“El parar y arrancar de la actividad económica en los últimos años estaba determinado, no por actos deliberados, sino por las restricciones para crecer”
“El parar y arrancar de la actividad económica en los últimos años estaba determinado, no por actos deliberados, sino por las restricciones para crecer”

Los últimos datos de actividad económica  y empleo, notablemente mejores que los esperados en materia de inflación y cuentas externas de la economía en su conjunto, pusieron de manifiesto una creciente brecha entre las percepciones negativas y la realidad de los datos del sector real, visiblemente positivos.

Una primera respuesta a esa aparente disociación entre la percepción y la realidad, explicada en algunos casos por datos que demandan un trimestre su procesamiento, como los de las cuentas nacionales; balanza de pagos y empleo y desempleo global, la dio en diálogo con Infobae el economista, vicepresidente e investigador del Ieral de Fundación Mediterránea, Jorge Vasconcelos: "La economía estaba incapacitada para reaccionar por el lado de la oferta, por falta de inversiones; restricciones energéticas; pérdida de productividad; y dificultades para competir por ausencia de acuerdos comerciales bilaterales".

– En los últimos tiempos se advierte un cambio de humor en los agentes económicos y suba del índice de riesgo país, con estimaciones privadas alcista en materia de inflación y bajistas en actividad, más allá del efecto de la sequía, que, al parecer, desestiman los datos muy positivos de la economía real: PBI; inversión, consumo, empleo, recaudación, ¿Cree que forma parte del proceso de reacomodamiento de precios relativos, de la herencia que recibió el Gobierno?

– Creo que la situación del stop and go desde el 2011 hasta 2015 siempre se ve como algo deliberado del gobierno anterior de darle manija a la economía en los años electorales y frenar en el siguiente. Pero en realidad el problema que había es que la economía, por el lado de la oferta, estaba incapacitada de reaccionar. Es decir, no es que en los años no electorales los gobiernos deliberadamente frenaban para tener oxígeno para el año siguiente; sino que no estaban las condiciones para un proceso continuado de crecimiento. Por tanto el proceso de stop and go es un problema, principalmente del lado de la oferta de la economía.

– ¿Producto de la desinversión?

– Claramente había un problema de falta de inversión; falta de energía; pérdida de productividad; incapacidad para afrontar mercados internacionales por ausencia de acuerdos bilaterales; de modo que el parar y arrancar de la actividad económica en los últimos años estaba determinada no por actos deliberados sino por las restricciones para crecer. La solución a eso no es por el lado de la demanda, sino por el lado de la oferta que todos sabemos que son más lentas, complejas, y menos instantáneas.

La solución al stop and go no es por el lado de la demanda, sino por el lado de la oferta que todos sabemos que son más lentas, complejas, y menos instantáneas”

– ¿Ahora cómo estamos?

– Lo que hay ahora es que parte de los problemas que vemos tienen que ver con resolver las limitaciones del lado de la oferta, por eso cuesta tanto bajar la tasa de inflación, dada la necesidad de recomposición de los precios relativos, que no son sólo tarifas de los servicios públicos sino también tipo de cambio; y obviamente esos dos precios tienen un impacto directo sobre el índice general al consumidor. Para mí siempre fue menos preocupante el incumplimiento de la meta de inflación que el incumplimiento de la meta fiscal, porque la función de honrar el objetivo de las finanzas públicas es mantener abierto el crédito; y eso es fundamental para recomponer a la economía del lado de la oferta.

Sobretodo porque en esta primera etapa el grueso de la inversión ha estado empujada por el sector público, no sólo por las obras propias en ejecución, sino también por todas las garantías que ha estado ofreciendo para que haya inversión en Vaca Muerta; para inversión eólica y solar; todos los proyectos que se anunciaron; y no podía ser de otra manera, sencillamente porque la Argentina era un país con una pésima calificación desde el punto de vista de las normas de las calificadoras de riesgo. En América Latina hay sólo dos países con peores notas, excluyendo los pequeños, que son Ecuador y Venezuela. Y eso pesa en las decisiones externas de inversión de largo plazo.

