El presidente Alberto Fernández
El presidente Alberto Fernández

La megaley ya aprobada en el Congreso y reglamentada es el gran instrumento en el que se apoyará Alberto Fernández para tratar de sacar a la economía de la recesión y al mismo tiempo bajar la inflación. El Presidente reconoció que efectivamente se trata de un ajuste, pero lo justificó en la necesidad de “poner las cuentas en orden”. No hacía falta que lo reconociera, pero restaba que él mismo admitiera lo que negó incluso después de haber ganado las elecciones y hasta el propio 10 de diciembre en el discurso ante la Asamblea legislativa.

El objetivo es avanzar rápidamente en la consolidación de las cuentas públicas y dejar atrás una década de déficit fiscal, especialmente en el resultado primario. Eso significa que durante mucho tiempo la Argentina tuvo más gastos corrientes que ingresos, aún antes del pago que generan los intereses de la deuda.

Si consigue el objetivo, la economía argentina tendrá nuevamente superávit gemelos en 2020. Es decir, un resultado positivo aunque sea muy chico en la cuenta fiscal y también un saldo comercial favorable. Esto último ya la Argentina lo consigue holgadamente, porque este año superará los USD 15.000 millones. Esto fue posible por un aumento de las exportaciones, pero al mismo tiempo la retracción de importaciones ante la fuerte caída de la demanda interna.

Conseguir un resultado favorable tanto de la balanza comercial como de la fiscal permite un mayor grado de independencia, aún en medio del virtual default y de la necesidad de cerrar un nuevo acuerdo con el FMI

Los superávit gemelos fueron el signo distintivo de la gestión de Néstor Kirchner en 2003. Eso le permitió al Banco Central acumular reservas y al mismo tiempo no depender del financiamiento, ya que las cuentas cerraban holgadamente. El resultado favorable tanto de la balanza comercial como de las cuentas públicas resultó un pilar fundamental para sostener el repunte a tasas chinas que tuvo la economía aquellos años, logrando salir de la dura crisis que estalló a fines de 2001.

Néstor Kirchner, Alberto Fernández y Roberto Lavagna
Néstor Kirchner, Alberto Fernández y Roberto Lavagna

Alberto Fernández era entonces jefe de Gabinete y vivió aquel proceso como la mano derecha del entonces presidente Kirchner. Esos superávit gemelos se achicaron ya al final de ese gobierno, siguieron menguando durante la primera parte de la gestión de Cristina Kirchner y ya para el segundo gobierno, a partir de 2012, se habían transformado en déficit gemelos: había rojo de la balanza comercial y de las finanzas públicas, una tendencia que se fue agravando hasta el 2015. Después la historia está bien fresca: Mauricio Macri optó por el gradualismo para salir del fuerte déficit fiscal, pero en el medio los mercados le dieron la espalda.

El nuevo programa estableció una serie de nuevos impuestos o fuerte aumento de alícuotas de otros ya existentes (retenciones, Bienes Personales, “dólar solidario”, entre otros) para aumentar la recaudación y al mismo tiempo un recorte del gasto al suspender el ajuste de la movilidad jubilatoria. Entre ambos efectos se estima que el superávit fiscal primario de 2020 estará entre 0% y 1% del PBI.

El congelamiento de tarifas fue otro aspecto bien distintivo de aquel gobierno de Néstor Kirchner. Claro que lo que empezó siendo un alivio para el bolsillo de los empleados de menos ingresos muy afectados por la crisis, terminó siendo un enorme dolor de cabeza. Los subsidios a las compañías energéticas y de transporte terminaron representando más del 5% del PBI. Una cifra insostenible tanto por el peso sobre las arcas públicas como por el impacto de la escasez de inversión en el sector energético.

Son muchos los aspectos actuales que se parecen al 2003: se viene de una fuerte recesión, habría superávit gemelos, congelamiento tarifario y la necesidad de renegociar la deuda pública

El congelamiento tarifario permite que los aumentos salariales que se vayan otorgando (por decreto o por paritarias) terminen yendo directo al consumo, especialmente en supermercados, y que no se destine casi toda la suba salarial a pagar casi exclusivamente los ajustes en servicios públicos.

Ahora se resolvió un nuevo congelamiento de tarifas por 180 días, que en realidad se suma al que definió Macri desde mayo pasado en transporte público y más adelante -luego de la derrota en las PASO- para el resto de los servicios como luz y gas.

El ministro de Economía de Argentina, Martín Guzmán, habla durante una conferencia de prensa (REUTERS/Mariana Greif)
El ministro de Economía de Argentina, Martín Guzmán, habla durante una conferencia de prensa (REUTERS/Mariana Greif)

Otro aspecto similar es que la economía en aquel momento pudo recuperarse aún en medio del default total e la deuda. Ahora la situación es compleja pero no tan dramática, en medio del default “virtual”.

Son muchas las coincidencias respecto al “Modelo 2003”: superávit gemelos, congelamiento tarifario, un proceso de renegociación de la deuda, e impulso al consumo de corto plazo entre otras medidas.

La principal diferencia con la economía que le tocó administrar a Néstor Kirchner entre 2003 y 2007 es que ahora la presión impositiva es 20 puntos más que en aquel momento. Y esto conspira contra la inversiones, tanto locales como de extranjeros.

Sin embargo, sería demasiado inocente pensar que el proceso ahora se puede dar de manera similar a la de aquel lejano 2003. Quizás una de las diferencias más notables, o quizás la mayor de todas, es que el gasto público en términos de PBI aumentó casi 20 puntos, situándose en niveles cercanos al 40%. Esto a su vez llevó a un esquema de presión impositiva que sitúa a la Argentina entre los más complicados del mundo para invertir y hacer negocios. Ya de por sí esta situación espanta a los empresarios locales a efectuar nuevas inversiones y mucho menos atraerá a compañías internacionales para hacer negocios en la Argentina.

Tampoco entre 2003 y 2007 hubo cepo cambiario. Al contrario, había dólar único y flotaba, aunque con marcación estricta de parte del Central. Se supone que a mediano plazo se buscará ir a ese modelo y dejar atrás lo que ocurre ahora, donde existen múltiples tipos de cambio y un férreo control sobre las divisas. El propio Presidente había reconocido como algo negativo la persistencia del cepo para el crecimiento económico.

Además el regreso del kirchnerismo también generó una ola de ventas de activos argentinos luego de las PASO, que recién en las últimas semanas y sólo parcialmente empezó a pegar la vuelta. Para Alberto Fernández será fundamental recuperar rápido el acceso a los mercados financieros y que la Argentina vuelva a tener acceso al crédito internacional.