
Tras los singulares derrumbes de la actividad de la construcción y del conjunto de la industria manufacturera en abril, provocados por el decreto que dispuso una cuarentena extrema desde el 20 de marzo y que se extendió a todo el mes siguiente en forma casi plena, a excepción de los sectores catalogados de esenciales, no sorprendió que con el comienzo de la flexibilización, aunque muy parcial, los niveles de producción y obras acusaran en mayo sendos repuntes respecto de ese mes. Así fueron detectados rápidamente por el Indec.
Pero tanto en uno como en otro caso, los índices de actividad no sólo volvieron a registrar por tercer mes consecutivo tasas de caída en comparación con igual mes del año previo de dos dígitos porcentuales muy altos: 48,6% en la construcción y 26,4% en la industria, sino que además, como fue abril, se constituyeron en los valores más bajos de la serie histórica para mayo, y acumularon en ambos más de 24 meses consecutivos en declive.
Claramente, semejante fenómeno se explica por la concurrencia de dos movimientos contractivos que en la historia mundial se observan muy pocas veces, del lado de la oferta, por la cuarentena preventiva y restricciones extremas a la movilidad de unos de los factores relevantes, como es la fuerza laboral, a través de los medios de transporte público, y de la demanda, por el aislamiento obligatorio y también voluntario por temor al contagio del Covid-19 en el caso de los pocos autorizados, junto a la disminución de ingresos nominales que provocaron las suspensiones de personal y hasta despidos por el cierre de establecimientos fabriles y comerciales que no pudieron sostenerse.
Los datos de cantidad de empresas que no pudieron cumplir en mayo con el pago de las obligaciones previsionales, como del personal afectado, volvieron a reflejar con contundencia el efecto de esos movimientos: 18.500 empleadores menos que en marzo y una baja de casi 280.000 asalariados registrados en ese tramo.
De ahí que el relevamiento de expectativas de los constructores e industriales para el trimestre junio a agosto que hizo el Indec volviera a registrar una perspectiva fuertemente negativa, tanto del lado de la actividad productiva, como de la demanda interna y externa, con el consecuente efecto negativo sobre la nómina laboral, pese a la prohibición de los despidos y penalización fiscal que dispuso el Gobierno.
Ese resultado coincide con el que una semana antes había informado el Ministerio de Trabajo a través de la Encuesta de Indicadores Laborales, el cual anticipó la caída del empleo asalariado registrado en el sector privado en 3,5% respecto del nivel de un año antes, la suspensión del 8,8% de los trabajadores en el 17% de las empresas que tomaron esa medida; y un saldo neto de 5,4% de los empleadores que proyecta reducir la nómina en el trimestre junio a agosto.
Expectativas de los constructores
La Encuesta cualitativa de la construcción para el trimestre junio a agosto a grandes empresas del sector volvieron a mostrar “expectativas desfavorables con respecto al nivel de actividad esperado, tanto se dediquen a las obras privadas o del sector público”, destacó el Indec, como ha sido una constante en los últimos meses, pero últimamente agravada por la extensión de la cuarentena, en particular en los aglomerados de más de 500 mil habitantes de todo el país.
Si bien en todos los casos, actividad, empleo y uso del crédito, se advierte alguna mejora relativa en comparación con el relevamiento del mes anterior, el resultado anticipa un tercer trimestre que se ubicará entre los peores de la serie histórica, aunque seguramente menos recesivo que el segundo que quedó atrás.
La industria transita por igual sendero
En el caso del conjunto de la industria fabril, el organismo oficial de estadística comunicó: “según un relevamiento especial (en el contexto del Covid-19) realizado por el Indec a más de 1.700 locales manufactureros, casi el 40% operó con normalidad en mayo, mientras que más del 60% se trabajó parcialmente o no tuvo actividad productiva”.
El saldo de respuesta de los empresarios consultados sobre sus proyecciones para el trimestre junio-agosto, fue claro y contundentemente negativo, tanto del lado de la oferta, como de la demanda.
Las variables que registraron mayor proporción de empresarios que presupuestaron disminución de actividad fueron: demanda interna 61,6% de los consultados; exportaciones e importaciones poco más de 55%; y uso de la capacidad instalada 49%. En menor medida se ubicó la reducción de personal en casi 1 de cada 6 industriales.
Por el contrario, el único rubro que aumentó, aunque con una connotación indiscutiblemente negativa, fue el de las necesidades de crédito bancario, porque se vincula con el deterioro del capital de trabajo provocado por la depresión de la actividad económica en general.
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