– Sin embargo, el Gobierno dice, y muestra, que está, incluso, sobrecumpliendo la meta fiscal, y eso debiera asegurar el sendero descendente de la inflación, aunque a menor ritmo del que se propuso. ¿Por qué cree que persiste esa desconfianza en los grandes inversores? ¿Esperaban más? ¿Que la reducción del déficit fiscal sea más acelerada?

– Me parece que eso es parte del pecado de origen del actual Gobierno, porque subestimó el problema que iba a tener por el lado fiscal; también por el lado de la inflación cuando se propuso 25% en 2016 y fue del 40%. Si uno maneja en la ruta a cierta velocidad y se va a la banquina, corregir no se hace con un sólo movimiento, sino varios, hasta que se logra retomar el curso normal. Y creo que la suerte de la economía argentina no depende hoy la meta de inflación se incumpla por cinco puntos porcentuales en 2018; hay otros factores mucho más relevantes desde el punto de vista de la recomposición economía.

“Parte del pecado de origen del actual Gobierno, porque subestimó el problema que iba a tener por el lado fiscal; también por el lado de la inflación cuando se propuso 25% en 2016 y fue del 40%. Si uno maneja en la ruta a cierta velocidad y se va a la banquina, corregir no se hace con un sólo movimiento”

Y por otra parte, eso hace un poco que la discusión sobre el nivel de la tasa de interés sea tan relevante como suele verse en los medios, porque lo que importa es la tasa de interés de largo plazo y esa, afortunadamente relativamente estable hasta fin del año pasado. Y si bien hoy está en un nivel superior, uno pudiera pensar que si la turbulencia internacional se calma; y la situación fiscal se ve que avanza en su sendero bajista, ese riesgo país también podría acomodarse un poco hacia abajo.

“Si la turbulencia internacional se calma; y la situación fiscal se ve que avanza en su sendero bajista, el riesgo país también podría acomodarse un poco hacia abajo”
“Si la turbulencia internacional se calma; y la situación fiscal se ve que avanza en su sendero bajista, el riesgo país también podría acomodarse un poco hacia abajo”

– Cuando estudiábamos economía nos enseñaban que existía la restricción presupuestaria de las familias que impedía convalidar todos los precios. ¿Por qué en el proceso de reacomodamiento de precios relativos el Gobierno no logra reducir la inflación a la meta que se propone, y el aumento de tarifas de los servicios en la Ciudad y el Gran Buenos Aires se replican en el interior, según los datos del Indec?

– No existe una única razón, son tres o cuatro, y todas convergentes. Primero, el sector público al obtener financiamiento del Banco Central por más del PBI, aunque es descreciente y veníamos de casi 5% del PBI, sigue generando una expansión autónoma de la inflación; pero también están los problemas de mercados muy cerrados y oligopólicos; además de la inercia de la suba de precios en los contratos, en una economía que viene desde hace muchos años en un andarivel de inflación del 25%. Es decir, en la región donde se inventaron los planes de desinflación, con Brasil y la Argentina, el factor inercial es relevante, y el único desagio que se intenta es con el ancla salarial, tratando de que los sindicatos miren la inflación hacia adelante, y no hacia atrás.

“El único desagio que se intenta es con el ancla salarial, tratando de que los sindicatos miren la inflación hacia adelante, y no hacia atrás”

– ¿Cómo ve el incentivo al crédito hipotecario con la indexación, con cláusula UVA o CER? ¿Es una buena decisión o va a contramano de una política que apunta a la desinflación?

– En realidad, el problema que tuvo la Argentina siempre fue ser una economía bimonetaria, donde los contratos para el mediano y largo plazo se hacían en dólares. Por tanto la idea de desdolarizar los contratos con créditos en pesos indexados es una buena idea, dada la experiencia de la Convertibilidad. La única forma de desdolarizar y tener contratos es ofrecer el UVA o el CER como alternativa. De todas formas, lo que hay que mirar es su participación en el total y es muy poca.

