
En la última semana de febrero, los mercados financieros se vieron sacudidos por los peligros de una pandemia del coronavirus (Covid-19), mientras que en la primera semana de marzo se vio a los responsables políticos entrar en acción. La constatación de que el PBI mundial probablemente se reducirá durante parte de este año, y el riesgo inminente de pánico financiero y crisis crediticia, llevó a los bancos centrales a reducir las tasas de interés a un ritmo visto por última vez en la crisis financiera de 2007-2009. Sin embargo, un artículo de The Economist advierte que estas herramientas utilizadas por los gobierno pueden no ser suficientes para evitar una recesión impulsada por el efecto global del coronavirus.
La publicación señala que el 3 de marzo la Reserva Federal redujo su tasa de política en 0,5 puntos porcentuales, dos semanas antes de su reunión programada de política monetaria. Remarca asimismo que los bancos centrales de Australia, Canadá e Indonesia también han reducido las tasas.
En ese sentido, agrega que se espera que el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra lo sigan. “Si los mercados monetarios tienen razón, hay más recortes de la Reserva Federal. Se espera que una medida compuesta de la tasa de política monetaria global, compilada por Morgan Stanley, caiga al 0,73% en junio, desde el 1% a principios de año y el 2% a principios de 2019”, detalla el artículo.
Sin embargo, sostiene que existe la sensación incómoda de que “una serie de recortes de tasas puede no ser la solución a esta recesión”. En parte eso refleja el hecho de que ya son efectivamente bajas. “Una regla de oro para combatir las crisis es que para ser creíble siempre debe tener más municiones disponibles”, subraya.
El artículo trae a colación que en 2008-2010, la tasa de política global compuesta cayó tres puntos porcentuales. Y actualmente, fuera de Estados Unidos, las tasas de interés de los países ricos son cercanas, iguales o inferiores a cero. “Incluso la Reserva Federal tiene un alcance limitado para recortar mucho más, una razón, tal vez, por la cual los precios de las acciones no revivieron en las horas posteriores a su último movimiento”, destaca.
Para The Economist, la tensión también se deriva de la peculiaridad del shock que enfrenta la economía, uno que involucra efectos de demanda, oferta y confianza.

En ese marco, la duración de la interrupción depende principalmente de la gravedad del brote y de las medidas de salud pública adoptadas para contenerlo. Dadas esas incertidumbres –considera la revista- los hacedores de políticas saben que si bien los recortes de tasas de interés son una opción, también necesitan medidas fiscales y financieras para ayudar a las empresas y a las personas a resistir una crisis de efectivo temporal pero insoportable.
La publicación hace hincapié en que una de las formas en que el virus perjudica a la economía es interrumpiendo el suministro de mano de obra, bienes y servicios dado que la gente se enferma y las escuelas cierran, obligando a los padres a quedarse en sus casas. Las cuarentenas pueden obligar a los lugares de trabajo a cerrarse por completo y eso conlleva de importantes efectos de demanda.
“Algunos son inevitables: las personas enfermas salen menos y compran menos bienes. Las medidas de salud pública también restringen la actividad económica. Poner más dinero en manos de los consumidores hará poco para compensar este lastre, a diferencia de la desaceleración de la variedad de jardines. La actividad se reanudará solo una vez que el brote siga su curso”, afirma The Economist.

En otro orden, da cuenta de que también existen efectos secundarios desagradables. Remarca que tanto las empresas como los hogares enfrentarán una crisis de efectivo.
“Considere una muestra de 2.000 empresas estadounidenses que figuran en la lista. Imagine que sus ingresos se agotaron durante tres meses pero que tuvieron que continuar pagando sus costos fijos, porque esperaban una fuerte recuperación. Una cuarta parte no tendría suficiente efectivo de reserva para recuperarlos, y tendría que tratar de pedir prestado o achicarse. Algunos podrían ir a la quiebra”, detalla.
Asimismo, sostiene que investigadores del Banco de Pagos Internacionales, un club de bancos centrales, encuentran que más del 12% de las empresas del mundo rico generan muy pocos ingresos para cubrir sus pagos de intereses.

Según el informe, muchos trabajadores tampoco tienen grandes amortiguadores de seguridad y se arriesgan a perder sus ingresos y sus trabajos mientras aún tienen que hacer pagos de hipotecas y comprar bienes esenciales.
En tal sentido, una encuesta de la Reserva Federal arroja que más de uno de cada diez adultos estadounidenses no podría cubrir un gasto inesperado de USD 400, equivalente a aproximadamente dos días de trabajo con ingresos promedio.
“Temiendo un golpe en sus bolsillos, las personas podrían comenzar a acumular efectivo en lugar de gastar, empeorando aún más las posiciones de las empresas. Modelar el impacto resultante en la actividad económica no es una tarea fácil”, advierte.
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