
Ante la lesión de Nicolás Ramírez, Yael Falcón Pérez se había convertido en número puesto para conducir el Superclásico de la Copa de la Liga entre River y Boca en el Monumental. Y no hubo sorpresas: el juez, que ya había sido candidato en el último choque (triunfo 2-0 del Millonario en La Bombonera) y terminó oficiando de cuarto árbitro, se quedó con la responsabilidad de dirigir su primer derbi entre la Banda y el Xeneize.
A los 35 años, es uno de los árbitros de mejor presente y futuro. Recibido de profesor de Educación Física, se convirtió en juez FIFA desde hace dos años y viene de dirigir el Preolímpico de Venezuela en el que la Selección argentina Sub 23 de Javier Mascherano sacó pasaje a París 2024. A lo largo de su carrera antes de su saltó a la élite, en 2019, hubo un hecho que lo marcó: el día que le salvó la vida a un futbolista en pleno partido.
En julio de 2017, durante la final del Reducido de Primera C entre San Miguel y Defensores Unidos de Zárate, se produjo un choque de cabezas entre Javier Velázquez e Isaías Olariaga, este último quedó tendido en el césped y con convulsiones. Falcón Pérez, que también es guardavidas -trabajó varios veranos en ese rol en San Bernardo-, asistió rápidamente al futbolista antes de que llegara el cuerpo médico, y su accionar resultó clave.
Pero no se quedó con eso. Horas después, se hizo viral una foto suya acompañando a la madre del futbolista en el hospital, dado que se interesó por su evolución. Días después, Olariaga fue intervenido quirúrgicamente con éxito en el Sanatorio Finochietto a raíz de la fractura del hueso parietal con hundimiento. “En una convulsión, cuando uno está boca arriba, la mayor causa de muerte es por la lengua que impide que la persona pueda respirar. Lo que uno hace es ponerlo al paciente en una posición de seguridad, lateral, para que la lengua se corra y le permita respirar. Vi varios casos así en la playa, pero no pensé que me iba a pasar en un partido de fútbol”, le explicó entonces su accionar a Clarín.

Dicho quedó, su crecimiento fue exponencial. El principal lunar en su trayectoria se dio en el clásico de Avellaneda de abril de 2023, que le generó dolores de cabeza desde la previa, cuando debió renunciar a su trabajo en la Escuela de Árbitros de Fútbol Municipal perteneciente a la Subsecretaria de Deportes del Municipio de Lanús por “razones de ética y moral”, dado el vínculo de la Municipalidad con Néstor Grindetti, presidente de Independiente.
Luego, por el penal que convirtió Matías Rojas y decretó el 1-1 para Racing, a partir de una infracción de Vallejo a Mura que, según la óptica del juez y del VAR, “comenzó fuera del área, pero terminó adentro”. Tanto él como su familia terminaron sufriendo amenazas de muerte. No obstante, logró mantener la regularidad y le llegó la chance del primer Superclásico, en el que deberá demostrar por qué hoy es considerado uno de los mejores árbitros del país.
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