
Que la pobreza crezca diez puntos porcentuales, demostró la Argentina en 2020 cuando el Gobierno decidió privilegiar “la salud por encima de la economía”, puede ser cuestión de meses. Pero que ese porcentaje de la población, sumido súbitamente por debajo de la línea de ingresos mínimos para acceder a la canasta básica, recupere su condición social es cuestión de años. En sus últimas proyecciones globales, de principios de mayo, el Banco Mundial y el FMI estimaron que la economía tardará al menos dos años en recuperar el nivel previo a la pandemia. Pero que el nivel de pobreza vuelva a ubicarse en torno al 35,2% que se registraba a fines de 2019 (último dato anterior a la irrupción del coronavirus), llevaría bastante más. Bajo un escenario optimista en que, a partir de este año, se mantiene un crecimiento anual de 3%, la pobreza en la Argentina tardaría al menos cinco años en volver a ese nivel. Y el doble si el objetivo es acercarse al 29% de pobreza que había en 2018.
Así lo proyectó el economista del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS) Leo Tornaroli, especialista en la temática y autor junto Jéssica Bracco y Leonardo Gasparini de un trabajo en el que se analizan los principales motores de las variaciones en la pobreza entre 2003 y 2015. Las metas planteadas por Tornaroli implican “objetivos ambiciosos” y tal vez difícilmente realizables desde la perspectiva de una economía que no crece desde hace una década pero, aun así, razonables. Concretamente, el economista proyecta que la Argentina debería crecer al 3% anual durante los próximos diez años para lograr que la pobreza caiga por debajo de 30% mientras que en la mitad del tiempo podría recuperar, al menos, el nivel prepandemia.
Cabe aclarar que estas proyecciones, útiles para tomar dimensión de los estragos sociales ocasionados por la crisis económica de los últimos tres años, se realizaron en base a las últimas estadísticas oficiales publicadas por el INDEC de 42% de pobreza para el segundo semestre de 2020. Ese dato, probablemente, sea superado cuando se conozca el informe oficial de los primeros seis meses de este año. Por caso, de acuerdo a las estimaciones que hace mensualmente Martín Rozada, profesor del Departamento de Economía de la Universidad Di Tella, en base a los datos de ingresos del INDEC, en el semestre diciembre-mayo la pobreza alcanzó al 43,4% de la población.
También es clave remarcar que los resultados que proyecta el experto del CEDLAS se darían sin contemplar cambios en la distribución del ingreso, que de producirse podrían eventualmente acelerar la reducción o bien compensar un crecimiento menor.

“Reducir la pobreza requiere años de crecimiento y, aun así, vamos a seguir teniendo altos niveles. El crecimiento puede ser mayor y también puede mejorar la distribución del ingreso, pero eso debe ser sostenidamente”, afirmó. Llevado a un extremo, si la economía argentina no creciera (tampoco) en los próximos 10 años, la desigualdad debería reducirse a niveles mínimos, impensados e inviables en una economía que no crece. Por el contrario, una combinación de avance sostenido del 3% combinado con mejoras en la distribución del ingreso -de 15% calcula Tornaroli- podría reducir a casi la mitad el porcentaje de la población debajo de la línea de pobreza.
De ahí que una mejora sustancial en la pobreza, aun cuando recuperar el crecimiento es imprescindible para lograrla, puede estar impulsada por varios factores adicionales. Tal vez el ejemplo más comparable es el de la crisis de 2001-2002, que dejó un saldo de 57% de pobres en el país. De acuerdo a las conclusiones del informe elaborado con sus colegas del centro de estudios, “Explorando los cambios de la pobreza en Argentina: 2003-2015”, la recuperación de la actividad jugó un papel fundamental pero también el desarrollo de políticas sociales.
“Los resultados sugieren que la mejora generalizada del mercado laboral después de la crisis fue el principal factor de la fuerte caída de la pobreza en el período 2003-2007. Por el contrario, la reducción de la pobreza entre 2007 y 2011 se asocia con el papel más activo de la política social. Finalmente, durante el período 2011-2015, ningún factor pudo contribuir significativamente a la reducción de la pobreza”, aseguraron los autores del artículo. Esa conclusión abre un inmenso interrogante para el futuro de la economía argentina, toda vez que la recuperación económica no se percibe tan potente como hace dos décadas y la amplia expansión de la política social apenas pudo mitigar la fuerte suba de la pobreza.
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