Foto de archivo. Ilustración de dólares estadounidenses. 12 de febrero de 2018. REUTERS/Jose Luis Gonzalez.
Foto de archivo. Ilustración de dólares estadounidenses. 12 de febrero de 2018. REUTERS/Jose Luis Gonzalez.

El mejor clima de los mercados del exterior trajo la paz a los bonos de la deuda y el riesgo país se derrumbó 65 unidades (-2,4%) a 1.852 puntos básicos, mientras el Banco Central cazaba adentro del zoológico -el mercado único de cambios- y compraba casi USD 200 millones para acrecentar sus reservas y mantener al dólar mayorista por debajo de los $ 60.

Si a esto se le suma la felicitación del FMI por el ajuste que el Gobierno está realizando, aunque aclaró que espera ver el plan económico después de que transcurran estos seis meses, se entenderá porque los inversores salieron de sus refugios y asumieron riesgos.

La Bolsa fue la prueba terminante. El S&P Merval, el índice de las acciones líderes, subió 2,49% con un 35% más de negocios -$ 688 millones- que las ruedas anteriores. La coincidencia del mayor volumen operado y el alza de los precios, es lo que le dio sustentabilidad a esta resurrección de las acciones.

Lo más destacado fueron los bancos y las empresas de servicios. Central Puerto lideró las alzas con 6,36%, seguido por el Banco Supervielle con 6% y BBVA con 5,54%.

En Wall Street, donde todas las bolsas subieron en porcentajes importantes cuando Donald Trump anunció que está por firmar la “fase 1” del acuerdo con China, los ADR’s argentinos no desentonaron. Estos certificados de tenencia de acciones locales, tuvieron importantes alzas. Lo mejor pasó por Supervielle (+6,51%), Grupo Financiero Galicia (+3,80%), BBVA (+3,78%), Transportadora Gas del Sur (+3,77%) y Central Puerto (+3,36%).

Por supuesto, los bonos fueron objeto del deseo. Los nominados en pesos llegaron a subir 14%, es decir que los mismos inversores con los mayores precios que pagaron, acompañaron la baja de la tasa de interés que alentó el Banco Central al reducir el rendimiento de las Leliq de 55% anual a 52%.

La apuesta de los privados es que la tasa va a ser más elevada que la suba del dólar. Los inversores ven a las divisas alternativas cerca del techo de los $80 por un tiempo considerable.

Por los bonos de la deuda en dólares, también se pagaron cifras importantes. El Bonar 2020 que tiene su vencimiento definitivo el 8 de octubre y paga un cupón de 4% el 8 de abril, aumentó más de 7%. El Bono más largo que nació con el canje de la deuda de Néstor Kirchner, el Discount con legislación de Nueva York aumentó 3,21%.

La leve baja del oro y del petróleo, marcaron el clima de menor tensión que vivieron los mercados del mundo y que se trasladó a la Argentina, donde se espera que las tasas sigan en baja y el dólar en calma.

El dólar en bancos y casas de cambio se mantuvo en $ 62,88, igual que el día anterior. El dólar mayorista perdió 1 centavo y cerró en $ 59,81. En esta plaza los negocios crecieron a USD 448 millones por la mayor presencia de los exportadores. Esto obligó a que el Banco Central comprara una cifra que se acercó a los USD 200 millones y que le permitieron acrecentar sus reservas en USD 257 millones a 45.417 millones. La suba del euro colaboró con este aumento de las reservas.

El contado con liquidación, perdió medio por ciento y cerró a $ 77,86, mientras el dólar Bolsa o MEP, tuvo un alza de casi 2% a $ 76,22. Este dólar, que es el más negociado por las manos grandes, no pierde vista el precio del dólar libre, pero esta vez el factor que lo impulsó fue la fuerte suba de los bonos en dólares más cortos.

Lo más positivo de la plaza financiera sigue siendo la preferencia por la tenencia de pesos, aunque esté en baja la tasa de interés. Esto significa que apuestan a la inmovilidad del dólar y el rendimiento en moneda local, por más bajo que sea, se convierte en negocio. No hay que olvidar que el dólar tiene un precio de entrada y otro de salida que hay que sumárselo al costo de la divisa. Por eso, estiman que se gana con una tasa en pesos que no esté por debajo de 3,50% mensual.

Cabe advertir que, en la Argentina, a toda la euforia de los pesos, le sigue una ola contraria cuando los inversores deciden transformar esas ganancias en dólares. La divisa norteamericana es el regazo materno al que vuelven eternamente los inversores.

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