Asado para 300 personas y torneo de fútbol con ropa oficial: el festejo de fin de año de la barra de Independiente en el predio de Wilde

Los Dueños de Avellaneda, la facción mayoritaria de la barra brava del Rojo liderada por Juan Ignacio Leczniki y Roberto Illescas, organizó la celebración que en la era Moyano se realizaba en el estadio. “Son socios del club, no podemos oponernos a que usen las instalaciones”, alegaron desde la dirigencia

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festejo de fin de año de la barra de Independiente
Las banderas, las casacas y la provocación a la facción de Bebote Álvarez

“Pasan los años, pasan los jugadores, pasan los dirigentes y la que siempre queda es la gente”. En diferentes alternativas, todas las hinchadas del fútbol argentino tienen una canción con este concepto. Pues bien, en Independiente se puede reformular de otra manera: “Pasan los Moyano, quedan los barras”. Porque como si no hubiera habido ningún tipo de consecuencia ante la derrota electoral de quienes fueron sus sostenedores en el último tiempo, Los Dueños de Avellaneda, la facción mayoritaria de la barra brava del Rojo que lideran Juan Ignacio Leczniki y Roberto Illescas, organizó su fiesta de fin de año en el predio de Wilde, copando este domingo todas las instalaciones y celebrando su renovado acuerdo con la facción Somos Nosotros, que tiene por hombre fuerte a César Loquillo Rodríguez, y que deja afuera por completo a Los Diablos Rojos, el grupo que se referencia en Pablo Bebote Álvarez.

La jornada, en un predio que debería ser sólo para los socios y estuvo ayer tomado por completo por la barra, incluyó torneo de fútbol con ropa oficial del club (que algunos aseguran fue tomada “prestada” de la utilería Roja el día posterior a la derrota electoral del oficialismo), un asado frugal para los más de 300 participantes, alcohol por doquier y todo el cotillón de la barra que engalanó el predio con las banderas largas, las de palo y el repiquetear de los bombos. Y con varias canciones avisándole a La Guardia Imperial de Racing, y sobre todo a sus rivales internos del Libertadores de América, que no piensan dar un paso atrás y que si quieren, “nos vengan a buscar”.

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Cierto, que se haya producido el cierre del año en el predio de Wilde y no en el estadio es un avance. Tras la caída de Javier Cantero, que había dado una pelea contra los violentos, y el ingreso de la familia Moyano en el club, por primera vez la barra había tomado el estadio para hacer el torneo de fútbol y habían puesto parrillas al lado de los bancos de suplentes, donde asaron pollos para 400 personas. Aquel evento, que fue un escándalo, había contado con la anuencia de la Comisión Directiva. El de este fin de semana, según las autoridades del club, no tuvo semejanzas. Más allá de que varios participantes tienen sus nombres resaltados en fibrón rojo en la lista del derecho de admisión.

El festejo de fin de año de la barra de Independiente

Son socios del club, no podemos oponernos a que utilicen las instalaciones. Es verdad, varios de ellos tienen derecho de admisión pero sólo les rige para los espectáculos deportivos, no para el uso de las instalaciones cuando no hay partidos de fútbol. De hecho se puede constatar fácilmente con la Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte (Aprevide) que no hubo gestión alguna del club para sacar de la prohibición a nadie. Algunos tenemos entendido que intentaron ir a Qatar y no lo lograron porque están con derecho de admisión e intentaron hacer consultas en la institución por este tema y no se les dio cabida”, le aseguraron a Infobae las nuevas autoridades.

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El evento que estaba pautado para las 11 de la mañana tenía un par de reglas impuestas por los jefes de la barra. Que no coparan la pileta del predio asustando a los socios comunes y que se concentraran en las dos canchas de fútbol y los quinchos que habían tomado para el festejo, intentando no interrumpir la jornada de esparcimiento del socio. Pero con una sensación térmica de 40 grados se relajaron un poco las medidas y se permitió que fueran de a grupos a refrescarse. Y si bien la barra puede hacer uso de su poder dentro de un club, eso no les sirve para torcer el destino de tantos otros argentinos: a media tarde se cortó la luz en el predio y a la hora de la retirada se mandó una delegación con tres motos a ver si había vecinos cortando la autopista La Plata–Buenos Aires para saber por dónde regresar, ya que buena parte de la facción Los Dueños de Avellaneda son de Barracas y la Villa 21-24, y aún está fresco el incidente del 15 de enero de este año cuando la barra iba hacia La Plata a ver un amistoso entre Independiente y San Lorenzo en la cancha de Estudiantes y se enfrentó con un grupo de vecinos que estaban cortando la autovía protestando por la falta de luz, y en la brutal pelea terminó siendo asesinado Juan Calvente, un hincha del club de Avellaneda.

La fiesta de fin de año sirvió también para renovar la alianza entre la facción dominante, que es la que utiliza la popular Norte en el estadio, y el grupo denominado Somos Nosotros, que tiene más gente en Avellaneda y sus alrededores con el núcleo duro en el barrio 4 de junio y que se ubica en la popular Sur. Esta división no está marcada por una grieta entre ambos sectores, sino con el intento de no dejar cemento libre para el ingreso de Los Diablos Rojos, el sector de Pablo Bebote Álvarez, que estuvo durante todo el último tiempo amenazando con el regreso, pero no logró concretarlo. Álvarez de cualquier manera está por estas horas más preocupado por su situación judicial: arregló una pena de cuatro años y medio de prisión con Ministerio Público Fiscal en un procedimiento abreviado en la causa por asociación ilícita vinculada al club Independiente, y en caso de que el juez lo homologue, como ya estuvo en la cárcel durante buena parte del proceso, deberá cumplir ocho meses en prisión domiciliaria.

Más allá de todo esto, es la segunda participación activa de la barra bajo el dominio de la nueva Comisión Directiva. La primera había sido el mes pasado cuando en ocasión de la Asamblea del club hubo un enfrentamiento entre el número tres de la estructura del paravalanchas, Héctor Martínez, alias Caniche, con algunos miembros de Los Diablos Rojos. Advertida por la dirigencia, le Policía llegó rápido y dispersó aquella pelea que tuvo un solo implicado en la causa judicial de la fiscalía específica de violencia deportiva de Avellaneda: Caniche. Ayer, afortunadamente y a pesar del calor y los vasos de medio litro, todo se desarrolló en paz. Pero como una demostración de fuerza de que la barra, aunque cambien los nombres en quienes rigen los destinos del club, siempre está.

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