El contundente comunicado de la FIFA para defender al “chip de la verdad” en el gol anulado a Croacia ante Portugal en el Mundial

El ente rector explicó cómo funciona la tecnología que privó a los croatas de alcanzar el alargue en el duelo por los 16avos de final de la Copa del Mundo

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La FIFA emitió un comunicado oficial para defender la decisión arbitral que dejó a Croacia fuera del Mundial 2026: el gol de Josko Gvardiol en el minuto 102 fue anulado por fuera de juego, y la tecnología del balón oficial fue la herramienta que sostuvo ese veredicto ante las protestas del equipo balcánico.

El partido entre Portugal y Croacia terminó 2-1 a favor de los lusos, que avanzaron a los octavos de final. El drama se concentró en los minutos finales del tiempo adicional, cuando el árbitro noruego Espen Eskas había otorgado diez minutos de descuento. Fue en el minuto 12 de ese período que Gvardiol definió para marcar lo que parecía ser el 2-2, un tanto que habría forzado el alargue. La celebración croata duró apenas unos segundos: el VAR intervino y el gol fue anulado.

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La jugada que desató la controversia involucró a Igor Matanović, delantero croata con el dorsal número 20. En la trayectoria del balón hacia el área portuguesa, Matanović saltó e intentó conectar de cabeza. Visualmente, el contacto parecía inexistente o un mero roce. Fue precisamente esa ambigüedad la que derivó en la intervención del “chip de la verdad” y en la posterior respuesta pública de la FIFA.

La aclaración de la FIFA
La aclaración de la FIFA

El organismo rector del fútbol mundial señaló que “los sensores IMU alojados dentro del balón Trionda son capaces de detectar cualquier contacto leve”, y que esa información le permitió a los oficiales de partido contar con “un nivel sin precedentes de datos para tomar decisiones rápidas y precisas”. Según el comunicado, “los datos proporcionados por la tecnología Connected Ball alojada dentro del Adidas Trionda demostraron que hubo contacto por parte del #20 de Croacia, lo que permitió al árbitro determinar correctamente el fuera de juego”.

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Ese toque, invisible para el ojo humano, resultó determinante para medir la posición de Mario Pasalic —quien recibió el balón antes de que Gvardiol lo mandara a la red— al instante exacto del desvío de Matanović. Al certificarse que el balón fue tocado por un compañero, el punto de referencia para evaluar el fuera de juego se trasladó a ese fotograma preciso, y Pasalic quedó en posición prohibida.

La tecnología que hizo posible esa determinación es la unidad de medición inercial (IMU, por sus siglas en inglés), un sensor ubicado en el centro del balón que envía 500 paquetes de datos por segundo a la sala del VAR. Esa frecuencia de transmisión permite identificar con precisión el fotograma exacto en que el balón fue tocado, sin margen para la interpretación subjetiva. La batería del sensor se carga por inducción y no requiere conexión eléctrica directa; el chip está fijado en el centro del balón mediante tensores, lo que garantiza su funcionamiento durante los 90 minutos reglamentarios y el tiempo adicional.

En la transmisión televisiva, el impacto se visualiza como un “gráfico de latido cardíaco”, una representación que la FIFA adoptó para mostrar a los espectadores el momento exacto del contacto. La tecnología se estrenó en la Eurocopa 2024 y tuvo en este duelo su aplicación más polémica hasta la fecha en una fase eliminatoria de un Mundial.

Mundial 2026 - Portugal 2 - Croacia 1

El análisis de la jugada sumó una capa adicional de complejidad: antes de que el balón llegara a Pasalic, el defensor portugués Renato Veiga también rozó el esférico. Sin embargo, su intervención fue catalogada como involuntaria. Según la Regla 11 del reglamento de fútbol, ese tipo de contacto no invalida una posición de fuera de juego previa, por lo que la anulación se mantuvo sin modificaciones. La acumulación de factores —el roce de Matanović, el toque involuntario de Veiga y la posición de Pasalic— convirtió la jugada en una de las más complejas de resolver en lo que va del torneo.

Croacia se retiró del Mundial con un profundo malestar por la decisión. La respuesta de la FIFA buscó cerrar el debate con los datos del chip como argumento central: el contacto existió, el fuera de juego fue correcto y el gol no subió al marcador.

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