Luis Advíncula se convirtió, con el tiempo, en uno de los jugadores más valiosos del plantel de Boca Juniors y uno de los más queridos por los hinchas. El peruano, a base de buenas actuaciones y sobre todo por la entrega que exhibe en cada partido, supo meterse en el bolsillo a los fanáticos que, hasta acá, probablemente no hayan conocido a la persona detrás del futbolista. En una entrevista con el periodista Horacio Zimmermann, el Rayo se animó a revelar cuestiones de su intimidad.
“Siempre me imaginé jugando en Boca, era un sueño de chico. Siempre fui hincha, mi papá me hacía ver los partidos. De grande pude cumplirlo”, expresó el lateral derecho que aseguró divertirse dentro de la cancha tanto como cuando jugaba al fútbol de chico.
Sobre su diaria, detalló: “Entreno y después hago la siesta. A veces voy al cine, fui a ver una comedia porque el humor de Argentina me gusta. En España tenía a mis hijos, entonces tenía más cosas que hacer. Acá poco y nada. La gente es apasionada, pero voy a comer y estoy muy tranquilo. Cavani, Marcos Rojo no pueden salir, yo estoy en los subalternos a los que nos dejan comer tranquilos”. Y amplió las referencias sobre el goleador uruguayo: “Cavani es un profesional, en la mesa habla bastante. Es el primero en llegar y el último en irse”.
Claro que no todo es color de rosa en la vida del jugador de la selección peruana, ya que desde hace mucho tiempo está viviendo lejos de su familia: “De la decisión de venir acá, en la vida me voy a arrepentir, pero lo más duro y que más me costó fue separarme de mis hijos porque siempre me acompañaron a todos lados y ya llevo tres años viviendo así. Los veo a mitad de año o a fin de año, que me toca ir a mí. Es lo más duro de haber venido acá, es muy difícil de llevarlo, pero es parte del trabajo y en algún momento ellos entenderán que todo esto lo hago por ellos”.

Además, sobre la distancia que separa a sus dos hijos varones, confesó: “No, no se supera. Yo trato de hablar con ellos siempre y estar siempre, pero no es lo mismo. Es algo que no se supera. Prefiero no darle tanto a espacio a pensar en eso porque sé que no voy a estar bien. Hablo con ellos para que sientan que estoy cerca, pero igual es complicado. ¿Si me quiebro? Soy muy poco de llorar, pero con mis hijos es lo único donde soy vulnerable, son mi razón de vivir, es lo único que realmente me puede quebrar”.
Más adelante, la entrevista se profundizó y el Rayo se animó a contar algunas cuestiones personales: “La amargura (por las derrotas) me dura uno o dos días. Cuando pasó lo del Mundial (la eliminación de Perú en el Repechaje camino a Qatar 2022) la amargura me duró un mes. Eso me ha dado el espíritu que tengo de siempre querer más. Muchas veces soy hasta autodestructivo. De grande descubrí otras cosas como hacer coaching, ir a una psicóloga... De chico creés que el psicólogo es para los locos, pero en la carrera de un futbolista es muy importante”.
Y ahondó sobre las mejoras en su vida luego de apelar a la psicología: “Me ayudó a canalizar mejor las cosas, a desahogarme, a soltar gente que no me sumaba ni me restaba, amigos y familia. En mi vida ahora está el que quiere estar; el que no quiere estar, no pasa nada y nos vimos. Tengo a la gente que me da un buen consejo o me dice si no está bien algo que estoy haciendo. De chico quería que me digan que estaba haciendo todo bien. Te llenaban el ego, no te sumaban a la vida diaria. Ahora tengo amigos a los que cuento con una mano y me sobra. Es gente que estuvo conmigo en las peores”.

“Tuve un momento de mucho ego y seguro estaba equivocado. Todo futbolista pasa por eso, por la etapa de huevón, de creerte más que nadie”, fue la autocrítica de Advíncula, que recordó que estuvo ocho meses marginado de la selección peruana luego de que se viralizara un video de una salida nocturna. Sobre aquel episodio, recordó: “Teníamos libre sábado y domingo, yo salí un sábado. En Perú no salía nunca. Salí y me grabaron. No fui a la Copa América 2015. Fueron los ocho meses más feos de mi vida, pero me sirvió. Fue mi etapa de huevón, porque dije ‘no pasa nada si salgo’. Era mi tiempo libre, podía hacerlo, pero hoy no lo haría. Trato de exponerme cada vez menos y pienso las cosas distintas a como lo hacía antes”.
Para el cierre, Lucho manifestó: “Uno pensaba que era intocable o que a uno no le iba a pasar, pero en esta vida nadie es indispensable. No hice una cosa terrible, pero se formó un precedente de que las cosas se tenían que hacer distintas en la selección para que se dieran los resultados. Cuando volví, no me sacaba nadie. Me tenían que sacar con las patas para adelante, pero por una estupidez mía no me iban a volver a sacar”.
Y concluyó: “Tengo 34 años, ya pasé a ser un jugador veterano, entre comillas. Para la vida estoy joven, pero para el fútbol ya paso a ser casi un jugador veterano. Uno tiene que pensar que cada vez está más cerca (el retiro). El tiempo lo decidirá, pero sé que cada vez está más cerca”.
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