Y hay que ver en realidad que para el sistema bancario hoy está en una etapa que es muy rentable, porque está descalzado, al estar buena parte de esos créditos indexados fondeados a tasa cero, como son los saldos en cuentas corrientes y en caja de ahorro. Pero si bien en algún momento, en los próximos años, eso va cambiar, los bancos están en una posición que todos los particulares quisiéramos tener: tienen activos indexados y pasivos a costo cero, obviamente sobre una pequeña porción, pero es así.

En todo caso, la preocupación hoy es del tomador del crédito. Por eso es un mal consejo mentir sobre los ingresos que se tiene para acceder a un mayor crédito indexado, porque si se empieza con una relación real cuota sobre ingreso del 40%, en lugar del tope del 20% a 25% que exigen las entidades, es posible que en el futuro se vea en dificultades para pagarlo.

– Usted hablaba al comienzo de la entrevista de los factores importantes que faltan encarar para consolidar el proceso de reacomodamiento de precios relativos y la baja del déficit fiscal. Pienso en la disminución del gasto de capital en el primer bimestre para poder cumplir con la pauta que se fijó en Hacienda, ¿cuáles son?

– El replanteo de la meta de inflación tuvo un sentido fiscal porque con una tasa real de interés como teníamos en noviembre y diciembre la probabilidad de que la recaudación impositiva de 2018 no fuera buena era alta, al cambiar la meta de inflación y relajar la política monetaria el principal beneficiario será el propio fisco. Me da la impresión de que haya habido algo transitorio en la baja del gasto de capital por parte del sector público, porque sería muy grave que el Gobierno tuviera que acudir a ese mecanismo. En realidad, la forma de hacer más con menos la obra pública es que los que ganan los contratos tengan certeza de que van a cobrar en tiempo y forma, porque si hay incertidumbre todo eso se va a reflejar en el precio de los trabajos.

El replanteo de la meta de inflación tuvo un sentido fiscal porque con una tasa real de interés como teníamos en noviembre y diciembre la probabilidad de que la recaudación impositiva de 2018 no fuera buena era alta, al cambiar la meta de inflación y relajar la política monetaria el principal beneficiario será el propio fisco

– De la evolución de la recaudación de impuestos en el primer trimestre se desprende un dinamismo de la actividad económica más alto del que se percibe en la calle. ¿Cuál es su lectura? ¿Respondió a factores circunstanciales o al efecto de más inflación respecto de lo esperado y mayor eficiencia en la fiscalización que a la reactivación general?

– Hay mucho efecto blanqueo de la economía, porque lo más dinámico han sido las importaciones, las cuales en su pago genera a la empresa un crédito fiscal que sólo puede descargar y tomar a cuenta de Ganancias si opera en blanco; mientras que cuando hay un proveedor local, es más probable que haya una "economía gris". Por eso, el aumento de las importaciones tiene un rol muy fuerte en el blanqueo impositivo de la economía, que se va transmitiendo hacia adelante. Fíjese lo que ocurre con la construcción, que es el sector más expansivo se ha tenido que acudir a la compra de materiales y piedra en países vecinos, por la restricción de oferta interna que le mencionaba antes para responder al nuevo nivel de demanda; es el mejor ejemplo de cómo la oferta demora en acomodarse. De todos modos no hay que olvidar que este año el Gobierno va a resignar muchos recursos, con la baja mensual de las retenciones a las exportaciones del complejo sojero; y la desgravación de contribuciones patronales sobre $2.500 por mes del salario que paga a los trabajadores, como parte de la política de bajar impuestos distorsivos y disminución de la presión tributaria.

