Brian Chesky cumplió 39 años el sábado 29 de agosto y es una de las 10 personas menores de 40 más ricas el mundo: en 2019 su fortuna se estimaba en USD 4.200 millones. La pandemia, sin embargo, fue durísima con Airbnb, la empresa que fundó con sus amigos Joe Gebbia y Nathan Blecharczyk, luego de la experiencia que tuvieron cuando decidieron usar el departamento que compartían en San Francisco para redondear sus ingresos ofreciendo a a viajeros de corto plazo dormir en colchón inflable y darles desayuno. Los tres eran entonces veinteañeros y llamaron a su negocio Air Bed and Breakfast, origen de la creación, en 2008, de Airbnb, cuyo valor pre-pandemia llegó a calcularse en USD 39.000 millones.
El virus fue impiadoso con esa historia: en apenas 8 semanas, hacia abril pasado, la facturación de la más exitosa plataforma mundial de alquileres de corto plazo cayó 80% y en mayo Chesky tomó una decisión durísima: despedir a 1.900 personas, un 25% de sus empleados. Y lo hizo a través de Zoom.
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La crisis, dijo el CEO de Airbnb a la revista Business Insider, lo obligó a tomar “10 años de decisiones en 10 semanas”. Medidas de alto impacto en el futuro de la empresa y de los miles de administradores de propiedades que dependen de su servicio. “La experiencia nos hizo más fuertes y creo que estamos listos para cualquier tipo de desafíos y oportunidades que se nos presenten”, dijo Chesky.
Uno de los proyectos que la empresa tenía pero postergó por la crisis fue ahora retomado: la empresa cotizará en Wall Street. Además, tomó créditos por USD 2.000 millones, porque cree en su futuro. Y eso luego que de que en mayo se estimaba que los ingresos de Airbnb en 2020 serían este año menos de la mitad de lo que fueron en 2019 y de que –el mes pasado- Bloomberg informara que sus ingresos cayeron 67% en el segundo trimestre.
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El negocio repuntó, pero de modo muy desigual, explicó Chesky: los viajes internacionales y de negocios siguen siendo escasos, pero los de ocio y domésticos en algunos mercados se fortalecieron. En medio de la crisis por la pandemia, una decisión crítica de Chesky fue permitir que los clientes cancelaran sus reservas existentes. Fue clave para generar confianza en la plataforma, la empresa no se aprovechó de una situación en la que –al igual que sus clientes- no había tenido responsabilidad. Luego, además de despedir a 25% de los empleados que tenía a tiempo completo, paró sus gastos de marketing y fue contrayendo deuda, hasta USD 2.000 millones, porque vio futuro.
La decisión principal, dice, fue reenfocarse en el negocio principal: el alquiler de corto plazo. Antes la compañía estaba buscando una función que permitiría a los clientes buscar y reservar vuelos a través de Airbnb, había empezado a incursionar en reservas de hoteles tradicionales y estaba desarrollando un servicio especial para viajeros que buscaban alojamiento de primera clase. Airbnb decidió “volver a las bases” y ese enfoque, según Chesky, fue clave para empezar a recuperarse.
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Así pudo detectar a ir adaptando la empresa a tendencias como que la gente está evitando tanto los viajes internacionales como las grandes ciudades que eran populares en el pasado y viajando más a zonas rurales cercanas a sus casas. Lugares donde puedan instalarse por un tiempo algo más largo que los alquileres previos de Airbnb, con cocina, a los que puedan ir con mascotas y que tengan –por caso- pileta.
Otras personas buscan alojarse en lugares que estén más cerca de sus familias y algunos estudiantes alquilan departamentos para formar “burbujas” donde vivir y estudiar juntos, cuenta Chesky. En EEUU, a su vez, creció la cantidad de familias que se mudaron a lugares remotos aprovechando que cada vez más distritos permiten la educación a distancia, lo que facilita la salida de las ciudades.
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“La pandemia está cambiando la forma en que la gente quiere trabajar, viajar y vivir”, observó Chesky. Así, detectando y adaptándose a estas tendencias, a partir de mayo Airbnb logró aumentar su facturación, al punto que ya a finales de mayo las reservas de alquiler para vacaciones –su principal negocio- había crecido 127% respecto del punto más bajo al que había llegado en abril. El 8 de julio pasado, además, Airbnb informó que había registrado un millón de reservas de noches, primera vez que alcanzaba esa cifra desde principios de marzo.
“La recuperación ha sido desigual”, explicó Chesky a Business Insider. “Se están realizando pocos viajes de negocios, pero los de ocio sí han aumentado. Los viajes internacionales siguen en niveles muy bajos. Y las estancias de negocios son muy débiles en América del Sur, América Latina o Asia. Sin embargo, esa parte del negocio sí experimentó una mejora en Brasil y los viajes nacionales en países como EEUU, Reino Unido y Francia gozan de muy buena salud”.
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Por cierto, hay menos gente cruzando fronteras, pero algunos países tienen una actividad doméstica fuerte que hace crecer el negocio de Airbnb en general. “Es sorprendente la fuerza de Estados Unidos”, dijo Chesky. Airbn se benefició de otro cambio en la demanda: menos gente está viajando, pero más gente está reservando alojamientos para periodos más largos que van de una semana a dos meses. La pandemia limitó las opciones de entretenimiento y otros atractivos de la vida urbana e hizo que muchos se desplazaran temporalmente a lugares remotos donde no siempre hay hoteles disponibles. E incluso cuando hay hoteles, las personas que se dirigen a esos destinos a menudo quieren un lugar más hogareño para alojarse.
“Estamos ganando mucho terreno con todos estos nuevos casos de uso”, explicó Chesky. “Yo diría que todo eso ha sido inesperado”.
A principios de 2020 Airbnb planeaba salir a bolsa a fin de año, suspendió esos planes por la pandemia y ahora retomó los preparativos: y presentó el formulario S-1 con la documentación necesaria para empezar a cotizar en Wall Street. “Nos sorprendió gratamente la resistencia de la comunidad, así que desempolvamos los documentos y los presentamos”, explicó Chesky. “Creo que vamos a aprender mucho sobre cuán preparado está el mercado para Airbnb”.
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Chesky, nacido en Albany, la capital de Nueva York, es un tipo muy deportivo. Fue capitán del equipo de hockey del “College” de Rhode Island donde se graduó como diseñador industrial y en el que se dedicó también al físicoculturismo, desarrollando unos bíceps notables. Y aunque creó una de las plataformas más exitosas del mundo, usó otra, Tinder, para conocer a Elissa Patel, con la que es pareja hace siete años. Patel trabajó también en empresas “tecnológicas” como Frontback, Mercatus y WePay en las áreas de marketing y relaciones internacionales, que estudió en California y en Imperial College de Londres, además de Finanzas y Economía en Shanghái, China. Elissa es de familia india y sigue teniendo a parte de su familia en Gujarat, donde seguramente también se puede conseguir alojamiento por Airbnb.
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