
Dos espectaculares salidas a bolsa -Ofertas Públicas Iniciales, conocidas como IPOs, por su sigla en inglés- de los últimos días llamaron la atención de algunos analistas, temerosos de que la actual exuberancia de Wall Street termine como la “burbuja” de las empresas puntocom.
En su primer día en la bolsa de Nueva York, las acciones de Airbnb, una empresa de servicios de reserva en casas particulares, que la firma ofreció a USD 68, cerraron casi 112% arriba, en USD 144, valuando la empresa en USD 86.000 millones, más que la cadena Marriott, el más grande grupo hotelero del mundo. Un día antes, DoorDash (traducible como “carrera hasta la puerta”) una empresa de delivery de comida, tipo PedidosYa o Glovo, pero en EEUU, debutó con una valuación de USD 70.000 millones.
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No son las únicas: el valor de mercado de Snowflake (en español, Copo de Nieve), una firma de análisis de datos con base en San Francisco, uno de los principales clusters de tecnología, cuyo lanzamiento, en septiembre, la había valuado por encima de Twitter, superó esta semana los USD 120.000 millones, dejando atrás a IBM. Y Zoom, símbolo de la era pandémica, que se había lanzado a bolsa en 2019, llegó a cotizar este año por sobre los USD 160.000 millones, más que las siete más grandes aerolíneas del mundo combinadas.

Plata dulce
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Muchas de estas valuaciones tienen que ver con las bajísimas tasas de interés y las inyecciones monetarias con que la Reserva Federal de EEUU combatió el efecto depresivo del coronavirus sobre la economía. La cuestión es si se trata de valuaciones realistas. “La burbuja de internet de hace 20 años es cada vez más una comparación apta”, dijo Jay Ritter, experto en IPOs de la Universidad de Florida, citado por el Financial Times. Según Ritter, “por entonces la valuación de las acciones de internet estaba divorciada de la evolución general del mercado; ahora estamos viendo otra vez ese desacople”.
Richard Clarke, un analista de Bernstein, señaló a su vez que, a diferencia de la “burbuja” de internet, que abarcaba casi todas las empresas del sector, esta vez el fenómeno parece confinado a las ofertas iniciales y a unas pocas empresas, como Tesla, la fabricante de autos eléctricos del excéntrico Elon Musk, que es hoy la automotriz más valiosa del mundo pese a fabricar apenas una fracción de los vehículos que producen Volkswagen y Toyota, sus principales competidores. Según Clarke, algo a tener en cuenta es que las cotizaciones recientes se dan en el cierre del año bursátil, una oportunidad para hacer ganancias rápidas que nadie quiere perderse.
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Visiones optimistas
Esta vez, más que la de cotización bursátil de un sector, se trata de los sorprendentes valores de ofertas públicas iniciales que reflejan visiones muy optimistas sobre los modelos de negocio de las cotizantes y sobre la salida de la pandemia de coronavirus.
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En 1997 las acciones de las firmas de internet habían empezado a subir frenéticamente, llevando a 5.000 puntos el índice Nasdaq, el más ligado al sector “de tecnología”, para caer en pocas semanas un 30% y tocar en octubre de 2002 los 1.300 puntos, 74% por debajo del pico que habían alcanzado en marzo del año 2000.

