
La alta tasa de política monetaria del Banco Central es un instrumento eficaz para varios objetivos inmediatos. Una rentabilidad real positiva para todo el sistema financiero, por encima de la inflación, contribuye a mantener a los pesos alejados del consumo y de la demanda de dólares.
A la vez, un tipo de cambio estabilizado y un mercado esterilizado de pesos sobrantes ayudan a contener la carrera alcista de los precios.
Pero Argentina ya lleva un semestre con tasas de política monetaria en el umbral de 60% anual, un lapso prolongado, y la deuda del Central por Leliq (Letras de Liquidez) crece a mucha velocidad. Si bien el dólar mantiene cierta estabilidad de octubre a esta parte, la continuidad de la suba de tarifas y el traslado a precios de la devaluación de 2018 elevó en 17 puntos porcentuales la inflación anual, de 34,4 a 51,3 por ciento.
Cabe preguntarse entonces si la continuidad en el tiempo de rendimientos financieros en un rango tan alto de 60% no empieza alinear al alza las expectativas de inflación y de devaluación en lugar de reducirlas.
En el pasivo del balance de la entidad, el ítem de "títulos emitidos" por el BCRA, que incluyen Letras de Liquidez y Notas de Compensación de Efectivo, volvió a superar el billón de pesos por primera vez desde comienzos de agosto de 2018, cuando la salida de fondos de las ya extintas Lebac detonó la "corrida cambiaria" que hundió a la actividad económica en la mayor recesión desde 2009 y provocó la mayor devaluación del peso desde 2002.
Los rendimientos de Leliq aumentaron casi 20 puntos porcentuales a partir del pasado 14 de febrero, poco más de un mes atrás, ante el rebote del precio del dólar, que llegó a superar los 43 pesos al público y 42 pesos en la cotización mayorista.
La intención del BCRA es que la contundente suba de las tasas se traslade a los ahorristas, pues en las últimas ruedas los depósitos a plazo estaban brindando una rentabilidad negativa si se la compara con la tasa de inflación.
Alejandro Bianchi, gerente de Inversiones de InvertirOnline.com, afirmó que "la política monetaria está reaccionando rápido a los movimientos del mercado, del dólar, y al índice de inflación. Hay cierta preocupación de parte de BCRA porque el mecanismo de transmisión no es lo suficientemente rápido para con los bancos".
Según el último dato brindado por la entidad monetaria, la tasa Badlar, para depósitos de más de un millón de pesos, promediaba en bancos privados el 40,75% anual, mientras que para plazos fijos a menos de 60 días alcanzaba 39,4 por ciento.
Estos rendimientos son inferiores al 3% mensual, lo que lleva a los inversores a evaluar un traspaso de sus depósitos a dólares, ante la inminencia de meses con una inflación superior y la incertidumbre del resultado de las elecciones presidenciales de octubre.
"Si bien las tasas del LELIQ subieron mucho, las tasas del plazo fijo no subieron al mismo ritmo, es por esto que el mecanismo de transmisión de la rigidez monetaria está endeble en este sentido", agregó Alejandro Bianchi.
Pablo Castagna, director de Portfolio Personal Inversiones, recordó que "la presión compradora del dólar, en términos generales, la provocan sobre todo los inversores institucionales, con un carry trade que se desarma cuando el contexto luce desfavorable".
"Cuando el tipo de cambio presenta saltos significativos -como fue la semana pasada- asusta porque el Banco Central todavía no tiene las herramientas para intervenir directamente", añadió.
Aunque la participación directa del BCRA en el mercado continuará restringida por la zona de "no intervención", la confirmación sobre ventas del Tesoro por USD 9.600 millones entre abril y diciembre, fue efectiva para que la cotización del dólar recortara 3,5% en las últimas tres ruedas cambiarias.
La súper tasa apenas amortigua la inflación
Hoy las tasas del BCRA no son suficientemente eficaces para ponerle coto a la inflación. Por un lado la entidad monetaria retira pesos del mercado a un alto costo, la tasa de Leliq, iniciativa necesaria para el objetivo de precios, pues persiste la amenaza del exceso de liquidez.
Pero al tener la Argentina un esquema de precios regulados atado al dólar y los precios internacionales, como ocurre con los combustibles y el gas, la suba del dólar se traslada con poco margen de tiempo a la inflación doméstica.
Esta fue una decisión política que asumió el gobierno de Mauricio Macri en septiembre de 2017, antes de producirse la violenta devaluación de 51% que sufrió el peso desde fines de abril a fines de septiembre de 2018.
La suba del dólar también impacta en muchos precios mayoristas y los alimentos que se exportan. Por lo tanto, si el Gobierno evita caer en un nuevo ciclo de atraso cambiario, solo los salarios, y los bienes y servicios "no transables" serán ancla inflacionaria, y por muy corto plazo.
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Ahora la estrategia del Banco Central será usar al dólar como ancla para bajar la inflación
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