
A principios de esta semana, el ministro de Economía, Martín Guzmán, reconoció lo que el mercado ya conocía: el Banco Central interviene a través de la venta de bonos para controlar la cotización del dólar Bolsa o MEP y del contado con liquidación (CCL) y se profundizó un doble debate. Por un lado, se amplificó la discusión respecto de la utilización de divisas por parte de la entidad que, en vez destinarse a mantener estable la brecha cambiaria podrían tener otro fines, como la importación de bienes para producir o, incluso, el fortalecimiento de las reservas. Por el otro, reavivó las críticas y reclamos de los analistas por la opacidad de los datos brindados por la entidad sobre esta operatoria.
Ambos planteos se entrecruzan en un punto central: cuántos dólares genuinos, provenientes de las exportaciones, está el BCRA destinando a financiar la salida de capitales a un dólar por debajo de los $ 150, presumiblemente un precio menor al que tendría sin su intervención, en detrimento del flujo que podría orientar a la economía real. En otras palabras, qué tan caro en términos de recuperación económica le está costando al Gobierno la tranquilidad en los mercados cambiarios. Ante el reclamo cada vez más frecuente de los importadores, quejosos por sus dificultades en el acceso a divisas, la discusión se vuelve cada vez más álgida.
Lo concreto es que no existen cifras oficiales detalladas respecto del volumen de las intervenciones del Central. Sin embargo, el economista Luciano Laspina, diputado de la oposición, estimó que la autoridad monetaria destinó en los últimos seis meses unos USD 1.000 millones a la contención del dólar financiero. Coinciden con el legislador varios analistas que siguen a diario la información del Central y que insisten en la manera poco transparente está presentada.
Entre ellos, Fernando Marull de FMyA, quien sostuvo que la “información pública del Banco Central es muy oscura”. El planteo es que el archivo del Central que consultan los expertos, denominado “seriese”, para saber de cuánto es la intervención real en el mercado de bonos, en la que la entidad aplica reservas netas y esteriliza pesos, no detalla la cuenta del resultado en el que impacta esa operatoria. Simplemente la define como “Otros”, renglón en el que también incluye las operaciones de dólar futuro. Lo mismo ocurre con la información de la variación de las reservas.
“Como en ´Otros´ el resultado es global, el número preciso es difícil de calcular pero las cuentas que hacemos están en ese orden, aproximadamente en los USD 1.000 millones”, afirmó el economista Amílcar Collante, quien puso el foco en las implicancias de esa intervención no sólo para el nivel de actividad económica sino también en su impacto en la inflación. “La intervención que hace el Banco Central es un poco gracias al nivel de los precios internacionales pero, esencialmente, a pisar las importaciones. Es decir, los dólares que no le dan a los importadores para producir se los están dando al ́especulador ́ para que se los lleve a $145, precio que sino sería más alto. En los propios términos del Gobierno, están financiado la fuga de capitales, controlando las cotizaciones del dólar financiero a costa de la producción”, explicó.
En este sentido, el ministro de Producción Matías Kulfas recibió el martes una carta del presidente la Eurocámara, Giorgio Alliata di Montereale, quien en representación de 2.200 compañías que conforman empresariado europeo-argentino, advirtió no sólo sobre el fuerte impacto de “las medidas sobre las importaciones y los pagos internacionales a ellas relacionados” sino que fundamentalmente destacó en su misiva que “una interrupción en la cadena de pagos y proveedores amenaza la continuidad en el flujo de inversiones y la generación genuina de divisas”. Se trata de una expresión formal ante las autoridades de los lamentos cotidianos que se escuchan todos los días entre fabricantes de distintos sectores demandantes de dólares para producir.
Pero tal vez la mayor paradoja se da con el impulso que, a pesar de lograr estabilidad cambiaria, se advierte en la inflación. “La escasez de dólares para la producción ya se está notando. No es casual el desfase entre la inflación mayorista y minorista, y lo que subió el tipo de cambio en febrero (3,5%), indica que ya hay productos que se están remarcando siguiendo más los dólares alternativos que el oficial”, apuntó Collante.
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