Quién es Hugo Morales, el exfutbolista que fue dueño de uno de los departamentos de Manuel Adorni

Ex mediocampista ofensivo, surgió de Huracán, fue campeón en Lanús, pasó por Independiente y Talleres, y se destacó en la selección argentina. En el apogeo de su carrera, Huguito superó un cáncer testicular y logró volver a las canchas

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Primer plano de Hugo Morales, futbolista con camiseta roja de Independiente y logos, boca abierta y brazo levantado en celebración; jugador borroso detrás
Huguito celebra un tanto con la casaca de Independiente, club al que llegó en 2003 (Fotobaires)

El ex mediocampista ofensivo Hugo Morales, de dilatada trayectoria en el fútbol argentino y un paso por la Selección, declaró hoy como testigo en la investigación por compra de propiedades que llevó adelante en los últimos años el jefe de Gabinete Manuel Adorni. La Justicia lo citó porque fue propietario del departamento de la calle Miró al 500, en Caballito, que hoy pertenece al político.

Huguito, tal como lo apodaban en su apogeo deportivo, de 51 años, ratificó haberles vendido el departamento a las jubiladas Beatriz Viegas y Claudia Sbabo en mayo de 2024, por 200.000 dólares. Estas dos mujeres le vendieron posteriormente la propiedad a Adorni y a su esposa Bettina Angeletti, financiada mediante un crédito hipotecario del cual son acreedoras en partes iguales. La transacción se hizo por 230.000 dólares.

El nombre y el apellido de Hugo Morales siempre fueron noticia por su talento con la pelota y su capacidad de sobreponerse a la adversidad. Su trayectoria como mediocampista en Huracán, Lanús e Independiente y su lucha contra el cáncer testicular cuando estaba en uno de sus mejores momentos en su tránsito en la disciplina, lo convirtieron en un emblema de resiliencia.

Nacido en Buenos Aires el 30 de julio de 1974, Morales inició su carrera profesional en las Inferiores de Huracán, donde debutó en Primera División bajo la dirección de Carlos Babington a principios de los años noventa. Entre 1991 y 1995, jugó 162 partidos y marcó 23 goles con el club, perfilándose como una de las grandes promesas del fútbol argentino gracias a su creatividad y llegada a la red.

Primer plano de Hugo Morales, futbolista con camiseta número 10 granate y blanca, forcejeando con un oponente durante un partido
En Lanús mostró su mejor nivel. Y llegó a la selección argentina, de la mano de Daniel Passarella

Su actuación le permitió alcanzar el subcampeonato en el Torneo Clausura de 1994 y atrajo la atención de múltiples equipos de la Argentina y del exterior.

Hugo Morales en Lanús y la selección argentina

En 1995, Hugo Morales fue transferido a Lanús, donde encontró su etapa más brillante bajo la conducción de Héctor Cúper. En cuatro años (1995-1999) completó 99 partidos y anotó 31 goles. Su mayor logro fue la conquista de la Copa Conmebol en 1996, el primer título internacional del club, en el que fue figura decisiva.

Ese mismo año, Morales integró la selección argentina, participando en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 y obteniendo la medalla de plata. Disputó nueve partidos y anotó dos goles, compartiendo vestuario con jugadores como Ariel Ortega y Marcelo Gallardo. Su proyección internacional crecía de la mano del director técnico Daniel Passarella, hasta que una situación inesperada interrumpió su camino.

El desafío del cáncer y su lucha ejemplar

En octubre de 1997, Morales fue internado tras descomponerse durante una concentración con la selección argentina, episodio que derivó en el diagnóstico de cáncer testicular. Los síntomas, inicialmente minimizados, lo obligaron a someterse a una operación y a cuatro meses de quimioterapia.

Morales calificó esta etapa como “lo peor que me pasó en la vida”. Su ausencia generó preocupación en Lanús y la Selección, donde su rendimiento era clave y tenía opciones de disputar el Mundial de Francia.

El foco pasó a ser su recuperación física y emocional, con la ayuda de su entorno. La confianza en sí mismo y el respaldo del club fueron determinantes para mantener vivo su deseo de volver al fútbol.

El regreso milagroso y el gol inolvidable

El 6 de mayo de 1998, Hugo Morales regresó a la alta competencia en un partido entre Lanús y San Lorenzo. Ingresó en el segundo tiempo y recibió una ovación unánime del público en el Estadio Ciudad de Lanús. Cerca del final, marcó el gol del triunfo (2-1), un tanto que se transformó en símbolo de superación deportiva y personal.

Fue el día más feliz de mi vida. Se cumplió el sueño, el gran objetivo por el que estuve luchando durante siete meses”, expresó. “Volver a jugar solo puedo compararlo con el día de mi debut. Nadie se imagina lo que pasó por mi cabeza cuando Mario Gómez me dijo que me preparara para entrar. Fue todo mágico”.

Primer plano de Hugo Morales, hombre, sudoroso y con la lengua ligeramente fuera, vistiendo camiseta deportiva clara con detalles oscuros. Apunta con el dedo índice derecho. Fondo borroso
En el exterior, se destacó en el Tenerife y en el fútbol de Colombia

Trayectoria internacional y últimos años como profesional

Tras su regreso, Morales fue transferido al CD Tenerife de España, comenzando su etapa europea. Durante su paso por el equipo canario, marcó un gol de tiro libre clave en Butarque que contribuyó al ascenso del Tenerife a Primera División en la temporada 2000-2001. Las lesiones limitaron su continuidad y lo llevaron de regreso a Argentina en 2002 para otra etapa en Lanús.

En 2003, jugó para Independiente, sumando 20 partidos y dos goles, aunque distanciado de su mejor nivel. Luego, encontró relevancia en Colombia con Atlético Nacional, donde disputó 55 partidos y convirtió ocho goles. En 2005, fue campeón del Torneo Apertura.

Sus pasos incluyeron breves estadías en Millonarios de Bogotá, la Universidad Católica de Chile, y en 2008, un regreso a Argentina para cerrar su carrera en Talleres de Córdoba. A fines de ese año, decidió retirarse.

Un legado de resiliencia y humildad

Después del retiro, Hugo Morales optó por una vida apartada de los medios, residiendo en Bella Vista, en la provincia de Buenos Aires, y manteniéndose vinculado al fútbol como técnico en equipos juveniles y en Huracán de Goya en 2016.

El instante del gol ante San Lorenzo encapsula el significado de su historia: un futbolista capaz de desafiar el destino y convertirse en emblema de coraje ante la dificultad, mostrando que la verdadera grandeza trasciende la cancha.