“La construcción, que es el sector más expansivo, ha tenido que acudir a la compra de materiales y piedra en países vecinos, por la restricción de oferta interna”
“La construcción, que es el sector más expansivo, ha tenido que acudir a la compra de materiales y piedra en países vecinos, por la restricción de oferta interna”

– Desde Ieral tiene una visión muy amplia de la situación de las provincias, ¿ve progresos en las cuentas fiscales?

– Observo que falta más espíritu federal en las reformas. Hubo un Pacto Fiscal, pero como en Ingresos Brutos se fijó como techo para el primer año en un nivel que más alto del que estaba en muchas provincias, las que estaban por debajo decidieron elevar sus alícuotas, y eso, obviamente, refleja una desaprensión sobre la importancia que tiene bajar impuestos distorsivos pueda tomar el rol de la locomotora del empleo, sobre todo porque se estableció para el sector público un límite a la ampliación de la nómina, dado por el crecimiento vegetativo de sus poblaciones.

También se nota esa falta de espíritu federal en las reformas en que prevalecen muchas superposiciones de gasto, como en las actividades vinculadas con la Educación; Seguridad, Salud, en donde falta coordinación para ahorrar presupuesto, porque se advierte duplicación de funciones y de partidas para un mismo fin. Y lo mismo en otros temas, como obra pública, donde probablemente sea mucho mejor encarar proyectos conjuntos entre varias provincias, aunque políticamente eso pudiera tener un efecto más diluido, que hacer el famoso "cordón y cuneta" que no tiene efecto multiplicador sobre la economía.

El clic va a estar cuando el político advierta que su suerte va a depender de lo que ocurra con el empleo privado, dado que tienen enormes limitaciones para lograr adhesión en base a empleo público, o subsidio, que fue el mecanismo  que se usó y abusó en los 10 años anteriores a este Gobierno.

Falta más espíritu federal en las reformas. Hubo un Pacto Fiscal, pero como en Ingresos Brutos se fijó como techo para el primer año en un nivel que más alto del que estaba en muchas provincias, las que estaban por debajo decidieron elevar sus alícuotas

– ¿Le sorprendieron los datos de crecimiento del empleo en 2017 que informó el Indec?

– El mismo Gobierno tuvo una discusión interna muy fuerte en los meses de noviembre  y diciembre, donde  una parte creía que la economía se estaba enfriando; y se estaba derritiendo la reactivación; mientras el Banco Central decía "la economía sigue firme, podemos bancar  una tasa de interés relativamente dura". Tres o cuatro meses después lo que vemos es que la economía en 2017 creó 685 mil empleos netos, con las estadísticas del Indec, cuando dos o tres meses antes gente importante dentro del Gobierno no estaba viendo eso.

De ahí que no se le puede pedir a los gobernadores o a los dirigentes políticos de todo el país que confíen en que el empleo privado va a cumplir el rol que ellos necesitan que ocurra para que puedan seguir siendo populares en sus provincias o distritos. Entonces, la realidad está ayudando a argumentar a que si se crean las condiciones el sector privado puede jugar ese rol.

– Pero los detractores del Gobierno le podrían decir que eso fue en 2017, ahora el panorama cambió con la suba de las tasas de interés en los EEUU; la agresiva política comercial de los EEUU con China y sus derivaciones sobre el resto del planeta; y, para peor, se agregó la peor sequía en 44 años…

– Creo que la economía argentina con lo que tiene en cuanto a instrumentos de política económica, condiciones en el sector privado y funcionamiento de la oferta de servicios tiene para crecer entre 2,5% y 3% anual. Si tiene buena suerte, Brasil crece en algún momento al 4%, o la tasa de interés cae mucho en el mundo, puede superar ese umbral; pero en una situación inversa, puede moverse para abajo. Creo que no hay que autoengañarse, no somos una Ferrari, somos un Ford Falcon.

