año pasado.
Una comparación realizada en 2019 por Infobae entre las tablas de información nutricional de dos productos de una empresa láctea, que ofrece la opción “alimento lácteo con leche” mostró que en 100 centímetros cúbicos, la leche entera ultrapasteurizada contiene, por ejemplo, 58 calorías, 3 gramos de proteínas y 115 miligramos de calcio, frente al “alimento lácteo ultrapasteurizado”, que cuenta en su tabla nutricional 39 calorías, 1,3 gramos de proteínas y 85 miligramos de calcio.
Durante 2020, el consumo doméstico de lácteos —a pesar de la pandemia y la cuarentena y el deterioro de los ingresos medios de la población— se incrementó un 2,4% respecto a 2019. Según los datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), el consumo per cápita fue de 184,5 litros por habitante, un 1,2% más que el consumo del año anterior.
El mayor consumo se dio fundamentalmente en los productos básicos (leches no refrigeradas, leches en polvo, quesos de pasta blanda, manteca, dulce de leche y yogures bebibles), donde los programas sociales jugaron un papel preponderante. Ese mayor consumo de productos commodities fue en detrimento de productos de mayor valor agregado como yogures en pote, postres, leches saborizadas y quesos de pasta dura, semidura y untables. De acuerdo con la información del observatorio, el deterioro de los segmentos medios de la pirámide de ingreso, retrajo el consumo de productos considerados de mayor valor unitario.
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