Historias de Emprendedores
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DoorDash fue fundada en 2013 por Tony Xu, Andy Fang y Stanley Tang, tres estudiantes de la universidad de Stanford, de origen chino (Tang es el único nacido en EEUU) después de comprobar una y otra vez que en el área de Palo Alto, California, donde residían, que los dueños de tiendas de comida le decían que no podían enviar todos los pedidos que recibían. Crearon entonces una página web con menúes de restaurantes locales. El primer pedido que recibieron fue de comida tailandesa. En 2019 ya se habían expandido a 4.000 ciudades y ofrecían el servicio de envío de comida de 340.000 locales de EEUU y Canadá.
El caso de Airbnb es particularmente sorprendente, pues la empresa sigue perdiendo dinero. Al inicio de la pandemia, en semanas, su facturación cayó 80% y Brian Chesky, su CEO y uno de los tres fundadores, decidió echar 1.900 personas, un cuarto del total de su nómina de empleados, por Zoom.
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La empresa permitió cancelar todas las reservas que los clientes quisieran –una apuesta a su supervivencia y credibilidad- tomó un crédito por USD 2.000 millones y reenfocó su modelo de negocios en el alquiler de corto plazo, dejando de lado la incursión en los servicios de reserva de vuelos y en hoteles tradicionales, para responder a tendencias emergentes como la búsqueda de lugares con cocina, aptos para mascotas, en lo posible con pileta, rurales o semiurbanos y pasibles de servir como “burbujas” a familias o grupos de estudiantes. Ya en mayo, Airbnb había logrado así mejorar 127% sus marcas respecto del piso de abril y volver a superar el millón de reservas.
Chesky, junto a Joe Gebbia y Nathan Blecharczyk, los otros dos fundadores, que iniciaron el negocio mediante el alquiler por días de su departamento de estudiantes en San Francisco, en el que ofrecían colchón de aire y desayuno (de ahí el nombre “Air Bed and Breakfast”, luego acortado a Airbnb) retienen 42,2% de las acciones, lo que deja la fortuna personal de Chesky en USD 11.000 millones y lo hará escalar en el Top 10 de multimillonarios mundiales menores de 40 años. Según Max Gokhman, jefe de asignación de inversiones de Pacific Life Fund Advisors, si bien Airbnb fue herida por el coronavirus, en el sector de viajes y turismo es la empresa que más tiene por ganar en la salida mundial de la pandemia.
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Voces de cautela
Esos análisis no tapan las voces de cautela. En su sitio WolfSreet, Wolf Richter califica de “ridículas” las valuaciones de DoorDash y Airbnb y aconseja no cegarse ante la actual exuberancia bursátil. Richter recuerda que el mismo día que DoorDash se lanzaron otras siete IPOs y que en 2018, cuando ni se había oído hablar de la pandemia, la firma de delivery de comida había sido valuada en USD 1.400 millones, apenas 2% del valor de su reciente salida a bolsa.
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El analista recuerda además la “fiebre” de las SPAC, esquemas o vehículos “especiales” para adquirir compañías, que levantaron en Wall Street unos USD 74.200 millones en lo que va de 2020, cinco veces más que en 2019 y más en el año que todo lo que habían recaudado desde que el mecanismo empezó a usarse en 2009. Las SPAC, explica Richter, son una alternativa a las IPO, en la que los inversores le dan un cheque en blanco a los administradores, para que algún día inviertan en empresas que de hecho desconocen.
Otra operación notable de los últimos días fue la compra de Slack, un servicio de chat para empresas, por USD 27.700 millones, por parte de SalesForce, una empresa de servicios de software en la nube. Se trata de la mayor adquisición en la historia de la empresa, que en 2019 también había adquirido Tableau Software, una firma de análisis de datos, en USD 15.700 millones.

Basada en San Francisco, SalesForce fue creada en 1999 por Marc Benioff, un exejecutivo de Oracle, que con la compra de Slack buscará competir con Teams, el servicio de chat de negocios de Microsoft. En julio, Slack había presentado ante la Unión Europea una demanda contra Microsoft porque su paquete Office 365 impedía a usuarios de Slack eliminar la aplicación Teams.
Hace apenas dos meses SalesForce fue incorporada al listado de empresas del índice Dow Jones, en reemplazo nada menos que de ExxonMobil, durante muchos años la empresa más valiosa del mundo, verdadero ícono, dinosaurio según algunos, de la era del petróleo.
El último día de noviembre, además, Standard & Poor’s Global, un coloso de la información financiera, elaboradora y “dueña” del famoso índice bursátil S&P 500, entre otros de Wall Street, adquirió en USD 44.000 millones IHS Markit, otra compañía de información y análisis de negocios, muy fuerte en las áreas de materias primas, transporte y energía.
Son todas operaciones que dan cuenta de la velocidad con que se mueven la tecnología, los negocios y Wall Street y del alto valor de intangibles como la información y las expectativas.
La pregunta del millón es si los cambios van demasiado rápido y si las valuaciones recientes tienen o no aire de familia con la burbuja que se pinchó en Wall Street cuando despuntaba el siglo XXI.
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