Esto me lleva al inicio de esta conversación que es que las restricción de oferta de la economía se resuelve lentamente; y hace falta tiempo para ver los resultados. Desde ese punto de vista, las novedades de estas últimas horas no cambia el escenario principal de que la economía está para crecer entre 2,5% y 3%, y que se ubique por debajo de 2,5% si se acumulan las noticias negativas de suba de las tasas de interés en el mundo, sequía y se genere incertidumbre con los aprestos para una presunta guerra comercial.

De todos modos, creo que las noticias se están autocompensando, es decir no veo un listado con solo noticias negativas, sino que también hay buenas, como por ejemplo a la discusión comercial entre los EEUU y China hay que contraponerle los avances claros entre Mercosur y la Unión Europea; en el caso de la sequía se opone el hecho de que los precios internacionales de las materias primas que exporta la Argentina reaccionaron favorablemente, y hace suponer, si el tiempo acompaña, en 2019 podamos tener una incidencia muy fuerte del sector agropecuario sobre la economía argentina; le puede sumar más de 1% del PBI, suponiendo el fin de La Niña. Y así sucesivamente.

Las manos de Jorge Vasconcelos acompañan la enumeración de las buenas y malas noticias para la actividad económica
Las manos de Jorge Vasconcelos acompañan la enumeración de las buenas y malas noticias para la actividad económica

– Usted dijo que le preocupaba más el cumplimiento de la meta fiscal, más que el alcance de la meta de inflación que fue recalibrada en diciembre, ¿por que?

– Porque la brecha entre la meta de inflación y los pronósticos del sector privado, que es de 5 puntos porcentuales, de 15% a 20%, tiene como contrapartida que la recaudación de impuestos sea más alta, por el cobro del impuesto inflacionario, para un gasto público que por el momento intenta mantenerse dentro de la pauta inflacionaria, que para todo el año es de menos del 17% de aumento a nivel primario. Por eso creo que no estamos frente a una situación de sólo malas noticias.

Y respecto del efecto de la suba de las tasas de interés en los EEUU en los últimos meses, quiero decir que no veo que estemos frente a un aumento como se registró en los 90, de 5 a 6 puntos porcentuales; es bastante probable que se pare a la mitad entre los niveles actuales y el que supo alcanzar en décadas anteriores, esto es tasas del 3% al 4% anual, en las cortas y largas, por dos razones: 1) porque la inflación no reacciona en los países en desarrollados; 2) porque esta suba de tasas que está haciendo los EEUU está ocurriendo en el fin de un ciclo de crecimiento extremadamente largo, acumula 10 años en esa senda, después de la crisis de 2008, por ende toda suba de tasa después de un cierto nivel lo que puede generar es una recesión para una economía que ya quemó mucho combustible en ese proceso de expansión en una década. Eso se transforma en un reaseguro para evitar caer en una recesión.

De todas formas, para la Argentina, está bueno que tengamos un "cuco" a que la suba de las tasas de interés en el mundo pueda generar problemas para financiar el gradualismo, para no confiarnos, y hacer todo lo que se pueda antes de tiempo para no depender tanto del crédito externo para cubrir el bache fiscal. Pero me parece que la probabilidad de un escenario muy crítico respecto de las posibilidades de la Argentina de financiarse en el mercado internacional son muy bajas.

“Está bueno que tengamos un “cuco” a que la suba de las tasas de interés en el mundo pueda generar problemas para financiar el gradualismo, para no confiarnos, y hacer todo lo que se pueda antes de tiempo para no depender tanto del crédito externo”

– ¿Cómo se podrá salir de la trampa de poder crecer sólo entre 2% y 3% por año?

– A través de que la inversión pública pueda seguir jugando un rol destacado. Si uno relee el mejor libro de historia económica de la Argentina, que creo es del de Carlos Díaz Alejandro, recuerda que el boom de la Argentina que llegó hasta 1930, se explica por tres cosas: 1)  porque hubo una monumental tarea de reconstrucción de la inversión en infraestructura; 2) por la revolución educativa que hubo; y 3) porque los recursos que se asignaban sin anabólico, o sea las inversiones iban a dónde habían capacidades de competir; no eran inversiones alimentadas por subsidios y promociones.

