La recién estrenada serie sobre Moria Casán reavivó el interés por una de las figuras más singulares y transgresoras de la escena artística argentina: Batato Barea. El homenaje que la producción le dedica no solo rescata su legado, sino que también genera un diálogo intergeneracional sobre el arte, la identidad y el cruce entre la cultura under y la televisión en los años 80 y principios de los 90.
En uno de los episodios más destacados, la ficción recrea el histórico encuentro entre Batato y Moria en el programa A la cama con Moria. Allí, la actriz, conductora y vedette se enfrenta a un invitado que, como ella misma recordaría años después, llegó “súper afiebrado” desde Uruguay solo para estar presente en el reportaje. Moria, al verlo esperando en un rincón, decidió suspender la presencia de cualquier otra figura para dedicarle a Batato un espacio exclusivo: “La cama será con él, con nadie más”. Ese gesto, que en la serie se traduce en una escena de intimidad y homenaje, resume la relación especial entre ambos y el reconocimiento de la diva a un arte que rompía con las categorías tradicionales del espectáculo televisivo.
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La serie construye el homenaje a Batato desde varios frentes. Por un lado, elige a Donna Tefa Sanguinetti —artista y coguionista del proyecto— para ponerse en la piel de Batato, otorgando autenticidad y sensibilidad al retrato. Por otro, decide reconstruir el clima de época sin caer en el anecdotario superficial. El encuentro televisivo es mucho más que un cameo: la producción lo convierte en uno de los momentos más emotivos de la temporada, permitiendo que el público conozca la profundidad de la interacción entre ambos artistas y el respeto mutuo que existía.
Esta reconstrucción tuvo un fuerte impacto en la recepción de la serie. Para espectadores jóvenes, el nombre de Batato Barea generó curiosidad y motivó búsquedas sobre su figura y su rol pionero en la escena under. Para quienes vivieron aquellos años, la escena funciona como un portal a un momento en el que el arte alternativo comenzaba a encontrar espacios en la televisión masiva, algo casi inédito hasta entonces.
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La aparición de Batato en la ficción también resignifica su lugar en la memoria cultural argentina. Lejos de ser presentado como una figura marginal, la serie lo ubica en el centro del cruce entre el under y el mainstream, mostrando cómo su arte fue capaz de atravesar fronteras y desafiar prejuicios en la pantalla chica.
El episodio original de A la cama con Moria donde Batato fue entrevistado quedó en la memoria de la televisión argentina por su tono descontracturado y la química palpable entre los protagonistas. Pocos meses antes de fallecer, el 6 de diciembre de 1991, Batato se paseó por varios programas mostrando su arte, pero la charla con Moria destaca por la comprensión y respeto hacia su propuesta. La conductora entendió el código de Batato, y esa sintonía se refleja en cada gesto y silencio.
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Durante la entrevista, Moria le pregunta: “¿Estás contenta?” refiriéndose a su repercusión mediática. Batato, tras un silencio, responde con un “sí” apagado. Ese instante, recordado posteriormente por amigos y contemporáneos como Peter Pank, es interpretado como una muestra de la conciencia de Batato sobre la cercanía de sus últimos días y su decisión de vivirlos plenamente.

La serie no solo recrea la escenografía y la atmósfera del programa, sino que logra transmitir el vínculo real entre ambos. El resultado es una escena que trasciende la mera representación y se instala como un acto de reparación y memoria.
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Salvador Walter Barea, conocido artísticamente como Batato, nació en Junín en 1961 y se convirtió en referente de la cultura under porteña de los años 80. Se autodefinía como “clown travesti literario”, una etiqueta que resume el cruce de poesía, humor, transformismo y performance que caracterizaba sus presentaciones. Batato actuó en espacios emblemáticos como el Parakultural, la discoteca Cemento y el Centro Cultural Ricardo Rojas, donde sus “numeritos” —pequeñas escenas cargadas de ironía y lirismo— se volvieron legendarios.
Junto a Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonese, Batato integró un trío que marcó a toda una generación, llevando textos de autoras como Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni o Néstor Perlongher a registros inesperados, entre lo poético y lo absurdo. Estas puestas, muchas veces improvisadas y sin base dramática, fueron reconocidas como precursoras de la performance en Argentina.
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Su magnetismo y originalidad permitieron que su arte cruzara hacia los medios masivos. Batato participó en programas de figuras como Antonio Gasalla, en ciclos de Teté Coustarot y Juan Carlos Mareco, y por supuesto, en A la cama con Moria. Este cruce era excepcional en la época, cuando el under y la televisión raras veces se encontraban. Su llegada a la TV marcó un precedente para futuras generaciones de artistas alternativos.

Batato falleció en Buenos Aires en diciembre de 1991, a los 30 años. El testimonio más vívido de sus días finales, enfermo de sida, lo dio el fallecido Tino Tinto, en La peli de Batato, de Peter Pank y Goyo Anchou. “Viajamos a Montevideo para presentar La Carancha en un festival de teatro. La primera imagen que recuerdo fue fantasmal. En realidad había viajado porque quería conocer a Marosa di Giorgio, la poeta uruguaya. La función fue tremenda, inclusive en un momento trastabilló. Después fuimos a caminar por la costa, él me decía ´mañana va a ser un buen día, va a haber sol´. Cuando volvimos al hotel empezó a delirar. Me decía ‘una se droga con palabras y la otra se droga con poesía´. Cuando lo internaron lo fui a ver. Tenía una camiseta de cuello redondo con botones y los tenía desprendidos. Me pidió que se los abrochara porque se le veían las tetas. Esa cosa de pudor, como de niño. Al otro día se murió, a las 10″, recordó.
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Batato había dejado indicaciones para su velorio. Lo vistieron con una túnica verde, nueva. Lo maquillaron, lo arreglaron. “El velorio fue en la calle Córdoba. Sergio Avello, un artista plástico, le hizo una cruz de globos celestes. Batato montó también su velorio. Era como una regie. Él sabía que se iba a morir”, recuerda Fernando Noy. Así viajaron, con el cajón en una camioneta, hasta Junín, donde está enterrado con toda su familia. Agrega Noy: “La Gran Markova me dijo una vez, ´Sabés qué tiene como plus?: esa inocencia, de pajuerana, de paisana´. Él realmente era una chica de provincia”.
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