
Cuando parecía que las reservas se encaminaban a superar los USD 43.000 millones, la recuperación que venía firme en los últimos meses se detuvo prácticamente desde mediados de junio. Desde entonces no sólo el stock dejó de crecer sino que incluso comenzó a retroceder de manera paulatina. El freno de la tendencia alcista es preocupante y marca lo que podría ocurrir en el segundo semestre, que tendrá una menor liquidación de divisas y al mismo tiempo más demanda de inversores para dolarizarse en la previa de las elecciones.
El último dato de reservas, ya en el cierre del mes, marcó un nivel de USD 42.470 millones, unos USD 250 millones que el máximo alcanzado el 14 de junio. No se trata de un retroceso dramático, pero marca un cambio de tendencia que podría profundizarse en las próximas semanas.
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La merma de reservas de las últimas semanas coincide, además, con una caída en el precio de los bonos al tiempo que el riesgo país volvió a niveles de 1.600 puntos básicos. Las acciones también vienen en pleno descenso, sobre todo luego de la decisión del MSCI de recategorizar a la Argentina desde mercado emergente a “standalone”, es decir básicamente no apto para invertir.
A pesar de este cierre en baja, las reservas aumentaron USD 3.000 millones en el primer semestre y contribuyó para una recuperación de las netas, que estarían en torno a los USD 7.000 millones. Esto aumentó el “poder de fuego” del titular del BCRA, Miguel Pesce, que ya empezó a vender dólares para calmar la cotización del dólar financiero. Claramente el objetivo es que ni el dólar Bolsa ni el “contado con liquidación” superen los $ 170. “El BCRA compra dólares al tipo de cambio oficial y luego vende en el financiero, es decir un 70% más caros”, advierten en el mercado bursátil.
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Mantener estable el dólar es uno de los desafíos principales que tiene el Gobierno para llegar lo mejor parado posible a las elecciones. Y para eso todo indica que tendrá que desprenderse de una buena proporción de las reservas que ahorró en los últimos meses, a partir del precio récord de la soja. Los altos valores de la oleaginosa y la buena cosecha llevaron a las cerealeras a liquidar lo más rápido posible. Claro que ahora el ingreso de divisas proveniente del campo caerá de manera significativa por lo menos hasta noviembre, cuando empiezan a llegar las divisas de la cosecha fina.
Con la brecha cambiaria arriba del 70%, cualquier aumento adicional tendría un fuerte impacto negativo tanto en la economía como en las expectativas de los consumidores. Por eso, tendrán que usar todas las reservas necesarias para evitar que se escape el dólar financiero. Con el tipo de cambio oficial es más fácil, porque el cepo restringe sustancialmente la demanda.
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La restricción de vuelos reducirá la demanda de dólares por turismo, que amenaza con crecer fuerte en las vacaciones de invierno. En ese sentido, la balanza turística se volvería muy deficitaria nuevamente por las prohibiciones de viaje. Como los extranjeros no pueden ingresar al país, no dejan dólares. Sin embargo, los viajes de argentinos al exterior, especialmente a Estados Unidos, sí provocan un efecto en el drenaje de reservas, tanto cuando se compra con tarjeta de crédito como en la compra de pasajes.
Pero lo más preocupante desde el punto del equilibrio cambiario es la fuerte dolarización de carteras que podría suceder a medida que se acerquen las elecciones de noviembre. Es un clásico en la Argentina que los inversores busquen cobertura ante la incertidumbre electoral. Y en esta ocasión ese efecto se notaría más que nunca. Por eso, es muy probable que el BCRA deba realizar grandes esfuerzos para evitar que se produzca una escapada del tipo de cambio justo antes de los comicios, lo que costaría un importante volumen de reservas. Además, también hay otros compromisos que habrá que enfrentar, entre otros los USD 430 millones que hará que pagarle al Club de París, según lo acordado hace dos semanas por el ministro de Economía, Martín Guzmán, para no caer en default.
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El nivel de reservas tendrá una fuerte suba en agosto, cuando ingresen los USD 4.300 millones del FMI a través de Derechos Especiales de Giro, como parte de la capitalización del organismo. Pero esos fondos ya están comprometidos: se usarán para pagar dos cuotas que vencen en septiembre y diciembre con el propio organismo, por casi USD 4.000 millones. Esa decisión generaría fuerte tensión interna con el kirchnerismo duro, que sugiere la necesidad de usar esos recursos para incentivar el gasto en la previa electoral.
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