Veo que el Estado tiene capacidad para seguir haciendo inversión en infraestructura, porque las proyecciones de deuda pública por parte de las calificadoras de riesgo soberano se estabilizan entre 50% y 55% del PBI, excepto que haya una situación internacional que lleve el precio del dólar en el mercado interno de $20 a $30, a valores actuales, porque con ese salto los números fiscales no cierran porque hay mucha deuda externa.

Sobre la educación, da toda la impresión de que la agenda, luego de una gran parálisis, progresivamente está mejorando, con la posibilidad de tener información fidedigna del estado real es una línea de trabajo que está avanzando.

Y sobre el tema de la inversión eficiente percibo que el Gobierno ya no tiene margen para crear un régimen especial como el de Tierra del Fuego, o para generar otros mecanismos de subsidio a la energía como supimos tener. Además, está China. Hoy si se mira a la Unión Industrial Argentina, vemos que tiene un presidente que es un empresario de la industria aceitera, Miguel Acevedo, que es una de las actividades más competitivas del país. Obviamente que dentro de la UIA los sectores con más problemas de competitividad tienen su voz, pero la correlación de fuerzas al interior del empresarial fabril argentino refleja que el condicionante de China es muy fuerte y nadie se hace ilusiones respecto de conseguir algún apoyo de los gobiernos nacional o provincial para no chocar contra la competitividad de ese gigante.

Por tanto, todo el mundo está tratando de encontrar nichos donde la competitividad de China no le haga mella. Y cuando hablo China, también incluyo a los satélites del sudeste asiáticos, hacia los cuales va derivando las actividades a los sectores más mano de obra intensiva, a medida que le van subiendo los salarios en dólares, como los casos de los sectores textil, calzado, e indumentaria en general. Eso la llevó de participar en un 4% de las exportaciones industriales en 2000 a 2002 a más de 16% ahora; y provocar en otros países a que la reasignación de los recursos sea más eficientes y que no compitan con la producción masiva de China o de Vietnam.

El mundo está tratando de encontrar nichos donde la competitividad de China no le haga mella

Y lo que dejó el gobierno anterior es un montón de tareas incumplidas en las áreas donde se sabe que la Argentina tiene más ventajas comparativas, que se vinculan con los recursos naturales; como la forestal que quedó trunca porque nunca hubo una planta de celulosa, como la que se instaló en Uruguay, cuando en realidad estaba pensada para instalarse en la Argentina; y la industria vitivinícola tuvo que frenar su desarrollo porque se encontró que la falta de acuerdos comerciales que tenía le impedía competir de igual a igual con su par chilena que puede entrar a la Unión Europea sin pagar los importadores aranceles, o muchos más bajos de los que se le aplica a la procedencia argentina. Y no hablemos de la industria frigorífica cuando se le impusieron cuotas y restricciones cuantitativas para realizar exportaciones.

– Con ese potencial que mantiene el país ¿por qué cree que no aparece la lluvia de inversores?

– Por varias razones que se vinculan con el pasado reciente, como las restricciones y hasta prohibiciones a las empresas extranjeras para que puedan girar sus utilidades a las casas matrices, y las debieron reinvertir forzosamente en el tiempo del cepo cambiario, de 2011 a 2015; el alto costo argentino, con presión tributaria récord; la volatilidad de la tasas de interés para las colocaciones financieras; la enorme capacidad ociosa en Brasil; y más cercanas como la demora y falta de detalles en el acuerdo Mercosur –  Unión Europea; las limitaciones al comercio electrónico; y la rentabilidad acotada, con precios administrados y regulados en varios rubros, salvo algunos nichos de negocio. Ahora se abren nuevas oportunidades, pero con la certeza de que el Estado no tiene margen para ofrecer promociones ni subsidios.

Fotos: Lihue Althabe