
La fiesta que vivió ayer Wall Street y prácticamente todos los activos a nivel mundial no llegó a la Argentina. El contraste fue brutal. Mientras las acciones tecnológicas volaban y tanto los títulos como las monedas de mercados emergentes se recuperaban, los bonos locales no paraban de hundirse. Las bolsas del mundo terminaron el mejor día en meses, pero la deuda argentina terminó en sus mínimos del día. El riesgo país lo reflejó con claridad y cerró a 1.647 puntos básicos, su nivel máximo desde que se efectuó el canje de deuda el año pasado.
Los precios de los nuevos bonos emitidos en el canje no encuentran un piso y una de las series, emitida al 2035, ya tiene un precio inferior a los USD 30. Se trata de una cotización más cercana a un bono default que a un título que está siendo honrado por el emisor. Al resto de los bonos no le fue mejor: las caídas oscilaron entre el 2% y el 3%, lo que dejó a los más cortos con un rendimiento que ya roza el 20% anual en dólares.
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Martín Guzmán intentó en las últimas horas llevar cierta tranquilidad a los mercados, preocupado él también por la disparada del riesgo argentino y la consiguiente debilidad de los bonos. Le viene saliendo todo al revés de lo planeado, al menos en referencia al canje de deuda. Su objetivo era que el rendimiento de los bonos fuera confluyendo a niveles del 10% anual en dólares a los pocos meses del canje y así se los “vendió” a los grandes fondos que entraron en la reestructuración. Pero sucedió todo lo contrario y los títulos no paran de caer.
El ministro de Economía aseguró que hablar de equilibrio fiscal “no es de derecha” y ponderó la importancia de un manejo cuidado de las cuentas públicas. Además, ponderó a Néstor Kirchner justamente por cuidar la caja y no recurrir a la emisión monetaria. “Alberto Fernández era su jefe de Gabinete”, recordó.
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El financista Marcelo Blanco, ex número uno de Deutsche Bank en la Argentina, lo expresó con todas las letras en redes sociales: “Estamos siendo testigos de una destrucción de valor y reputación sin precedentes”. Y advirtió que peor que estar en default es realizar una renegociación de deuda fallida.
Pero Guzmán está dispuesto a dar pelea y habla de “tranquilizar la economía”. No es precisamente fácil a partir de las presiones que tiene dentro de su propia administración. El propio Presidente reconoció la semana pasada que no había apuro en cerrar un acuerdo con el FMI. También que había poco margen para recomponer tarifas. Pero lo más preocupante para los inversores pasa por la ofensiva del Gobierno contra los jueces.
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Por lo pronto, el plan de Guzmán pasa no sólo por la dialéctica, sino también por hechos concretos. En el primer bimestre no hubo emisión monetaria del Central para financiar al Tesoro. En enero, además, hubo superávits gemelos, es decir fiscal y comercial. El BCRA está comprando dólares todos los días y acumula reservas gradualmente. En marzo habrá recaudación extraordinaria por el impuesto a la riqueza, que seguramente permitirá al Gobierno mostrar un nuevo superávit de las cuentas públicas. Con este comportamiento mucho más cauteloso en el manejo de las finanzas públicas, el ministro espera revertir de a poco la desconfianza de los inversores, que ven un default como algo casi inminente.
Sin embargo, los temores lucen exagerados en el corto plazo. El economista Fernando Marul lo expresó en estos términos: “Hasta el final del 2023, el Tesoro tiene que pagar USD 3.000 millones de intereses y capital de los nuevos bonos. Pero en sólo cuatro meses el Central recompró USD 2.000 millones en el mercado”. Así, buscó transmitir que el horizonte luce relativamente despejado, al menos en lo que a pagos de deuda se refiere.
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Pero si los altos niveles de desconfianza no se revierten, será muy difícil que la Argentina pueda enfrentar el pago de capital e intereses a partir de 2025, que es cuando se producen los vencimientos más abultados de los nuevos bonos.
Guzmán está obligado a hacer ahora un trabajo fino. No sólo puertas afuera, sino también puertas adentro, es decir convencer a los sectores más radicalizados del kirchnerismo que es clave cuidar el gasto y reducir todo lo posible el déficit, aún en año electoral.
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Por otra parte, el propio ministerio de Economía deprime los bonos al intervenir en el mercado para bajar el tipo de cambio financiero o “dólar Bolsa”. Desde ese punto de vista la calma cambiaria tiene un alto costo, reflejado en un riesgo país insoportable y que deja afuera del financiamiento internacional a las empresas.
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