"En el colegio donde trabajo los chicos ya saben que hablo así. Hablo raro. Según Salvador, de 4 años, yo hablo así porque me duele la panza. Pero en realidad hablo así porque cuando nací tuve un paro cardiorespiratorio y otro más a las doce horas de nacer". El relato de Constanza Orbaiz, una psicopedagoga de 34 años que convive con una parálisis cerebral desde su nacimiento, en pocos minutos gana la empatía de un auditorio colmado por más de 10.000 chicos, que se emocionan con su relato y la aplauden de pie, muchos de ellos al borde del llanto, en las charlas TedxRío de La Plata, en Tecnópolis, el 21 de octubre pasado.
"Pareciera que la discapacidad es un espejo en el cual nadie se quiere ver", dice Constanza, que en 2013 recibió los premios Alpi y TOYP, y fue reconocida como "Joven sobresaliente de Argentina".
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Cuando nació en Buenos Aires, la falta de oxígeno le ocasionó una lesión en el cerebro que afectó toda la parte motriz. Fue diagnosticada con parálisis cerebral. "Nadie sabía que iba a poder hacer; pero lo seguro era que de poder iba a poder distinto".
En la primaria encontró muchos maestros que la acompañaron, que pudieron ver en ella "todo lo que podía hacer". Pero no faltó el otro lado. El de aquellos que pensaron que no iba poder terminar la primaria. "Preferían que esté en el fondo del aula porque no sabían qué hacer conmigo. No estaban preparados. Nadie está preparado. La discapacidad no te manda un whatsapp y te dice: 'Prepárate, llego en cinco'".
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Para Constanza la única forma de estar preparados es "valorando la diversidad como parte de lo cotidiano". Es otras palabras, "valorando a cada persona por lo que puede dar".
Por eso nunca duda a la hora de describir lo que hace. "Trabajo pensando formas para que otros puedan", explicó la joven, que se desempeña como psicopedagoga en un colegio en el nivel inicial, que la llevó también a fundar el Proyecto "Desde Adentro", a través del cual difunde su mirada sobre la discapacidad.
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"En la escuela donde trabajo está Miguel. Miguel tiene cinco años y le cuesta mucho quedarse sentado. Su maestra me consulta preocupada, yo lo observo y le sugiero que en vez de que esté sentado en el piso esté en una silla, para que sus pies y espalda estén apoyados y él se sienta más contenido y pueda prestar más atención… Como me pasa a mí. Y funcionó. Porque siempre funciona la mirada puesta en lo que se puede, porque en lo que no se puede, no se puede construir nada… se cae".
Constanza cuenta la tristeza que a veces atraviesa la niñez para las personas con discapacidades. "Los chicos después de la escuela tienen fútbol, danza, jockey. Pero los chicos con discapacidad tienen terapia", explicó.
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Esas largas horas de terapia ella recuerda que se plasmaban en sus juegos. Así, mientras sus amigas jugaban a llevar a sus muñecas la plaza, ella las llevaba a terapia o a kinesiología. "Lo que vivís de chico te marca. Por eso es tan importante que los que trabajamos con chicos sepamos cómo tratarlos. Ante todo son chicos".
Uno de los problemas que la joven remarcó durante la charla es que durante los tratamientos los especialistas "repiten fórmulas iguales para casos distintos". "No es lo mismo estudiar sobre una pierna torcida que convivir a diario con una pierna torcida", advirtió.
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En este sentido consideró que los médicos "ponen definiciones" de las enfermedades pero se olvidan de las personas. "En cuanto a la parálisis cerebral te indican fortalecer el tronco, estimular la marcha, poner ferulas, hacer cirugías… Pero ¿y la persona? ¿La miraron? ¿Saben cómo convive con sus dificultades? ¿Cuáles son sus deseos y sus temores? ¿Si son chicos respetan sus espacios de juego tan necesarios para crecer? La persona siempre es mucho más que un diagnóstico".
Cuando era chica, contó que se le acercó una monja, la miró y le dijo: "Ojalá te cures". La reacción de Constanza fue inmediata. Sin dudarlo le respondió: "Ya estoy curada. Curarme fue aprender a convivir con lo que me pasa".
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Para aprender a convivir con las discapacidades hace falta, sostuvo, "generar contextos más flexibles" que "no solo pasan por construir una rampa y no taparla" sino por "crear entornos donde la persona con discapacidad pueda ser y hacer a su modo sin tener que parecerse a nadie para recibir el premio de ser incluido". "Lo que hace falta es ser simples. Hacer más fácil lo que ya es difícil", apuntó.
"No somos pobrecitos, ni tampoco somos angelitos, no somos especiales. Especiales son las pizzas. No tenemos capacidades diferentes, capacidades diferentes tienen un balde y un vaso. Somos personas con discapacidad. Personas", finalizó.
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